Reseña: Hilotz «Aske» (Maldito Records 2020)

Thrash metal guipuzcoano de la mano del sello Maldito Records. Hilotz, que en euskera significa “cadáver”, emergieron allá por 2009 en Lasarte-Oria para debutar al cabo de tres años con el Ep “Hil ala bizi”. Sería ya en 2016 cuando vería la luz su primer largo “Giza ankerkeria” y ahora en 2020 vuelven con este “Aske” de la mano de Maldito Records. Un disco sido grabado, mezclado y masterizado en los estudios Black Storm (Karrantza) con Ekaitz Garmendia (Legen Beltza, Extinction, Sijjin) a los controles. Vio la luz el pasado 15 de septiembre. La banda está formada a día de hoy Etxahun Urkizu (batería), Pablo Cabasés (guitarra) y Mikel Yarza (bajo y voz).

Aske” arranca con el tema homónimo. Ocho minutos de thrash retorcido a un tiempo y melódico al otro donde oigo detalles que me traen reminiscencias de los Metallica del “…and Justice for All”. Buenos riffs, abundancia de doble bombo, desarrollos largos y los característicos cambios de ritmo que vienen marcando la escritura del trío vasco desde su Ep debut. Sonido compacto, con buena dosis de protagonismo para todos los elementos presentes en la mezcla y, en general, buen sabor de boca en este atractivo inicio. “Pertsona, terrorista”, uno de los dos adelantos del álbum, abandona el baile de estructuras inicial para entregar un tema de metal fulgurante trufado de blast beats y que llega a rozar el death por momentos. Incorpora un poderoso solo de guitarra en el puente central y, en líneas generales, redunda en un corte menos sorprendente pero más vigoroso.

Por momentos más rica en arreglos, “Sinisten Dut” vuelve a la senda del tema inicial con una estructura diversa y colorista que fluctúa casi de manera constante para ofrecer uno de los temas de mayor empaque de todo el trabajo. Es un corte mestizo, rico en cambios de tono y de ritmo, que va de los citados arreglos del inicio a pasajes más pesados sin grandes problemas. Redondean con un buen trabajo de Cabasés y deja la sensación de estar ante uno de los cortes más relevantes del álbum.

Auhen”, que amaga en su arranque con convertirse en el tema más extremo del álbum, es otro gozoso viaje en el cabe de todo. Desde pasajes (casi) puramente d-beat a arreglos sinfónicos y la siempre gritona y aguardentosa voz de Mikel Yarza declamando en su lengua madre como alma que lleva el diablo. Buenas guitarras dobladas tras el puente central y otro tema diverso y bien trabajado. “Hiltegira bidean” endurece un tanto la propuesta en otro corte marca de la casa que coquetea con sonoridades más extremas sin olvidar la ración de melodía en los riffs de Cabasés. Posee uno de los breakdowns más marcados del disco, que precede a un puente central donde incluso las cuatro cuerdas de Mikel tienen su pequeño lugar de esparcimiento. Bien escrito y compensado, me gusta. El riff de “Izua su” tiene un regusto más clásico que me hace pensar en sus paisanos Su Ta Gar, y los coros que aparecen más tarde no hacen sino acentuar ese parecido, que en ningún caso huele a plagio descarado y que la banda sazona de momentos más poderosos para marcar distancias. Más plana que sus compañeras de track-list pero igualmente un tema interesante por el contraste que ejerce dentro del álbum.

Zurrunbiloa” resulta en otro de los temas grandes en cuanto a duración y variedad del álbum. Parte de un inicio clásico, casi indistinguible de cientos de propuestas del género, para después abrigarse con leves toques sinfónicos y sorprender más en tono que en escritura. El clásico riff cabalgante sobre el que se apoya el solo no podría ser más elemental, pero funciona de todos modos. Más enrevesado y groovie en un tercio final marca de la casa. El arranque de “Diktadore zintzoa” resuena marcial apoyado sobre uno de los riffs más planos de todo el disco. Superado el primer impás, se destapa como una de las propuestas más personales de todo el disco, de tono un tanto apesadumbrado.

El trío final de temas ocupa apenas diez minutos y arranca con la punkera “Ezin du”, que no sorprende al lado de temas precedentes pero trae consigo algunos cambios de ritmo reseñables, siendo el que la acerca al death mi favorito entre ellos. La instrumental “Betirako atsedena” por su parte añade un prólogo cercano al post rock que muta de pronto para entregar el blast beat más largo de todo el disco sobre riffs y afinaciones cercanos a  bandas de black moderno. Aún antes del final tiene un momento para evocar tímidamente al melodeath sueco y engarzar con la final, más folkie y también instrumental “Agur”.

Si fuera verdad que en la variedad está el gusto, este “Aske” entraría por la puerta grande en el imaginario y las estanterías de muchos fans del estilo. Diverso y entretenido, bien estructurado y de sonido claro y compacto, que no duda en picotear entre varias escuelas, se olvida del groove a veces tan marcado que tenían sus entregas anteriores y se eleva, quiero decirlo ya, como una de mis entregas peninsulares favoritas en lo que llevamos de 2020.

Texto: David Naves

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