Reseña: Jorge Salán «Tempus» (A New Label 2020)

Veinte años no son nada y por eso Jorge Salán ha querido celebrar sus dos décadas en el mundo del rock con un nuevo disco de estudio. “Tempus”, grabado, mezclado y producido por el propio músico madrileño, con artwork de Fernando Nanderas (Azrael, Obús, Lujuria, Centinela), fotos de Manu Arcas, colaboraciones de Kutxi (Marea), Enrique Villareal “El Drogas” (Barricada, La Venganza de la Abuela) y Pedro Andreu (Héroes del Silencio) y acompañado de un documental (en blu-ray para los primeros 500 afortunados, en DVD para el resto de mortales) donde se recoge la trayectoria del músico madrileño. A la venta desde el pasado martes 13 de noviembre a través de A New Label.

Con un ojo puesto en las colaboraciones del disco uno rápidamente intuye las líneas maestras sobre las que se desarrollará este “Tempus”. Lo cierto es que la primeriza “Sueño Eterno”, tras ese ir y venir entre canales del prólogo, irrumpe con una atractiva cadencia rítmica que pronto romperá el madrileño tomando el mando en las voces. Reconozco ciertos toques a los Avalanch más contemporáneos durante algunas estrofas, pero en líneas generales se trata de un tema que bordea fronteras rockeras más que metálicas. No, la voz de Jorge no tiene un rango equiparable al de sus muchas virtudes con la guitarra, pero me gusta cómo está tratada y producida en este primer corte del álbum. Corte, por otro lado, diverso, bien construido y mejor ejecutado. Más orientada al rock si cabe, “Viejos Dinosaurios” revela una escritura más aseada al tiempo que transita hacia un tono algo más apagado. Empatizo menos en líneas generales, si bien es verdad que el tercio final me parece hasta cierto punto notable.

Vida”, corte más extenso de este “Tempus”, arranca sobre uno de mis riffs favoritos del disco, adorna sus estrofas con un tímido Hammond y culmina desplegando un estribillo de lo más resultón. Profundiza en el tono apagado que anticipaba “Viejos Dinosaurios” y trasluce una escritura más lineal de lo que su ganancia en duración hacía intuir. Se eleva en su tercio final, más por el buen hacer del madrileño a la guitarra que por estructura. “Es Momento De Luchar”, con ganancia en la afinación de guitarras para acomodar el dúo vocal que forma el madrileño junto con El Drogas, quien deja unos estribillos más cercanos a La Venganza de la Abuela y un estribillo, funcional y clásico a más no poder. Dos mundos colisionando entre sí, como punto álgido de un corte que anticipó al disco allá por los primeros días de noviembre.

No Despiertes” resulta en un crescendo tan clásico como funcional. Intachable en cuanto a construcción e interpretado con mimo, que parte del ritmo cadencioso de las primeras estrofas hasta un final más brioso, donde echo en falta una voz con algo más de fuerza y recorrido que termine de dar el empaque que esa ganancia en intensidad reclama. En “Todo Se Muere” sí que exhibe unas capacidades en lo vocal desconocidas en el resto del álbum. En comandita con Kutxi Romero pergeña una balada de tranquilas guitarras acústicas que se electrificarán toda vez alcancemos el puente. Profundamente disruptor con el tono general del disco.

Tocar El Cielo” es el Jorge Salán que intuyes antes de echar a andar el disco. Centellea entre el rock y el metal, entrega voces filtradas, un riff muy directo y de nuevo esa escritura fluida que me enganchó a comienzos del álbum. Y tiene uno de los solos más exhibicionistas del disco. De convertirse en la favorita para sus acólitos no seré yo quien se sorprenda. “Silencio” trae un riff que podrían haber ofrecido los Platero y Tu más rockeros. Valga la redundancia. Sorprende, pues, cuando vira hacia terrenos más A.O.R., en un corte que encajaría como un guante dentro de las producciones del sello Frontiers. “Divinas Palabras” cierra el disco en formato semiacústico con otra balada clásica de tibias guitarras y trascurrir acomodaticio, de tanto en cuanto ésta carece del final más energizado que traía aparejado el dúo con Kutxi Romero.

En mis primeros años surcando la red de redes recuerdo encarnizados debates entre acérrimos defensores de Salán y quienes tan solo veían en él a un madrileño que tocaba bien la guitarra. En su defensa hay que decir que en “Tempus” reluce un mayor interés la construcción de canciones y, salvo momentos puntuales, un desinterés casi total por el afán masturbatorio propio de algunos de sus compañeros de profesión. Los fans del madrileño encontrarán sobradas razones para seguir a la suya, intuyo que especialmente en “Tocar El Cielo”, mientras que aquellos que llevan, se dice pronto, veinte años atizando al capitalino, escudriñarán el disco palmo a palmo en busca de nueva munición con la que proseguir el zafarrancho. Queda nada más que saber de qué lado vas a estar tú.

Texto: David Naves

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