Reseña: Pain Of Salvation «Panther» (InsideOut Music 2020)

Panther” es ya el undécimo álbum en la carrera de las luminarias progresivas suecas de Pain Of Salvation, sucesor inmediato del epatante “In the Passing Light Of Day” de 2017. La banda se compone a día de escribirse esta reseña de Gustaf Hielm (bajo y voz), Daniel Karlsson (teclas y voz), Léo Margarit (batería y voz), el retornado Johan Hallgren (guitarra y voz) y, claro, Daniel Gildenlöw (voz y “un montón de cosas”). “Panther” fue alumbrado el pasado viernes 28 de agosto a través del siempre interesante sello alemán InsideOut Music, subdivisión enfocada al progresivo del gigante también germano Century Media. El disco cuenta con arte de André Meister y master de Thor Legvold.

Accelerator”, adelanto del disco a comienzos del ya lejano mes de julio es el encargado de abrir fuego. Y lo hace separándose del camino marcado por el disco anterior, otorgando mayor peso a la electrónica y dejando las guitarras en un discreto segundo o tercer plano. “Accelerator” abraza sonidos poco habituales en la música de los suecos enfrentados a una línea vocal marca de la casa, reconocible de inmediato, así como con una letra en la que no cuesta identificar muchos de los tics de Gildenlöw como escritor. De todos modos es un arranque extraño, hecho a medida para presentar un un disco que tiene flirtea constantemente entre modernidad y clasicismo, pero vayamos paso a paso.

Unfuture” entronca en lírica y cadencias con el (en mi opinión) infravalorado “Scarsick” de 2007, adscribiéndose en lo musical a un metal pesado que trae de vuelta a unas guitarras no menos poderosas. Crece en gran medida en un estribillo reconocible a la primera con Gildenlöw aupando su registro varias octavas y dando paso a una estrofa, apenas declamada, marca de la casa. Bien construido, diverso, de seguro uno de mis favoritos de todo el trabajo. “Restless Boy”, estrenado en Youtube a finales de julio (con presencia de los criajos de Daniel en el vídeo, por cierto) me recuerda por momentos a “Closer” de Anathema en las voces filtradas de la primera estrofa. Es un buen crescendo, que va del tono casi baladístico inicial hasta territorios que rozan el djent. Tan interesante como efímera con esos rácanos tres minutos y medio que marca en el reloj.

Wait” es quizá el corte más complaciente con el legado de la banda, lo que no quita para que termine por elevarse como uno de los puntales de “Panther”. Cabe de todo, desde el (nada disimulado) Auto-Tune que adorna la voz de Daniel en las estrofas, pasando por el piano (qué piano) primero y la acústica (que acústica) después. Adoro su construcción, esa ganancia que pasito a pasito se hace grande, tan habitual en PoS, los aires al álbum “Remedy Lane” que desprenden las líneas de guitarra y ese estribillo que, aún con su simpleza, habrá de quedar como un clásico imperecedero del combo nórdico. En contraste, “Keen To A Fault” deriva hacia territorios electrónicos primero y de puro prog contemporáneo más adelante, emparentando con bandas modernas del género como Haken y similares. Me sorprende nada, me engancha menos y en las sucesivas escuchas que le he dado al álbum es con mucho la que menos poso me deja de todas. Lineal, repetitiva, insípida.

Fur” es la pequeña instrumental al banjo que precede al tema que da nombre al disco. Daniel Gildenlöw entrega en “Panther”, tercer adelanto allá por mediados de agosto, la línea vocal más diversa de todo el álbum. Es otro corte mestizo, que guiña a “Scarsick” en primera instancia con esa lírica casi rapeada que asustara a más de uno allá por el 07 y que muta a los PoS más pomposos en su tercio final. No llega a parecerme un tema redondo del todo, tampoco me aburre. Un ni pa ti ni pa mí

Species” carga con el peso de ser lo más cercano a una balada que cabe dentro de “Panther”. Recuerda a los dos “Road Salt” del 10 y el 11, se apoya en uno de mis riffs favoritos del disco y posee otra gran línea vocal por parte del multiinstrumentista de Eskilstuna. La letra, por su parte, rezuma una desesperanza que ya vimos en discos pasados, arremete casi contra todo y tiene poco o nada de sutil. Cinco minutos para exorcizar demonios mientras sangras de pura desesperanza. El cierre es para la monumental “Icon”, de inicio pesado, desarrollo diverso y letra intimista. “Icon” se evade por momentos de lo monolítico de su arranque para acercase al pop más tranquilo y casual. Nada que pille de nuevas a los habituales. Tampoco el viraje hacia terrenos más arrastrados que anteceden al estupendo solo de guitarra que emerge a continuación. Ecos del “Be” en el final, pero también del más reciente “In The Passing Light Of Day” y en general un cierre más que digno a un disco más de los suecos.

Un disco más, sí. Al menos esa es mi impresión a día de hoy. Después de la monumental catarsis emocional que supuso “In The Passing Light Of Day” tres años atrás, “Panther” ahonda en la a veces confusa, nunca irracional y siempre presente introspección de su líder Daniel Gildenlöw mientras alterna con temas universales que nos atañen al común de los mortales. En lo musical resulta mucho más tradicional de lo que dejaban intuir sus tres adelantos, elegidos muy a mala fe y que a buen seguro habrán despistado a algún parroquiano que otro. Porque al final “Panther” es un trabajo algo engañoso, en que los arquetipos clásicos de la banda sueca se parapetan bajo unas canciones cuya producción ha pegado un salto más que notable desde discos inmediatamente anteriores.

Texto: David Pérez Naves

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