
Hoy nos hemos ido hasta nuestras antípodas para encontrarnos con los australianos de Melbourne Mazikeen, practicantes de un black metal sinfónico de corte clásico y debutantes en esto de los discos de larga duración. A este “The Solace Of Death”, editado por el sello ruso Satanath Records en colaboración con el label mexicano Iron, Blood and Death Corporation, le preceden una miríada de singles y el Ep homónimo que editaran en 2017. Marco Pitruzzella (batería), Aretstikapha (piano, sintetizadores), Andrew Shiells y Kris Marchant (guitarras) y James Cronovras (voz) conforman la banda a día de hoy.
“The Solace Of Death” arranca con el tema del mismo nombre para dar pie a un black sinfónico bien amalgamado pero donde predomina una voz que por momentos se aleja de registros más convencionales en este tipo de bandas y se arrimar a voces propias de bandas como Silencer, Nyktalgia o incluso sus paisanos Drowning the Light. Es un arranque bien construido, parapetado en un crescendo al que arrastra unas baterías de bombos incesantes y buenas líneas en general. A destacar también el solo tras el puente central y que corona un más que decente primer corte.
“Apostate”, que superará la decena de minutos en el reloj, parte desde un inicio lento, pausado, casi críptico en esa inclusión de samples vocales, para ir transitando con paso firme hacia pastos más convencionales. Es un arranque que parece escrito a mayor gloria de la dupla de guitarras, que expele cierto aire a los primeros Dissection (a quienes, por cierto, versionan en la parte final del disco). Destaca por lo variado de su escritura, ese baile entre sonidos más cercanos al post-black metal (hasta hace poco tan en boga) y rápidas andanadas donde orquestaciones y baterías se llevan un poco por delante a Shiells y Marchant. En su tercio final dará una vuelta más a la tuerca y aparecerán coros y orquestaciones grandilocuentes sin que por ello el tema pierda un ápice de agresividad. Mi favorito de los dos temas largos del disco.
El inicio de “Vexation Through the Golden Sun” se contrapone al anterior apostando casi desde los primeros acordes por black metal veloz y algo más desnudo en cuanto a arreglos. Lo que no cambia es la detallista labor que dejan por el camino Shiells y Marchant, que acompañan a una línea vocal algo más atemperadas que en entregas previas. Superado el primer tercio se vuelve más saltarina en cuanto a ritmos, también más épica y pomposa, y sobre todo más Dimmu Borgiana, si se me permite la expresión. Hay un brusco parón en el puente central, coronado por unas tímidas guitarras acústicas y mucho ruido precediendo a la acompasada oferta que precede al violentísimo final.
“Fractricide” reduce duración, congela estructuras y se entrega casi de pleno a un black metal no demasiado complicado del que emana cierto aire a la primera época de los noruegos Emperor. Buenos cambios de ritmo y mejor dominio aún de las pausas. Sin que me sorprenda ni me enganche igual que varias de sus compañeras, aprecio ese black metal más funcional y no tan sobrecargado. “Psychotic Reign” oferta otro inicio calmado en un corte que profundiza en aquella aproximación hacia los terrenos más depresivos que mostraran en la inicial “The Solace Of Death”. Sobresale un buen piano, encajonado entre una amalgama de sonidos que contribuyen al tono melancólico y triste de esta quinta canción del debut de los melburnianos. Habrá de acelerarse en su epílogo, lo que no quita para que, al menos en lo que a escritura se refiere, sea uno de los temas más planos de lo que podríamos llamar primera cara del álbum.
De pronto, el disco entrega dos cortes instrumentales. El primero, “Harrowing Cessation”, comandado por las cuerdas acústicas de Andrew Shiells y Kris Marchant y que gira dramáticamente hacia el sinfónico en su puente central para recuperar las cuerdas en el epílogo. Más minimalista que cualquier corte anterior pero menos que la siguiente “Mors Vincit Omnia”, donde es el piano de Aretstikapha quien toma el mando de las operaciones. Curiosamente, Aretstikapha es miembro también de unos blackers de nombre, sí, Mors Vincit Omnia, que en su disco “Opprobrium”, editado por Satanic Propaganda Records en 2008, ya incluían un corte de igual nombre a este pero sin mayor parecido con este más allá del nominal. Curioso cuanto menos. Con “Cerulean Last Night” vuelven voces, baterías, guitarras (debidamente distorsionadas) y todo el aparataje sinfónico para dar pie a un corte de black funcional y resultón. Vuelven a emerger guitarrazos a lo Dissection, conjuntados, cuando no apoyados, en buenos aportes sinfónicos.
Y ahora está el tema de las versiones. La banda venía editándolas en formato single desde 2018 y ha decido reunirlas ahora cara a dotar de mayor atractivo al disco. Supongo. La elección de los temas no podría resultar más tópica dentro del género. Para los no muy versados en estas lides y salvando las debidas distancias, vendría a ser el equivalente de una banda de heavy metal de nuevo cuño haciendo suyos el “Highway To Hell” de AC/DC, el “Ace Of Spades” de Motörhead, el “Breaking The Law” de Judas Priest y el “Run To The Hills” de Iron Maiden.
La primera de ellas es “Freezing Moon”, del seminal (y para mí ineludible) “De Mysteriis Dom. Sathanas” que los noruegos Mayhem tuvieran a bien editar allá por el año 1994 con Deathlike Silence Productions. Los inclasificables alaridos de Attila Csihar en el original son el mayor punto discordante con esta revisión de Mazikeen, resultando por lo demás bastante fiel al original. Cabe destacar cómo la banda australiana ha dejado a un lado todo sinfonismo en pos de entregarse a una rendición lo más respetuosa posible.
La segunda de esta tanda final de versiones es “Night’s Blood”, originaria de otro disco capital para el género como lo es “Storm of the Light’s Bane” de Dissection (Nuclear Blast, 1995). Una obra magna dentro del black melódico que reluce aquí representada punto por punto, con precisión y mimo absolutos, dejando cero lugar a la sorpresa. De las cuatro versiones en liza, la de Dimmu Borgir es, claro, la que más se aproxima a una banda como Mazikeen. “Mourning Palace”, de un disco aún importante para el black sinfónico como es “Enthrone Darkness Triumphant” (Nuclear Blast, 1997). En esta puesta al día por la banda de Melbourne suena algo más espacial en cuanto al sonido de los sintetizadores pero por lo general resulta bastante fidedigna. James Cronovras no tiene el registro de Shagrath ni falta que le hace.
“Transilvanian Hunger”, del disco homónimo de Darkthrone editado por Peaceville Records en 1994 es de las cuatro es la menos fiel al original. Obviando el mayor punto fuerte de esta, a mi modo de ver, que no es otro que la oscuridad que lograba desprender su riff principal, y la sustituye por una entrega sin remedio al blast beat incansable que llega a situarla más cerca de bandas como Dark Funeral, Setherial o Belphegor que del dúo noruego. Cabreará a puristas y encandilará a fans del black algo más trotón.
Y ya estaría. Entre unas cosas y otras estamos ante un disco gigantesco para el género en cuanto a duración (más de hora y cuarto) siempre y cuando metamos el cuarteto de versiones en la ecuación. Antes de esa rendición final hay un black metal sinfónico con bastantes puntos de interés, bien producido y con su mayor fuerte en las dos piezas por encima de los diez minutos. Diversidad en escritura, variedad en cuanto a tonos y buenas interpretaciones en general. Me chirría, no obstante, las dos instrumentales, una detrás de otra, que casi parece más un error del sello a la hora de confeccionar el tracklist del disco. Sea como fuere un disco que se escucha bien y en el que aprecio buenas maneras pese a tratarse de una banda aún muy joven. Bienvenido sea.
Texto: David Naves