Reseña: Comaniac «Holodox» (Metalworld 2020)

Pocas maneras mejores de celebrar diez años en la carretera que con un nuevo álbum de estudio bajo el brazo. Comaniac pensaban editar con el sello Metalworld su tercer largo “Holodox” allá por el mes de abril hasta que la pandemia se hizo carne, habitó entre nosotros y pospuso finalmente su salida al mercado al 4 de septiembre. Los suizos, que debutaran en 2015 con el largo “Return To The Wasteland” (iMusician Digital) al que siguió “Instruction For Destruction” dos años después, son a día de hoy Jonas Schmid (voz, guitarra), Valentin Moessinger (guitarra), Stefan Haeberli (batería) y Joel Strahler (bajo). “Holodox” cuenta con producción y mezcla del Coroner Tommy T. Baron y artwork del irlandés Ken Coleman. Saldrá en CD, Cassette y en tres ediciones distintas de vinilo.

El tema título irrumpe hibridando a Voivod y Mekong Delta al tiempo que añade una línea vocal que bien podría venir firmada por Tom Araya. Se eleva al tiempo que añase interesantes requiebros técnicos, donde emergen las cuatro cuerdas de Strahler, desdibujadas cuando el tema sube a zona roja. Hay un leve guiño groove cerca del final y, por lo general, cumple como rompehielos del tercer disco de los suizos. “The New Face Of Hell” resuena más cercana al power metal americano de los ochenta, volviéndose más colorista con el correr del minutero. Jonas Schmid deja una de las mejores líneas vocales del disco en una primera mitad que dará paso a un largo puente central donde tanto él como su compañero Moessinger sacan brillo a sus habilidades con la guitarra. Más melódica resuena en su prólogo “Art Is Dead”, que habrá de volverse más machacona en estrofas, recodando sí, a Coroner. Con Baron a los controles, claro, no sorprenderá a nadie. El riff es disfrutón, tiene un estribillo más soft y hay buenos adornos en general.

Head Of The Snake” trae consigo para las estrofas uno de los mejores riffs del disco y palidece, que curioso, entregando después uno de los estribillos menos inspirados del álbum. El puente vuelve a estar coronado por otro buen despliegue de la dupla guitarrera, bien acompañada por una base rítmica casi perfecta. “Narcotic Clan” nos devuelve los aires Slayerescos de comienzos del álbum, en un corte, ahora sí, felizmente diverso en lo tonal, repleto de coros, cambios de ritmo, solos doblados, groove… Uno de mis temas favoritos del disco. “Legend Heaven” engaña con su tranquilo tono inicial para después virar bruscamente hacia un thrash acelerado sin demasiados miramientos, que rebaja su cerril embestida en la parte central, más melódica y atemperada. De ahí al final se muestra más retorcida y vibrante hasta que uno se pregunta por qué no hay más de esto dentro de “Holodox”.

Mi otra gran favorita del disco es “Love And Pride”, no solo por duración sino por cómo aprovecha ese tiempo extra para jugar con estructuras llenas de groove (más liviano primero, más marcado después), intercalando partes de thrash más canónico y mucha melodía. Diversidad tonal y rítmica. El inicio maidenesco de “Under The Gun” no sorprenderá a nadie, pero luce bien como arranque del corte más reducido en cuanto a duración del álbum. Lineal, con mucho riff cabalgante, deudor de la doncella, y lo suficientemente bien adornado como para no pasar del todo desapercibido. Empatizo más con “Bittersweet” y ese aire a las baladas y/o medios tiempos de Megadeth. Jonas Schmid enfanga su registro y todo el largo primer tercio de este final hace honor a su nombre. Es otro de los temas distintivos del disco, que aunque no arriesgue en cuanto a estructura, sí que le aportan un aire diferente. Especialmente con ese riff de aire marcial que inunda la parte central y sirve de apoyo para el largo solo de guitarra. Comaniac se permiten incluso incorporar unos, por otra parte algo tímidos, arreglos de cuerda en el epílogo de un álbum que me deja una sensación, mira tú por dónde, agridulce.

Agridulce porque tengo la sensación de que no es el disco que podría haber sido. Que aún con eso y con todo Comaniac saben como adornar bien sus temas y sacarle el jugo a sus habilidades como músicos, sí, pero desgraciadamente echo en falta la misma habilidad a la hora de lograr una escritura algo más diversa y aseada. Porque de tanto en cuanto, en lo tonal, se advierten cristalinas multitud de influencias, en la forma de llevarlas a la práctica hay cierta repetición de patrones que consiguen que el disco no brille tan arriba como podría haberlo hecho bajo otras circunstancias. Quizá habrá que seguir dándole vueltas a viejos discos de Coroner, Voivod y Metal Church.

Texto: David Pérez Naves

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