
Ice War es una one man band canadiense tras la cual se parapeta la figura de Jo Galipeau, aka Jo Capitalicide, prolífico músico ex Bastardator o Barrow Wight entre otros y actualmente en diversos proyectos como Aphrodite o Tempête. Este “Defender, Destroyer” a editar por Fighter Records el 21 de julio viene precedido por los largos “Ice War” (Shadow Kingdom Records, 2017), “Manifest Destiny” (Dying Victims Productions, 2018) y el tributo a los clásicos de su país de origen “Canadian Classics” (autoeditado, 2019). A estos cuatro elepés les acompañan una diversa serie de singles y Ep’s desde que el proyecto sentara sus bases allá por 2015 tras evolucionar desde su denominación previa Iron Dogs.
El presente disco del canadiense se abre con la clásica, rápida y melódica “Power From Within”. Es verdad que el sonido es mejorable, pero se respira cierto aura de autenticidad del que carecen muchas producciones contemporáneas del género. El registro de Capitalicide es más gruñón que chillón en este arranque y mis oídos lo agradecen. Es un primer paso plano y simple, de apenas tres minutos, suficiente no obstante para poner al oyente en alerta.
La homónima “Defender, Destroyer” vira repentinamente hacia el speed metal de unos Agent Steel en estrofas enfrentadas a un estribillo que parece arrancado al Lemmy más enfurruñado. Metal simple, veloz, cortito y al pie.
“Soldiers Of Frost” sorprende con esos aires punk, especialmente en estribillos, en un corte que recuerda a los Iron Maiden más auténticos, aquellos con Paul Di’Anno al frente. A destacar el buen trabajo solista que muestra en su puente central. “Rising From The Tomb” es otro pildorazo tan esquemático como divertido, repleto de doble bombo y riffs tan facilones como infecciosos. Es verdad que resulta más plana (aún) que temas precedentes, pero con eso y con todo aún posee unos buenos solos de guitarra, siendo mi favorito el previo al puente central.
“Mountains Of Skulls” rebaja los tempos emergiendo sobre un riff cabalgante y muy alta en la mezcla una de las mejores líneas vocales de Jo Capitalicide en todo el trabajo. Es un tema más calmado que sus compañeros, con cierto aire a Thin Lizzy, especialmente cuando transita por el solo de guitarra y que aporta una buena dosis de color al disco. “Crucified In Fire” parte de un inicio inequívocamente maidenesco para luego acercarse a estructuras y ritmos más propios del punk sobre los cuales Capitalicide arroja sus tonos más altos y otra ristra de solos para uno de los temas más vigorosos de todo el álbum. “Demonoid” reincide en esos aires punk en un corte que, por otra parte, pasa un poco desapercibido en contraste con otros temas del disco. Sí, los solos están ahí, la velocidad y todo lo demás, pero ya echo en falta algo de frescura. “Skull And Crossbones” altera en parte las estructuras que dominan a “Defender, Destroyer” y el mal sabor de boca de “Demonoid” se me borra de un plumazo. Tiene uno de los mejores estribillos del disco, tal vez el mejor, juguetea con los tempos, y lo mismo abraza el metal setentero más primigenio que el más veloz. Y todo en apenas tres minutos y medio. Fácilmente mi favorito de todo el trabajo. Con “Running Out Of Time” vuelve el acostumbrado ritmo alegre que domina estas canciones con fuerte presencia del bajo (¡que bueno que viniste!) y cierto espíritu punk que le viene como anillo al dedo. La final “Breakaway” apuesta de entrada por la línea de guitarra más tristona del disco, que pronto dará paso a otra andanada veloz, agarrada a los Helloween más primitivos en estrofas y al punk más básico y elemental en estrofas. Un cierre que me funciona como cierre a estos treinta y ocho minutos de metal ceñudo y clasicorro.
La verdad es que toda vez entiendes el tipo de producto que tienes entre manos, no cuesta nada dejarte llevar por este resultón “Defender, Destroyer” y pasar una media hora alegre y despreocupada con este ramillete de canciones a medio camino entre el punk y el metal clásico. Con el inconfundible aroma de las one man band en el sonido, el acostumbrado buen hacer de la escuela clásica canadiense y ese fácilmente perceptible halo de autenticidad que imbuye a esta decena de temas.
Texto: David Pérez Naves