
Hoy nos vamos hasta el archipiélago canario con la intención de encontrarnos con el debut de los power metaleros de Ayra. Banda relativamente joven (se formaron en 2014) pero integrada por verdaderos clásicos de la escena insular. Aquí han unido sus fuerzas Yeray López (guitarrista y productor, ex Hybris), Kino Nietsa (voces y letras, ex Signs of Time, ex Perihellion, ex Apócrifa…), Alberto Fuentes (batería, ex Hybris), José L. Sánchez (bajista, ex Ira Regia, ex An Atomic Empire…) y Mario Díaz (teclista y productor, ex Orión, ex Casablanca, ex Prestige…). “Silent Veil” fue grabado a caballo entre 2019 y 2020 en las Islas Canarias. Baterías en Arena Digital (Tenerife) y el resto de elementos en Th1rt3en Studios (Tenerife), siempre bajo la supervisión de Yeray López y con la vista puesta a su edición vía Leyenda Records.
Así pues, toda vez superamos la pomposa y breve introducción del disco, nos sumergimos en el power metal de tintes progresivos de “Only Agony” adelanto del disco allá por el ya lejano mes de mayo. Coros muy directos, buenos arreglos y una gran eclosión instrumental en el corazón mismo de la canción pasan por ser sus principales puntos a favor. No tanto una línea vocal que me suena un tanto forzada en momentos concretos del tercio final.
“World From Dust” percute en una mixtura entre Gamma Ray (por el riff) y los Symphony X del “V” (por los arreglos). Notable en lo técnico y diversa en cuanto a escritura, con cierto aire a los británicos Threshold en su puente central. El tema que da nombre al disco, “Silent Veil”, escapa de ese inicio cinemático en pos de perderse en un metal melódico simple pero efectivo y muy pegadizo. Puede que el tono vire hacia terrenos más ligeros, pero el riff sobre el que se apoya sigue destilando cierta querencia por los ambientes prog que pueblan todo el álbum. Uno de mis estribillos favoritos de todo el trabajo se encuentra aquí, que junto con el buen crescendo final termina por conformar uno de los temas más atractivos de todo el disco.
“Sun Arise”, con colaboración del Saratoga Tete Novoa, engaña con ese inicio trotón que pronto se reconduce para armar unas estrofas en consonancia con el tono general del álbum. Novoa va de sus tonos más altos a su registro más rasposo antes de que todo derive hacia la demostración técnica que adorna el puente central. Buena ejecución en general si bien por estructura no deja de resultarme un tanto predecible. “Starry Sky” nos devuelve a los Ayra más melódicos en un corte que parece rimar con el tema título, si bien este trae al frente un tono más melancólico que aquél. Sea como fuere resulta en un medio tiempo de los de siempre, de los de toda la vida. Esto es, bien construido y con un buen solo al final redondeando la oferta. Fiel a la tradición, es decir, predecible, lo que no quita para que sea uno de los temas más notables del disco donde todo funciona y casa como debe. A excepción hecha de la intro, claro, “Vanity” es la entrega más escueta en cuanto a duración del disco. Y como suele ocurrir en estos casos, resulta en uno de los temas más directos de todo el trabajo. También en el aspecto lírico. En el instrumental aporta un bajo con mayor presencia y una buena serie de riffs en su tercio final. Interesante como opener de cara al directo.
En “Crystal Wall” están algunas de mis estrofas favoritas de todo “Silent Veil”. Además, los estribillos relucen. Todo desprende un aroma que la diferencia del resto del trabajo, en especial por esos sintes que anticipan la línea vocal, y que me reconcilian en buena medida con el género. Bien ejecutada y variopinta en cuanto a arreglos. Otra de mis favoritas. “Last Desire” vuelve a traer al frente sonoridades a lo viejos Symphony X y aunque no alcance a brillar de la misma forma que cortes previos, no viene desprovista de puntos de interés, en gran medida en un último tercio que gana en presencia y stamina. “Alone In Silence” confronta registros vocales para un corte que, por lo demás, encaja bien con el leitmotiv general del disco, pero que trae uno de los estribillos más diferenciales del álbum, con Nietsa dejando la mejor interpretación de todo el trabajo. En el puente central surgen coros femeninos y todo se envuelve en un tono que me recuerda mucho a la última etapa de Roy Khan en los americanos Kamelot. Diferencial aunque no del todo disruptor, y notable en cualquier caso.
De la a a priori sencilla “The Abyss” emana en principio un tono más hard rockero que se torna más apesadumbrado toda vez irrumpen las estrofas. Uno de los temas mejor adornados en cuanto a guitarra se refiere, con buenas líneas jugando bajo una voz que deja alguno de los pocos agudos del disco. Se ilumina primero al irrumpir el estribillo y regresa al tono general del álbum en unos puente central y final un tanto predecibles. “Breath Of Life” carga con la responsabilidad de ser la balada del disco. Crescendo clásico, buenos guitarrazos disueltos por ahí y poca sorpresa en general, sí, pero elegante y un broche genial al álbum. A menos que adquieras la edición física, en cuyo caso tal honor corresponde a la versión del clásico de Rainbow “Stargazer”, una de las mejores, sino la mejor, de todas cuantas canciones entregaran tanto Dio como Ritchie Blackmore en toda su carrera. Juntos o por separado. La banda cumple en lo instrumental y Kino hace lo que buenamente puede con una línea de voz exigente como pocas. Que replicar al pequeño elfo de Portsmouth nunca fue tarea sencilla.
La siempre dura prueba del primer disco es superada por Ayra con un aprobado alto. La repetición de estructuras denota cierta bisoñez, no obstante en el terreno meramente técnico la banda sale bien airosa. Son músicos curtidos en mil y un batallas y se nota, pero también observo momentos en que la producción no llega a acompañar del todo u otros donde la voz me suena quizá un poco forzada en exceso. En cualquier caso estamos ante un buen disco de power metal que agradará a aquellos que gusten del género en su versión menos acomodaticia.
Texto: David Naves