
Séptimo álbum en la dilatada carrera de las luminarias extremas francesas de Mercyless, cuya primera referencia, la demo “Immortal Harmonies” data de 1988. La banda se compone a día de hoy del único miembro original Max Otero (voz y guitarra), Gautier Merklen (guitarra), Matthieu Merklen (bajo) y Laurent Michalak (batería). Grabado, mezclado y masterizado en el Vamacara Studio, cuenta con una tremenda portada de Néstor Ávalos (Bloodbath, Cult of Fire, Rotting Christ o Moonspell entre otros). El disco cuenta con las colaboraciones de un ex de la banda como es Stéphane Viard, así como también de Florent Santina, Michel Dumas y Anthony Derycke. Verá la luz el 21 de agosto hasta en seis ediciones distintas en las que el sello francés XenoKorp ha echado el resto como suele decirse, y que van desde la más básica en CD hasta la denominada “Die Hard Collector Edition” compuesta por cuatro vinilos de 12 pulgadas y dos discos compactos, en una clara muestra de la fe que el sello ha depositado en este séptimo trabajo de sus compatriotas.
¿Pero bueno y las canciones qué tal? Lo primero es la introducción, de apropiado nombre, “Infection”, de apenas minuto y medio, que habrá de dar paso a “Rival Of The Nazarene”, donde colisionan el death pesado de unos Incantation con el más técnico y rápido de otros tion (Immolation), conjuntado con un puente central veloz primero y más técnico después. Es una gran puesta en escena de tanto en cuanto resume muchas de las ideas dispuestas a lo largo del disco. El sonido, aún pensando que está bien calibrado, es verdad que deja un tanto de lado a las cuatro cuerdas de Merklen en este arranque. “Banished From Heaven” rebaja el crono hasta los tres minutos y en ella resuenan fuertes ecos de los americanos Possessed, especialmente en las estrofas. Max Otero, con sus buenos cincuenta años a cuestas, declama inasequible al desaliento hasta la llegada del puente central, donde la intensidad baja y el tema vira hacia terrenos más lúgubres. “Bring Me His Head” incide en ese death metal cabalgante y clásico con las acostumbradas subidas y bajadas de tempo tan habituales del género. Cabe resaltar cómo el bajo de Merklen gana en presencia logrando que el cuarto tema del álbum se beneficie de ese extra de punch. El final tras el acostumbrado parón del puente central es uno de los momentos mejor construidos de todo el trabajo.
“Contagion” son apenas cincuenta segundos de guitarras entre disonantes y reverberantes que pronto nos introducirán en “Laqueum Diaboli”, que muestra uno de los inicios más pesados de todo el track-list. Y aunque tiene algún pasaje veloz que otro, lo cierto es que pasa por ser uno de los cortes más abigarrados y marciales de todo el disco. Corona con un buen solo del invitado Stéphane Viard. “Descending To Conquer” amenaza con proseguir en esa senda pero pronto vira hacia los postulados dispuestos al comienzo del disco, enfrentados eso sí al estribillo más gordo de todo el álbum. “Inherit The Kingdom of Horus” tiene uno de mis riffs favoritos del disco, pesado y retorcido como a servidor le gustan. Se aprovecha, además, de una de las líneas de batería más diversas de todo el trabajo. Hasta se permite un pequeño aunque disimulado giro hacia el groove al final. La “The Mother of All Plagues” que da nombre al disco profundiza en esa alternancia entre estrofas pesadas con furibundas arrancadas donde los riffs de Otero tienen cierto aire a los polacos Vader. Uno de mis temas favoritos del disco, sazonado con un solo por parte de otro de los invitados, en este caso Florent Santina.
Además del corte más largo de todo el disco, “All Souls Are Mine” pasa por ser también el más técnico de todos. Una amalgama extrema que lo mismo recuerda a los Death del “Spiritual Healing” que a Hate Eternal. Otro de los cortes más completos del álbum, que cuenta además con sendos solos de los invitados Michel Dumas y Anthony Derycke. La final y muy corta “Litany Of Supplication”, lejos de ser el clásico corte con el contador en zona roja, emerge como una de las propuestas más densas de todo “The Mother Of All Plagues”.
Si algún fan tenía miedo de que el ya único miembro original Max Otero pudiera virar el rumbo de Mercyless hacia terrenos poco respetuosos con el legado de la banda francesa, puedo asegurarle desde ya que no tiene nada que temer. El séptimo largo de los de Mulhouse resulta tan fiel al pasado como indiferente a los vaivenes propios de la industria. Esa fidelidad es, a un tiempo, su mejor valor y su mayor lastre, de tanto en cuanto el disco se encorseta en una reducida serie de parámetros y, salvo algún guiño aislado, no los abandona ni por un segundo. “The Mother Of All Plagues” es por tanto un dechado de lealtad. Una obra de death metal primigenio e irreprochable que los seguidores de Mercyless degustarán henchidos de felicidad de principio a fin.
Texto: David Pérez Naves