
Hasta Sevilla nos desplazamos hoy en busca de un poco de buen hard / heavy sucio y directo que alivie los rigores otoñales. Wild Krash, que debutaran con un disco homónimo y autoproducido en 2018, son a día de hoy Wild Muten (batería), Viko Wild (guitarra y voz) y Johnny W (bajo y voz). Este segundo álbum de los andaluces, que ve la luz gracias al premio concedido al resultar finalistas de la W:O:A Metal Battle Spain de 2019 celebrada el 1 de junio del pasado año en Barcelona, fue grabado en los Estudios Dynamita de Dani G. (ex-Darksun, Last Days of Eden) y que ha trabajado para gente como Rage, Arenia, Edén o Teksuo. El disco vio la luz el pasado 25 de septiembre vía Lady Stone Music.
Con la moto que adorna la portada y una intro de nombre “Start Up”, con tronar de motor de combustión interna incluido, uno intuye más pronto que tarde por donde van a ir los tiros en este segundo largo de los sevillanos. Dicho arranque enlaza con “Living wild”, rockera y directa, de sonido limpio y claro pero que no esconde la faceta más macarra de la banda. Buenas melodías en el estribillo y gran presencia coral para un arranque que, sin sorprender, cumple de sobra como rompehielos del álbum. Por aquello de usar jerga relacionada con el mundo del motor, podría decirse que “Don’t” reduce las revoluciones para entregar un corte que pierde en velocidad lo que gana en pesadez, resultando en un corte menos cromático que el precedente. Más monolítico, me recuerda por momentos al hard rock arrastrado de Zakk Wylde y sus Black Label Society. Y en contraposición, “Are you ready to rock?” emerge mucho más fresca, también más alegre, y decididamente más heavy. Aunque no abandona nunca su marcado carácter rockero, es verdad que desprende algo más de adrenalina que sus compañeras, especialmente con la ganancia que adquiere toda vez llega el puente central y Viko Wild deja alguna de las mejores líneas de guitarra de todo el trabajo.
“Fooling Love” retorna a la senda intuída en “Don’t” bajando de nuevo el tempo, adquiriendo un toque más a un tiempo más bluesy y a otro más hard, muy al gusto de finales de los ochenta. Resulta en un homenaje, más bien poco disimulado, a la figura incólume de David Coverdale. El bajo adquiere mayor peso y todo se desarrolla sobre unos patrones que, si bien no me sorprenden, construyen una canción que dota de oxigeno el disco. Tras la pequeña broma que representa “Repeat the VI” surge “Ride to Die” para entregar la cara más heavymetalera de Wild Krash. Un corte a medio camino entre la melodía de los Judas Priest de principios de los ochenta y un estribillo directo que exuda Accept a chorros. Bien construida y directa, apoyada en el buen hacer de Viko y dueña de las voces más viscerales de todo el álbum. Se me queda un poco coja con esos escasos tres minutos y medio pero detecto mimbres que pueden convertirla en un gran tema de cara al directo.
“Rock Liar” rebaja el tono para entregarse sin reservas a un rock directo y facilón, con un riff un tanto plano que resulta en el corte que menos me transmite de todo el álbum. Da un poco igual porque cuando “Trasher” entra en la partida, con ese aroma a Motörhead incrustado entre flirteos con el metal más rudimentario primero y más groovie después (el parecido del tercio final con “Domination” de Pantera resulta más que evidente) la sonrisa se dibuja en tu rostro. O las ganas de aplastar enemigos. Eso ya según cada uno.
Los casi cinco minutos de “Sad History” le sirven a Wild Krash para entregar uno de los temas más redondos del disco, del cual se aleja más en escritura que en tono. Buenas melodías en estribillo, notables guitarras dobladas durante el solo y la sensación de estar ante uno de los temas más logrados de todo el trabajo. “Evermore” es un fin de fiesta más apagado, a la par que melódico y notablemente más melancólico. Un cierre que funciona y aporta uno de los mejores solos de guitarra de todo el álbum.
“Rock Aktitud” resulta en casi cuarenta minutos de hard rock potente y diverso que lo mismo flirtea con Whitesnake que con Pantera. Lograr ir de un terreno al otro sin que el tono general del disco se resienta, ni ese baile de influencias suene forzado en ningún momento, me parece el punto fuerte de este segundo largo de los sevillanos. El disco rezuma actitud, sí, pero más importante: también naturalidad. No se advierten choques extremadamente forzados ni pegotes. Ahí la construcción del disco se destapa intachable. Es verdad también que no me parece un trabajo perfecto, que hay alguna cosa que, por escritura, no me engancha, pero en líneas generales me resulta un trabajo notable.
Texto: David Naves