
Surgidos en 2013 de las cenizas de su anterior proyecto Stryker, con el que editarían apenas un EP y un split (con Johnny Touch), surgen en Vancouver, Canadá, Spell, trío de heavy metal / hard rock de tintes progresivos y psicodélicos. La formación continúa siendo la misma que en el pasado proyecto, esto es, Cam Mesmer (bajo y voz), Graham McVie (guitarra y sintetizadores) y Al Lester (batería). Spell debutaron allá por 2014 con el largo “The Full Moon Sessions” (Hard And Heavy Records) al que siguió “For None And All” (Bad Omen Records) en 2016. El presente “Opulent Decay” vio la luz el pasado diez de abril y cuenta con producción de Felix Fung en Little Red Sounds, y master de Greg Mindorff en Suite Sound Labs.
Sin preámbulos de ningún tipo nos encontramos con “Psychic Death”, una buena muestra de hard rock de raíz setentera, ambientes tranquilos, discretos sintes e irresistibles líneas de guitarra por parte de Graham McVie. En el puente central bajo y guitarras se endurecen, recordando levemente a la primera época de los alemanes Scorpions antes de que McVie acomode el solo de rigor. La producción es limpia, casi cristalina, con el debido espacio para cada elemento y bien equilibrada. Sin sorprender en lo estructural, funciona bien como primera entrega. El tema título “Opulent Decay” se aventura dentro del metal de corte más ochentero con un riff que podría haber encajado sin problema en los Judas Priest más festivos. El contraste de este con la voz siempre impoluta y a ratos melancólica de Cam Mesmer, luce bien y sitúa a los canadienses eventualmente por encima de muchas de las bandas revival surgidas de un tiempo a esta parte. Se enreda al final en un desfogue de dobles bombos y un solo algo extraño del que no estoy seguro que le beneficie del todo. “Sibyl Vane” transita hacia las tonalidades más tranquilas de sus compatriotas Rush. Hasta parece que el registro de Cam se vuelve más agudo, quién sabe si buscando emular a su compatriota Geddy Lee. Sea como fuere rompe la tónica del par de temas precedentes y le da otro aire al disco.
“Primrose Path” es un medio tiempo fabricado a medida para el lucimiento de McVie, donde el derroche de buenas melodías es una constante. Resulta algo plana de todas formas, rota satisfactoriamente en su último tercio en un final oscuro y bien construido. “The Iron Wind” se va hasta los cinco minutos largos y aprovecha bien ese tiempo extra. Se construye desde un inicio apesadumbrado y triste, con fuerte presencia del bajo de Mesmer, y transita poco a poco hacia partes más lentas y oscuras, de ligera raíz psicodélica. El largo y tenebroso final es uno de mis momentos favoritos del disco.
“Dawn Wanderer” evoca sin miramientos a Blue Öyster Cult en un corto derroche de buenas melodías sobre las que Cam Mesmer sitúa su registro más meloso. Destacan las guitarras dobladas del puente en un tema sin mucha más intención que descubrir la faceta más calmada del trío norteamericano. En “Deceiver” retorna la faceta más dura de la banda. Construida desde un buen riff inicial, alberga un bonito doble juego vocal y una batería más enérgica por parte de Al Lester, así como algunas de las mejores intervenciones solistas de McVie en todo el trabajo. El cambio en el puente central, con la irrupción de esos ritmos cabalgantes de la base rítmica previos al solo, es otro de mis momentos favoritos del disco. Sin duda otro de los temas principales de “Opulent Decay”.
“Ataraxia” resulta en un pequeño impás, de apenas dos minutos, en el que prima una discreta línea de sintetizadores que terminará por dar paso a un conjunto de voces quasieclesiales en un corte que nos habrá de introducir en la penúltima “Imprisoned By Shadows”. De inconfundible aroma setentero, resulta un corte que bien podría haber figurado en discos como “Phenomenon” de UFO o “Sin After Sin” de Judas Priest. Lo que le resta en cuanto a originalidad, lo añade en frescura y brío. Innegable guiño a Rush antes de que retorne el estribillo para finalizar y pasar al último corte del álbum, “Saturns Riddle”, nacido desde una tímida y oscura línea de bajo sobre la que se habrá de acomodar otro de mis riffs predilectos de este tercer disco de los de Vancouver. Mesmer entrega la que posiblemente sea su mejor línea vocal de todo el disco, a la que acompañan a veces sintetizadores, a veces arreglos de viento, empastando todo en un cierre que lo mismo le guiña el ojo al rock progresivo más elemental que al heavy metal primigenio.
Un buen disco, ya lo creo. Se nutre de un buen racimo de influencias, construyendo canciones clásicas en lo estructural pero diversas en cuanto tonos e influencias, conjugando el metal más clásico con ambientes más propios de la psicodelia y el rock progresivo, poniendo en pie un tercer álbum que evoca al pasado sin aburrir ni abusar de las fórmulas de siempre. A la contra de muchas bandas jóvenes de influencia clásica, tan enrocadas a veces en calcar micra por micra los tres o cuatro discos de los ochenta que oyeron cuando tenían quince años. Spell, claro, tienen también sus miras puestas varias décadas atrás a la hora de componer, pero su tercera obra resulta alegremente diversa y festiva. Toda una sorpresa.
Pd: Mira que no adjuntar quién se encuentra detrás de esa preciosa portada…
Texto: David Pérez Naves