Reseña: Demise Of The Crown «Life In The City» (Autoproducción 2020)

Podría uno pensar, viendo los tatuajes de Van Halen y la camiseta de Guns N’ Roses que lucen en la foto promocional, que estos jóvenes canadienses Demise Of The Crown conforman el enésimo intento de poner al día al viejo hard rock de segunda mitad de la década de los ochenta del siglo pasado. Nada más lejos. En realidad se mueven en terrenos más metálicos. Pero antes, hagamos las debidas presentaciones. Ellos son Darren Beadman (voz), Manuel Iradian y Vince Doiron (guitarras), Kevin Alexander (batería) y Simon Doiron (bajo). “Life In The City” fue producido, mezclado y masterizado por Christian Donaldson. Salió al mercado el pasado 24 de abril.

La inicial “Dying Heat” camina a medio gas entre arreglos orientales y esa voz de Beadman que a ratos parece hibridar al tristemente fallecido Warrel Dane con Matt Barlow. Heavy / power a la americana, pesado y retorcido, para un buen tema inicial. Bien producido, equilibrado y con Manuel Iradian dejando ya algunos destellos de toda la artillería que habrá de desplegar a lo largo del disco.

Sparks Fly” es un tema clásico de power metal apoyado en un riff maquinal y salpicado de tímidos interludios “groovies” de aire más contemporáneo. Crece en su buen estribillo pero sobretodo al final con Beadman desgañitándose a gusto e Iradian desplegando de nuevo todo el arsenal de solos imposibles. “Gatekeeper” nos entrega a un tiempo a los Demise Of The Crown más melosos, a otro los más violentos y luego a los más retorcidos. Da tantas vueltas que no termina de decantarse por un camino concreto y termina resultando bastante dispersa. Aprecio su diversidad y algunas voces agresivas de Beadman, incluso los blast beats, pero al final termina por confundirme con tanto giro en sus apenas cuatro minutos.

My Mind Is Free” insiste en esa mezcolanza de influencias y el constante ir de aquí para allá en cuanto a  estructuras del corte anterior, pero de alguna forma resulta más centrada que su predecesora. Parte de un arranque desprovisto de guitarras donde la base rítmica serpentea sobre los ya habituales arreglos de aire oriental para desembocar en estrofas mestizas y cambiantes. Por supuesto con más solos frenéticos de Iradian y mucho doble bombo. Hay algo de Jon Schaffer en el riff inicial de “Wild Life”, si bien el mayor parecido de esta con Iced Earth son algunos esos tonos altísimos de Beadman. El estribillo tiene cierto aire melancólico que agradezco y la rabia que expulsa por el micro en el último tercio, pero tras tres, cuatro, cinco escuchas no consigo que nada de ella medre en mi memoria. “The Immortal” es otra montaña rusa en constante subibaja apoyada en un gran hacer de su base rítmica y con uno de los mejores solos de Iradian. Cambiante, sí, pero notablemente más centrada que muchas de sus compañeras. La cortísima “Glorious Life” amenaza de inicio con ser uno de los temas más veloces del disco pero se conduce enseguida hacia terrenos más tranquilos para dejar un buen estribillo primero y mudar de nuevo hasta desembocar en un riff lleno de groove primero y un acelerado final con solo incluido después. Y todo encorsetado en menos de tres minutos y medio.

The Rise And The Fall” arranca de nuevo entregando ese power metal moderno y acelerado marca de la casa, se tranquiliza después dejando pequeños destellos sureños, que le dan color y agradezco en buena medida, y deja otro buen estribillo. Uno de mis temas favoritos del disco, centrado y directo, donde cada idea tiene espacio suficiente para desarrollarse en lugar del remolino imposible en que se ven envueltas otros cortes del álbum. “Fixated” es un combate constante entre sus estrofas “grooveras”, con Beadman bajando al barro y elevándose en un estribillo de corte eminentemente clásico. Tan corta como efectiva. “Lightning Strikes” tiene grandes solos de Iradian, un estribillo con aires de himno y un aire decidido y clásico en contraste con una segunda parte más enfangada y moderna. La canción que da nombre al disco lo cierra desde otro inicio de puro power metal que transitará hacia estrofas tranquilas y emergerá en uno de los estribillos más logrados de todo el disco. Un buen cierre.

La sensación final que me queda con este disco no deja de ser agridulce. Por un lado está su gran valía como músicos. Los múltiples ritmos y cambios que despliega la base rítmica, los epatantes solos de Iradian, la variedad tonal de Beadman… mi problema reside en la poca duración de los temas. Muchas ideas, algunas muy buenas, de hecho, pisándose unas a otras en desarrollos exiguos, echando por tierra su buen hacer a nivel técnico con esa composición a veces tan atropellada y errática.

O quién sabe, lo mismo en esa mezcolanza feroz han inventando la rueda y servidor es incapaz de darse cuenta. Esta ha sido, os lo puedo asegurar, la reseña que más trabajo me ha costado sacar adelante de todas cuantas he hecho por eso mismo: ser incapaz, ante tal batiburrillo, de saber si sí o si no. El disco se puede oír en bandcamp y sería bonito que le diérais una, dos o tres escuchas y me dejaseis un comentario (parezco un youtuber) con vuestra propia impresión del mismo. Os leo.

Texto: David Pérez Naves

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