
“The Fates” es sólo el tercer largo en los más de treinta años que abarca la carrera de los speed/thrashers franceses de culto Witches, quedando Sibylle Colin-Tocquaine, guitarra y voz, como única integrante del line-up original. A ella se unen esta vez Lienj (guitarras y bajo en estudio), Jonathan «Sangli» Juré (batería) y Fabien (bajo en directo). El disco ha sido mezclado y masterizado en el Vamacara Studio por Herr Krauss. El arte del disco ha corrido ha cargo de Remy Cuveillier, quien ha hecho portadas para viejos conocidos de esta página como Carcariass o Disowning y cuenta en su historial con encargos para gente como Katalepsy, Cryptopsy, Whitechapel o Thy Art Is Murder entre muchos otros. El cinco de junio salía al mercado vía Mighty Spells Records.
Los apenas tres minutos de la inicial “We Are” sirven a la vez como enseña del disco y como alegato de la propia banda al oyente. Una enfebrecida primera entrega que bordea el death metal primegenio por momentos y enseñorea una producción que sabe entregar su dosis de protagonismo a todos los elementos presentes. No obstante quien sale vencedor en este arranque es “Sangli” con una de las mejores líneas de batería de todo el disco. “Inside” se sitúa más cercana al thrash, siempre con la rugiente voz de Sibylle al comando de las operaciones, y dejando un marcado regusto a los primeros Slayer durante el tronco central. El curioso solo de guitarra que incorporan después ejerce como buen contrapunto en un tema lineal como pocos. Lo cual no es una crítica negativa ni tampoco lo contrario. Sibylle atempera su registro en el primer tercio de “Damned Skin Is Mine” al tiempo que el tema percute una y otra vez esos riffs thrash / death sobre una estructura básica que bien podría recordar a los fundamentales Master de Paul Speckmann. Es en el puente central donde todo deriva hacia terrenos más pesados. Tanto la voz de Sibylle Colin-Tocquaine como el riff sobre el que se apoya el tema antes de transitar hacia el final.
“Black From Sorrow” cambia la tónica general del disco con ese primer tercio lento y acompasado, apenas roto un par de veces por furiosas oleadas de thrash hiriente y violento. Uno de los temas más diversos del álbum, lastrado quizá por esos escasos tres minutos de duración. “Feared And Adored” insiste en esa diversidad estructural para alcanzar los cuatro minutos y convertirse no sólo en el tema más extenso de todo “The Fates” sino también el más logrado de todos. Por haber hay hasta espacio para que Olivier exhiba un tímido solo de bajo. Todo acaba derivando hacia un final, a calzón quitado, donde la batería de “Sangli” no da tregua. “Off The Flesh” surge casi como antagonista del corte anterior y, salvo algún detalle, es un corte lineal y directo a la yugular. Uno de los más violentos de todo el track-list.
El inicio de “Let Stones Fall”, y son apenas unos segundos, guiña el ojo de forma descarada a los polacos Vader, pero en su desarrollo posterior en poco o en nada se asemeja a la banda de Olsztyn. Esto es thrash de toda la vida con el inconfundible registro roto de Colin-Tocquaine acaparando toda la atención posible. “Last Wishes” insiste con el formato clásico. Primer y último tercio a fondo, con un pequeño descanso entre ambos. Sencillo, clásico, directo, elemental. Es lo que es, tampoco es que quepa mucho más en apenas dos minutos y medio. La final “Death In The Middle Ages” también resulta bastante lineal. Si se eleva por encima de algunas de sus predecesoras es gracias a un buen solo de guitarra primero y a la diversidad rítmica que acontece después. Un final que desborda adrenalina por todos sus poros.
Todos los años vividos a la sombra del stablishment metalero francés, las décadas transcurridas en la más ferviente y aguerrida militancia entorno al underground parisino conducen a los del país vecino hacia un disco que se degusta bien, pero que sale tal y como entró. No deja mucho poso, pero da igual. Esto es media hora de thrash rutilante, sazonado a veces de melodía, a veces de blast beats, pero que en el fondo no aporta nada especial. “The Fates”, su disco largo más corto, es un sentido abrazo a las viejas fórmulas, lo cual es a la vez defecto y virtud. Solo para muy fans del género.
Texto: David Pérez Naves