Reseña: Kryptos «Afterburner» (AFM Records 2019)

Desde que traje a estas líneas a los bangladesíes Nawabs Of Destruction que no reseñaba nada tan exótico. Los thrashers de Bangalore (India) Kryptos llegan a esta página con el que es ya su quinto disco largo, editado en junio del pasado 2019 por AFM Records y más tarde en diciembre por el sello carioca Marquee Records. La banda mantiene un line-up estable desde hace años compuesto por Nolan Lewis (guitarra y voz), Ganesh K. (bajo y voz) y Rohit Chaturvedi (guitarra solista). Para completar las grabaciones de este “Afterburner” contaron con Deepak Raghu a la batería y Manaswi Gundi metiendo algunas voces. De grabarlo se encargó Sukruth Mallesh mientras que Anupam Roy corrió con las mezclas y su posterior masterización. Finalmente, el arte del álbum se encargó a Bill Hauser, que ha trabajado para ilustres como Hirax o Toxic Holocaust entre otros.

Sus cuatro obras previas han salido bajo tres enseñas distintas. El debut “Spiral Ascent” (2004) con el ya desaparecido Clandestine Musick, “The Ark of Gemini” (2008) con Old School Metal Records, “The Coils of Apollyon” (2012) bajo Iron Fist Records y “Burn Up the Night” (2016) ya con AFM. Como apunte último antes de entrar en materia, añadir que en 2013 se convirtieron en la primera formación de su país en aparecer en el Wacken Open Air.

Si la portada del disco o la imagen de la banda en las fotos promocionales no engañan, su música tampoco lo hace. La inicial “Afterburner” pronto se convierte en una alegoría del heavy metal más primigenio con esa producción a lo primeros Metallica y un riff cabalgante de los de toda la vida. Esos ecos del pasado no deslucen una producción por lo demás bastante clara y diáfana. Las baterías, pese a haber sido grabadas al margen del trío original, empastan bien con la mezcla final en ritmo y pegada. El solo que corona la parte central de este primer corte pasa por ser lo más notable del tema título.

Cold Blood” rebaja un tanto la intensidad inicial y se eleva evocando al clasicismo más elemental. Tiene guitarras dobladas de puro aroma maidenesco, un riff sin muchas complicaciones y sobre todo ello esa voz entre Udo Dirkschneider y Bobby «Blitz» de Nolan Lewis. Es cierto que resulta muy básica en lo estructural, pero disfrutable de todas formas. Por ahí va en cuanto al riff principal “Dead of Night”, elevando el cronómetro por encima de los cinco minutos y destacando de nuevo gracias a las buenas melodías de guitarra que incorpora durante buena parte de su desarrollo. De nuevo un apañao solo de guitarra adornando el puente central y de ahí al final una pizca más de velocidad, sin mucha sorpresa. Nolan Lewis declama enrabietado en la marcial y machacona “Red Dawn” una letra sobre invasiones provenientes de universos lejanas. En lo musical resulta un trasunto de los primeros Accept con algún leve toque de Black Sabbath y Iron Maiden.

On The Run” viene lastrada no tanto por ese riff martilleado sin descanso, que también, como por la linealidad que despliega. Tiene sí, al igual que otros cortes del disco, una buena carga de buenas melodías, así como algún que otro up-tempo en su tercio final, pero termina resultando una de las entregas más planas de todo el trabajo. “The Crimson Queen” eleva el tono gracias a un riff más trabajado, una estructura más diversa y una línea vocal más variada. El puente central vuelve a alojar el acostumbrado despliegue de Chaturvedi en su faceta solista y de ahí al final se conduce de forma menos lineal que algunas de sus predecesoras. “Mach Speed Running” entrega uno de mis riffs favoritos de todo el disco. Sí, resulta nuevamente básica en lo estructural y elemental en lo rítmico, pero no puedo decir que me aburra del todo. La final “Into the Wind” se va por encima de los seis minutos y por el camino deja uno de los pocos pasajes tranquilos del disco, que de todas formas, no dura demasiado. Pronto irrumpe otro riff machacón y persistente alternado con guitarras dobladas en un cierre menos cromático de lo esperado dada su duración.

A veces catalogados de thrash metal, lo cierto es que aunque este rezume por algún que otro poro de estas ocho canciones, Kryptos están más cerca de los Accept más clásicos y machacones que del proto-black acelerado de Venom o Slayer. Por mi parte me cuesta encontrarle riffs memorables a este “Afterburner”. Está bien honrar a los clásicos, pero hacerlo con la evidente linealidad con que lo hacen estas canciones puede acabar volviéndose en tu contra como un boomerang envenenado del tedio más absoluto. Y es una pena porque hay buenas melodías por ahí y la voz de Nolan Lewis tiene la personalidad suficiente como para elevarse por encima de la pobreza compositiva que ha demostrado la banda aquí. Una entrega a recomendar solo para degustadores de la escuela ochentera.

Texto: David Pérez Naves

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