
“Metal sinfónico andaluz” el que llega hoy a nuestras páginas de la mano de los granadinos de Saedín. Ellos son Antonio Ortiz (bajo), Carlos M. Calvente (batería), Zoraida Vidal (teclado), Juanjo Mesbailer (guitarra) y finalmente Ángela Mesbailer (voz). “Entre Ríos”, que sucede al debut autoeditado “Amor en Granada” de 2016, vio la luz vía Demons Records tras una gestación llevada a buen término en su ciudad natal con producción de Antonio Ferrara y Cheluis como ingeniero de sonido. Por último añadir que el arte corresponde a Fernando Navarro (Ankhara, Obús, Medina Azahara, Centinela, Azrael…).
“Castillo Rojo” y la escueta introducción que lleva aparejada pronto marcan el ritmo a seguir. Orquestaciones en la medida justa y el registro inequívocamente sureño de Ángela rápido al mando de las operaciones. Un buen tema inicial, de estrofas limpias y estructura rica y diversa. Sonido equilibrado en líneas generales, algo de lo que adolecen muchas bandas del estilo pero que Saedín y Antonio Ferrara han sabido manejar para que todo tenga el empaque necesario sin opacar al resto de elementos presentes. “Ni Una Menos”, cómo no, contra la lacra de la violencia de género, recuerda, cómo no, a los ineludibles Medina Azahara. En lo musical es un corte que profundiza en los postulados del tema inicial, resultando eso sí menos diverso en escritura y un tanto más oscuro en lo tonal. Temática obliga. “Corazón Nazarí”, corte más extenso del álbum, parte de una introducción plena de pompa y boato para derivar después hacia terrenos más épicos primero y más cercanos al power grandilocuente de unos Nightwish, debidamente tamizados por las influencias arábigas de la banda. A destacar las buenas melodías de Ángela Mesbailer y el buen crescendo final que sucede al solo de Juanjo. De lo más completo y redondo de este segundo de los granadinos.
“Entre Ríos” rezuma tanto clasicismo como melodía. También sencillez. Un canto de amor a su tierra natal (no obstante su nombre en árabe se debe al barrio que les vio crecer, el Zaidín, que significa “tierra entre ríos”). Un corte que no ahorra en buenas melodías. Tampoco en buenos solos por parte de Juanjo, mucho menos en palmas y que deja la sensación de que debería funcionar más que bien de cara al directo. “La Alianza” atempera el paso y vira hacia tonos más melancólicos, con cierto regusto a los Mägo de Oz del “Gaia II”. El tronco inicia con un buen solo de Juanjo, transita hacia un pequeño impás a piano y voz y alcanza a un final que entrega varios de los tonos más altos de Ángela en todo el trabajo, apoyados en unas guitarras más pesadas y rugosas. Otra de mis favoritas del álbum. “Mala Hierba” pasa por ser uno de los temas más diversos del disco. En sus apenas cuatro minutos y medio caben estrofas bien apoyadas en el doble bombo de Calvente, voces filtradas, riffs que coquetean con el progresivo y una letra directa y, sí, algo “coplera”.
“Déjame Cuidarte” aprovecha bien esos cinco minutos para aglutinar buena parte de las influencias que se esparcen por todo “Entre Ríos”. Caben desde solos floydianos a riffs cabalgantes pasando por la línea vocal más apasionada de todo el trabajo. Y sin que nada parezca pisar a nada, bien estructurado y escrito, para que reluzca con brillo y deje buen sabor de boca. Estupendo. “Al Amanecer” retorna a la senda de temas simples y directos de principio del álbum, pero se queda algo corto en cuanto a frescura, y donde vuelve a destacar el crescendo que comanda el buen tercio final. La final “Reina y Rey” reconduce la situación para cerrar el álbum dando rienda suelta a la faceta, ahora sí, más progresiva de la banda. Empastada a medida de unos riffs con notable influencia del Symphony X Michael Romeo. Regresan las voces filtradas, también una escritura juguetona y todo carbura para cerrar estos tres cuartos de hora de buen metal sinfónico con buena nota.
Un trabajo diverso en cuanto a escritura, rico en influencias y con una producción sabia a la hora de empastar las buenas interpretaciones presentes. Mucha personalidad y luego está, claro, el tema de las voces y el gran rechazo que siguen provocando entre muchos fans del género. Que ojalá fueran los menos, pero algo me dice que puedo estar pecando de optimista. Para los no tan prejuiciosos y amantes del sinfónico en general, un álbum a tener en cuenta.
Texto: David Naves