
Death thrash con ocasionales engarces progresivos el que nos proponen los chicos de Pile of Priests. La banda, radicada en Denver (Colorado, Estados Unidos) se compone a día de hoy de Patrick Leyn (bajo), Evan Salvador (guitarras, voz) y Evan Knight (batería). Tras debutar en 2011 con el EP “Unholy Death” no sería hasta cuatro años más tarde, ya en 2015, que entregarían su primer disco largo, “Void To Enlightenment”. Antes del álbum que nos ocupa, aún vería la luz un nuevo EP, “Tenebrous Labyrinth”. Todos estos trabajos saldrían al mercado vía autoedición. Así pues, este año ve la luz este trabajo homónimo que nos ocupa, ya bajo los auspicios de Extreme Metal Music, con Adrienne Cowan y Cody J. Tyler como invitados, producido por el propio Evan Knight, mezclado y masterizado por el infatigable Dan Swanö y con arte de Mark W. Richards. Salió a la venta el pasado 22 de mayo.
El disco, que en lo lírico se sitúa en un universo ficticio, datado varios siglos atrás, donde narra la historia de un príncipe en el exilio que busca acabar con el reinado de su enloquecido progenitor, arranca en lo musical con una pequeña introducción a piano de Cody J. Tyler que apenas alcanza el minuto y medio de duración y que habrá de dar paso a “The Aversion”, primer corte serio del álbum. Escueto, de hecho a excepción de la elegante introducción, es el corte menos extenso de este segundo disco de los estadounidenses. En lo musical avanza a medio gas, apoyado en un riff pesado martilleado de forma incesante en un corte cuya principal motivación es la presentación de la historia que habrán de narrar estas canciones. El sonido en líneas generales cumple con creces. Desconozco la calidad del material que le llegó al bueno de Swanö a sus Unisound Studios pero bien es cierto que unos y otros parecen haber hecho los deberes. “Death Of The Paragon” casi bordea el gothic metal en su corta introducción para después virar hacia el thrash death más técnico y preciso con un riff deliciosamente acompañado de un puñado de buenos detalles por parte de Leyn con el bajo. Medio tiempo a veces rápido, a veces retorcido, que eleva el cronómetro hasta los seis minutos y relanza un disco de inicio un tanto dubitativo.
“Exile Unto Divination” se arrima al thrash en un riff bien marcado que bien podrían haber firmado Alex Skolnick y Eric Peterson para los Testament más postreros. Hibrida no obstante ese thrash metal con porciones del melodeath más elemental, se retuerce en el puente central y culmina con un solo, a ratos reverberante, uno de los temas principales del disco. “Conjunction Of Souls” resulta más pesada que sus compañeras de track list. Acomoda el registro más agreste de Adrienne Cowan (Winds of Plague, Sascha Paeth’s Masters of Ceremony, Seven Spires…) y sirve en buena medida para dotar al disco un poquito más de intensidad. “The Threshold” es un pequeño impás instrumental, que se mueve en terrenos cercanos a los Opeth más calmos y, como siempre digo, da cierto aire de distinción al álbum.
Es en “Deus Delenda Est” donde Evan Salvador despliega una de las líneas vocales más oscuras de todo el disco, así como uno de los riffs más elegantes y quasiprogresivos. Aborda un puente central más luminoso, en su nudo, y más próximo al melodeath en su desenlace. Otro buen solo adorna la parte final, donde también reluce una de las mejores líneas de batería de todo el álbum.
“Bloodstained Citadel” adquiere mayor peso en cuanto a velocidad que sus compañeras de reparto con algunos blast beats adornando un corte más diverso y coral de lo que pudiera parecer en una primera escucha. Mucho cambio de ritmo y tono en apenas cuatro minutos y medio bien aprovechado. La final “The Restitution” vuelve a tener a Adrienne Cowan a las voces, desplegando esta vez su registro limpio en un arranque que poco o nada tiene que ver con el resto del álbum hasta que la texana rompe su registro y entramos en materia con la obligada algarabía metálica. Hay guiños a los Death más retorcidos, voces dobladas y mucho cambio de ritmo, claro, en un último esfuerzo que se va por encima de los ocho minutos de duración. No se me ocurre un cierre mejor para un disco como este.
Pile Of Priests no son para nada el súmmum de la casquería que podría dar a entender el arte que adorna la portada del álbum. Lo suyo es un metal extremo pero elegante, potente sin llegar a la caricatura, técnico sin ser recalcitrante, conceptual sin caer en lo naif. Sin ser ni mucho menos el disco más impresionante que he escuchado en los últimos meses, “Pile Of Priests” resulta en tres cuartos de hora cargados de personalidad para quienes busquen algo más allá del death melódico más estandarizado y mainstream.
Texto: David Pérez Naves