Reseña: Vhäldemar «Straight To Hell» (Fighter Records 2020)

Formados a finales del pasado siglo en Barakaldo, la de Vhäldemar es una carrera definida por el tesón y el esfuerzo. Creciendo a cada disco y ganándose una merecida reputación como banda de directo a lo largo y ancho de nuestra geografía. Están formados a día de hoy por Jandro (batería), Raúl Serrano (bajo), Jonkol Tera (teclados), Pedro J. Monge (guitarra, teclados) y Carlos Escudero (voz).

Straight To Hell” es ya su sexto trabajo de estudio, de nuevo bajo el abrigo de Fighter Records, producido, grabado y mezclado por el propio Pedro J. Monge en los Chromaticity Studios como viene siendo habitual, con arte de Jan «Örkki» Yrlund (Darkgrove Design).

Sin introducciones superfluas ni prólogos rimbombantes, “My Spirit” despliegas sus alas abrazada a la guitarra de Monge ya desde los primeros compases. Metal directo, aunque menos de lo que hacía prever dicho inicio, redunda en un tema que rezuma Vhäldemar por todos sus poros, con un pie en Accept y otro en Manowar, buenos coros acompañando al estribillo y un build-up hasta el solo del puente central que funciona como un reloj de precisión. Solo de Monge que arranca melódico y gana en efectismo antes de volver a dar paso de nuevo al estribillo y dar por cerrado un primer tema clásico en escritura y un tanto predecible, pero agradable en cualquier caso. “Death To The Wizard!”, que adelantó al disco a finales del pasado septiembre, representa a la perfección al clásico corte pensado para el directo y que la banda se ha hartado a facturar a lo largo de los años. Sencillo en riffs, bien adornado por Monge durante las estrofas y con un buen duelo de solos entre la guitarra de este y las teclas de Jonkol. Corto, preciso y al pie.

Afterlife” deriva hacia el power para darle nuevos bríos al disco y he de decir que la cosa funciona. Más ampulosa y grandilocuente en estribillos, con ligeros toques orientales en estrofas y un tono que contrasta con el par de temas previos. Escudero acomoda su habitual registro rasposo en una canción de la escuela alemana de toda vida y la dupla Tera & Monge vuelve a hacer de las suyas sobre una sólida base rítmica. Estupenda. El tema título “Straight To Hell” rebaja esa algarabía para deslizar la cara más pesada y arrastrada de los barakaldeses en un tema de apenas tres minutos que bien podría haber firmado Wolf Hoffmann. El solo de Monge funciona y, en líneas generales, me deja la impresión de estar muy pensada y medida para el directo.

Old King’s Visions (VI)” tiene seguro uno de mis riffs favoritos del disco. Apoyado en él hay un corte de power metal clásico y elemental. Bien construido y adornado, con Escudero dejando las mejores líneas de voz de todo el trabajo y un nuevo duelo de solos entre guitarra y teclas. Ojo con el final. “Fear”, tema más largo del disco y con Jandro colaborando en voces, es en esencia un medio tiempo marca de la casa, con todo el sabor de los mejores Accept pero con un toque más rockero en estribillos y otro gran build-up camino de la epatante sección de solos que acompañan al epílogo.  Auténtico puntal del disco. Esos toques un tanto más rockeros se reproducen con algo más de fuerza en la siguiente “Hell Is On Fire”, tema sencillo, por duración y estructura, un tanto desangelada y que no alcanza a funcionar tan bien como otras entregas del disco.

Black Mamba”, el homenaje de los barakaldeses a Kobe Bryant, se adentra en ambientes algo más oscuros y pesados, que me recuerdan de forma leve a algunos momentos del disco “Resurrection” de Halford, y emerge después con un buen estribillo. Sencilla y directa, diferencial por ese tono más arrastrado y la sólida labor de J. Monge durante el solo. “When It’s All Over” carga con la responsabilidad de ser la balada del disco. O lo más parecido a una balada, de tanto en cuanto es más un medio tiempo reposado que un “Still Loving You”. La voz de Escudero está, ahora sí, dominando en la mezcla y, de paso, dejando su cara más melódica y afligida. Es un corte que no sorprende por escritura pero tan bien ejecutado que cuesta encontrarle algún pero digno de mención. La final “Damnation’s Here” sirve para que regrese la velocidad y el doble bombo a lo “Afterlife” en otro corte poderoso y directo, que no ahorra en cuanto a arreglos. Dueña de uno de los mejores estribillos del álbum y de buena parte de las baterías más rápidas del mismo, se me antoja el broche perfecto a esta media hora larga de puro y duro Vhäldemar sin cortar.

No es un disco que vaya a coger a nadie por sorpresa a estas alturas. Tampoco a decepcionar. Los fans de la banda disfrutarán de la variada ristra de influencias que se adivinan, del buen derroche técnico que atesora, así como de melodías vocales por parte de Escudero muy dignas de mención. Todo ello conjugado para entregar un disco de rápida digestión, sí, pero pegadizo e incluso memorable en el más amplio sentido de la palabra. Cierto que la escritura de los temas en líneas generales no alcanza a sorprenderme, o que “Hell Is On Fire” es un témpano, pero en líneas generales siento que estamos ante un disco de notable alto, donde toda la esencia de la banda barakaldesa emana de unas canciones que piden escenario a gritos. Covid-19 mediante.

Texto: David Naves

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