
Segundo disco largo para estos death melódicos polacoaustralianos de Chaos Over Cosmos, primero tras la marcha de Javier Calderón en 2019. Actualmente funcionan como dúo, el formado por Rafal Bowman (guitarra, sintetizadores, programación de baterías, composición) y Joshua Ratcliff (voz, letras y composición). Anteriormente habían editado “The Unknown Voyage” (2018) y los EP’s “Chaos Over Cosmos” (2019) y “II” (2020). Todos vía autoedición. Este “The Ultimate Multiverse” que nos ocupa hoy fue mezclado y masterizado por Bogdan Makarov (Nekkomix) y veía la luz vía Narcoleptica Productions el 20 de junio.
“Cascading Darkness” arranca exhibiendo la cara más cercana al prog exhibicionista de unos Dream Theater post-Portnoy. Diría que hasta la ambientación y los arreglos me recuerdan vagamente a los que Jordan Rudess suele desplegar para Petrucci y compañía. Luego irrumpen las voces y el tema vira hacia tendencias sonoras más modernas a un tiempo, y más electrónicas al otro. Sin rastro de las cuatro cuerdas en la mezcla, es verdad, pero no me desagrada del todo la producción, si bien le otorga excesivo protagonismo a la faceta vocal. El mayor acercamiento al terreno del power metal se sitúa en el amplio puente central, con un omnipresente doble bombo primero y buen despliegue técnico después. Una buena forma de romper el hielo. En cuanto se disipa la tormenta con que arranca “One Hundred” lo que surge es otro largo híbrido de death melódico, power y progresivo, fraguado a fuego lento, que tontea con el synthwave previo paso a uno de esos riffs repetidos y repetitivos que habitan en tu memoria durante días. El doble juego vocal de Ratcliff aporta variedad en lo lírico mientras que el puente central sirve para que el Bowman haga valer su habilidad con las seis cuerdas. En su parte final el tema vira hacia sonoridades prog contemporáneas, acercándose sin miramientos a bandas como Haken y similares en su tratamiento tanto de los riffs como de las ambientaciones. Culmina volviendo al estribillo y manteniendo el buen tono del disco.
“Worlds Apart” resuena espacial. Midnight Odyssey sin tanta épica. Mesarthim sin ser tan cargantes y/o contemplativos. El riff subsiguente podría recordar a Meshuggah y el tema en general, amén de recortar por debajo de los seis minutos, y aún con su miríada de cambios, resulta más lineal que el par de esfuerzos previos. Deja no obstante un buen estribillo que bien podría firmar el Devin Townsend más postrero y otro gran solo de Bowman previo a la catarsis final. El minutero vuelve a irse por encima de los ocho minutos en “Consumed”, que confronta las estrofas más pop de todo el disco con un riff cortado al milímetro que disfruto ampliamente. Ratcliff endurece su registro y el tema se endurece, a la par que comienza a transitar por una de las fases más enrevesadas de todo “The Ultimate Multiverse”. Su tercio final me resulta un tanto atropellado. Hay (buenas) ideas con poco espacio para desarrollarse y en cierto modo me deja la impresión de que se pisan unas a otras.
“We Will Not Fall” tiene un toque más épico que dura lo que tarda en irrumpir un indisimulado blast beat primero y unas buenas melodías después. La voz de Ratcliff acompaña un primer tercio con armazón de power metal contemporáneo bien cuadrado y mejor ejecutado. El doble juego vocal de cortes anteriores regresa para el estribillo y las baterías vuelven a la zona roja justo antes de llegar al puente central donde el tema se envuelve en la bruma. El tercio final que surge tras la calma, con otro gran solo de Bowman, pasa fácilmente por ser mi favorito de todo el disco. Variado, elegante y bien construido. La final “Asimov” amaga con convertirse en una lenta balada de despedida justo en el momento en que irrumpe el enésimo despliegue técnico del álbum. Un corto (3:33) cierre instrumental menos espacial que sus compañeras de track-list e inequívocamente clásico.
Son apenas cuarenta minutos de metal bien construido, competente en lo técnico y debidamente calculado en lo estructural, salvo quizá en el final de “Consumed”. Las partes donde prima el tecnicismo más masturbatorio no alcanzan a aburrir, los estribillos tienen peso y el cruce de géneros rezuma cohesión. Al final le encuentro más síes que noes en este “The Ultimate Multiverse”.
Texto: David Pérez Naves