
Tres asaltos en formato demo les costó a los thrashers germanos de Pessimist alcanzar el objetivo de editar su primer disco de estudio, el debut “Call To War”, editado de forma independiente y en una tirada limitada a quinientas copias hace justo ahora diez años. Regresarían tres años después con el full-length “Death From Above”, ya con el sello alemán MDD Records. Con ellos editan ahora su tercera obra “Holdout”, alumbrado en el Iguana Studio (Necrophagist, Bitterness, Virocracy, Profanity…) bajo las órdenes de Christoph Brandes (productor habitual de mis venerados Imperium Dekadenz), quien se encargó de grabar, mezclar y masterizar los nueve cortes que componen el álbum. La banda, en la que sobrevive el vocalista Michael «TZ» Schweitzer como único miembro original, se completa con el nuevo batería Jan Hagin, los guitarras Murphy Lange y Eric Tobian y por último el bajista Samuel Maier. “Holdout” salió al mercado el pasado 26 de junio y según la nota de prensa representa la obra más ambiciosa del quinteto de Weil Am Rhein hasta la fecha. Veamos si es verdad.
De todos es sabido que el del thrash puede ser fácilmente el nicho de mercado más sobresaturado dentro del metal desde que el género viviese su particular segunda juventud hace década y media. Por eso cuando la inicial “Landsknecht” estalla yéndose por encima de los seis minutos piensas que, tal vez, hayas dado con la banda indicada en el momento preciso. Schweitzer se desgañita a gusto, aunque de todos modos ese inicio crujiente y al pie no logra desquitarse cierto aroma a la banda de James Hetfield en las partes rápidas. Estrofas juguetonas en cuanto a tonos y una producción bien equilibrada para terminar pergeñando un notable y variopinto inicio. “Roaring Thunder” rebaja el crono por debajo de los cuatro minutos para ofrecernos el clásico, infalible y un tanto lineal ataque frontal de thrash iracundo y veloz en su primera mitad, y tornarse notablemente más pesado y retorcido toda vez supera su ecuador particular. Un tema bipolar, bien construido y más diverso de lo que pudiera parecer.
“Kill & Become”, siempre con el crepitante bajo de Maier satisfactoriamente alto en la mezcla, en especial cuando la velocidad desciende, posee una línea vocal que pronto recuerda a Anthrax en particular y a diversas bandas de crossover en general. Se oscurece en su parte final al tiempo que reverbera la voz como si en ello le fuera la vida. Notable, colorista en lo tonal y para nada lineal. Uno de mis favoritos del disco. Al arranque de “Death Awaits” sólo le falta uno de los habituales chillidos de Tom Araya para pasar por un corte de los Slayer más primitivos. Apuesta de nuevo por esos coros hardcorianos en un estribillo que de nuevo vuelven a recordar a la banda de Scott Ian. Aún con ese final pesado y casi marcial, es un corte que me quita el buen sabor de boca que me había dejado la anterior “Kill & Become”. Por eso cuando el tema título “Holdout” hace acto de presencia, con ese arranque melódico y las miras mucho más abiertas, uno recupera la fe por instantes. Agresivo en cuanto supera la pequeña introducción, sí, pero diverso y cambiante en todo momento, que lo mismo incorpora partes desnudas comandadas por el bajo de Samuel Maier que otras mucho más violentas, cercanas al protodeath ochentero de Venom o Possessed. Cuesta poco imaginar los motivos por los cuales es este el tema que da nombre al disco.
“Mountain Of Death” entrega varias de las estrofas más violentas del disco y solo reduce el paso en unos estribillos, cabe decirlo, un tanto anodinos. En líneas generales me agrada, la algarabía guitarrera que corona su parte central resulta diversa, está bien escrita y mejor interpretada, pero siento que no llega a ser un tema redondo del todo. Otra cosa diferente es “The King Of Slaughter”, no solo uno de los cortes más largos del disco (7:20 en el reloj) sino también uno de los más épicos. Construido con tino desde el poderoso, machacón y matador riff inicial hacia un crescendo que rápidamente torna en thrash furibundo de producción y andamiajes modernos. Posee ciertos arreglos que bien podrían recordar a los Arch Enemy del algo errático “Anthems Of Rebellion” (Century Media Records, 2003).
“Agony” es un poco el “Blackened” del disco. O quizá es que últimamente haya estado escuchando con asiduidad el cuarto de Metallica. Quilosá. El caso es que el riff inicial me recuerda precisamente al mentado tema de los cuatro jinetes, si bien es cierto que toda vez supera el inicio, el resto poco o nada tiene que ver con él. Esto es metal pesado y machacón, casi noventero, coaligado a partes más veloces a la par que melódicas. Para nada el tema más logrado de “Holdout”, pero un pequeño y necesario paso previo al tema final, y más largo, de todo el disco. Sí, el cierre “7:28” se alarga hasta casi los once minutos y, como no podía ser de otra forma, aglutina toda la rama de tonos desplegada a lo largo y ancho del trabajo. Y lo hace partiendo del riff más pesado y marcial de todo “Holdout” para perderse en una miríada de cambios y alternancias tal que uno no desconecta en ningún momento pese a la larga duración que marca el crono. Un cierre por todo lo alto, que apuntala el disco y te deja con una gran sonrisa pintada en la cara. O con ganas de prenderle fuego a algo. Eso ya según cada uno.
Diverso a rabiar, por lo general clásico en cuanto a escritura pero sabiendo guiñar el ojo varias veces a tendencias más modernas. Estructuralmente diverso y con una producción, cortesía de Christoph Brandes, donde todo brilla como es debido. Algunos echarán en falta un registro más diverso por parte de Schweitzer, otros más partes pesadas, algunos incluso más velocidad, mientras que los fans de la vertiente Voivod añorarán más elementos de alta extrañeza, pero en líneas generales pienso que este es un disco de thrash capaz de emerger por encima de la media habitual del género.
Texto: David Pérez Naves