
Andrea y Marco Basili montaron Hornwood Fell allá por el año 2013 en la localidad italiana de Soriano nel Cimino (Lacio) y desde entonces han publicado un largo homónimo en 2014, “Yheri” en 2015 y “My Body, My Time” en 2017, todos ellos con el sello también italiano Avantgarde Music. En 2019 entregarían “Damno Lumina Nocte” con el sello británico Third-I-Rex. Finalmente en el presente 2020 han autoeditado las dos partes de este “Cursed Thoughts” de forma separada, y recopiladas en una única edición bajo el auspicio del sello portugues Kadabra Music. Las letras del primero de los discos corresponden al poeta francés Charles Baudelaire y su poema “Las Flores Del Mal”, así como el segundo incorpora poemas del estadounidense Edgar Allan Poe. La edición que reúne ambas obras, con artwork de Matteo Valentiniveía salía al mercado a finales del mes de junio.
Cursed Thoughts – Part I
El primero de los temas con letra de Charles Baudelaire es “The Joyous Defunct”. Black metal a ratos disonante, a ratos veloz y casi siempre sinfónico. Y rápido. La voz, resonando por encima del resto de instrumentos, es rasgada pero sin atenerse a los patrones habituales del género con tonalidades notablemente más oscuras. En el puente central el tema vira hacia terrenos más pesados y se conducirá a medio gas hasta el final envuelto en una buena serie de melodías. El sonido en general es todo lo bueno que puede ser un álbum grabado por sólo dos músicos, encontrando personalmente el mayor déficit en el sonido excesivamente “plastiquero” de la batería.
“Magnetic Horror” incorpora un arsenal de riffs hasta detenerse en un páramo que bordea el doom donde Marco Basili añade su registro más abrupto. A partir del puente central el tema se acelera alternando una estructura de black metal clásico con orquestaciones intencionadamente desacompasadas más propias de bandas avant-garde. “Obsession” se conduce veloz en primer término, sobre clásicos riffs black, para después alternar constantes cambios de ritmo y alcanzar el puente central en la más absoluta calma. Es un tema bien arreglado, como corresponde a (casi) toda buena banda itálica, y mejor estructurado, donde cada idea goza del espacio necesario para su debido desarrollo en lugar de apelotonarse unas encima de otras sin orden ni concierto. La importancia de una escritura, de una buena estructura, es fundamental. Mi favorita de esta primera parte del disco.
Casi con idéntica duración tenemos a “The Possessed One” con las guitarras ganando terreno en la mezcla. Más apesadumbrada que sus antecesoras en su primera mitad, donde adopta no el doom metal, pero sí postulados notablemente más lentos, insuflando el debido aire fresco a la composición. Se endurece en su parte central, pero en gran medida es un medio tiempo sin demasiados excesos. Igualmente lenta es “The Spiritual Dawn”, preñada de buenas melodías de Marco Basili y que posee ecos de los Darkthrone del “Panzerfaust” a lo largo y ancho de sus más de seis minutos y medio de duración. Larga pausa épica y orquestal en su puente central hasta desembocar en un final nuevamente pesado no exento de melodía. El cierre de esta primera parte es para la sinfónica “The Giantess” que resuena grandilocuente y triste en un inicio que acelerará hacia terrenos más black-death en una onda que me recuerda a los Hecate Enthroned del infravaloradísimo “Redimus” (Blackend, 2004). Se parapeta en riffs mucho más retorcidos en su puente central, parte de forma veloz hasta su último tercio y allí abandonará bajo, guitarras y batería para adquirir cierto aire de banda sonora de cine de terror.
Cursed Thoughts – Part II
Guitarras rasposas y algo de disonancia para el arranque de la segunda parte del álbum. “Dream-Land”, ya con letras de Edgar Allan Poe. La presencia tanto de la voz como de las guitarras esconde casi por completo a la base rítmica, haciéndose notar esta tan solo en los últimos compases. Es un corte bastante plano, máxime en comparación con los temas saltarines de la primera parte del disco.
En primer término “The Spirits Of The Dead” resulta igual de monolítica. Igual de monocorde, insistente en esas disonancias del tema anterior. En su puente central vira hacia terrenos más pesados, a la par que aumenta en melodías y ambientaciones, siempre bajo la voz rasgadísima de Marco, cuyo registro resuena mucho más agudo que en las canciones de Baudelaire. “Alone”, entrega más extensa del disco, arranca en una onda cercana a Mesarthim con ese inconfundible aire espacial. Tras dos minutos largos pasamos del trance a un metal lento y taciturno. El sonido mejora en parte, otorgando más protagonismo a la base rítimica, y el tema gana en energía en último tercio, pero sin abandonar ese aire tristón en ningún momento.
“The Divine Right Of Kings” adquiere algo más de velocidad, siempre con ese resonar a lo An Autumn For Crippled Children, aquí con la batería sepultada tras voz, guitarra y bajo. No ofrece grandes sorpresas en primer término, de tanto en cuanto sigue el tono general de esta segunda parte del álbum, pero tiene un interesantísimo puente central, lento e inquietante, que nos transporta a un bonito culmen final de baterías aceleradas y ambientaciones grandilocuentes que conforman uno de de mis momentos favoritos de todo el disco. “The Lake”, sin abandonar el tono disonante general, aporta algunos blast beats en un inicio que al poco se vuelve de nuevo pesado, pero que tiene algo de la alternancia tonal de los temas de la primera parte del disco. Su último tercio se inunda de velocísimas baterías y fuerte presencia ornamental hasta el fade out final.
“The Sleeper” es el tema más corto de esta segunda parte del disco y, como sucede en tantos álbumes, cualesquiera sea la rama del metal en que se desempeñen, resulta el más veloz de todos. Blast beats, disonancias y el omnipresente registro roto de Marco Basili. Posee un breve descanso justo antes de un final a con el pedal en la tabla. “The Valley Of Unrest” cierra el álbum apostando de nuevo por la velocidad, resultando no obstante más melódica que su predecesora, y huyendo del sobreutilizado final pomposo, recargado y por qué no decirlo, ñoño que culmina tantos discos en los que la parte sinfónica tiene tanto peso.
Conocí el proyecto de los gemelos Basili allá por 2017 con el interesante “My Body, My Time” y desde entonces he procurado estar siempre al tanto de todo cuanto han ido haciendo bajo ese sello tan personal de black altisonante. Y podría decir que este es su mejor trabajo hasta la fecha. Diverso, poliédrico, tanto en ritmos como en ambientaciones, con algunos de los temas mejor construidos de su carrera (“Obsession”). Hecho en falta, no obstante, un sonido más pulcro, con mayor presencia de la base rítmica, en la parte del disco que música obras de Poe y que no tiene el brillo de la primera parte del álbum. Hecho este apunte, lo que resta es un disco en mi opinión más que notable.
Texto: David Pérez Naves