Reseña: Persefone «Truth Inside The Shades» (2020)

Un debut siempre es una empresa complicada y máxime si la música que practicas conlleva el nivel técnico que exigen las composiciones de una banda como esta. Los andorranos de Persefone, formados en el año de la odisea espacial de Stanley Kubrick, debutarían en 2004 con “Truth Inside The Shades” y quince años después y cinco discos a sus espaldas, regrabarlo, remezclarlo, remasterizarlo como se merecía con la excusa de su decimoquinto cumpleaños. Una buena manera de darle un nuevo impulso a interesante conjunto de canciones que se vieron injustamente empañadas por los nervios inherentes a la primera vez.

La banda se compone a día de hoy de Sergi Verdeguer (batería), Toni Mestre Coy “Fragment of Silence” (bajo), Miguel Espinosa “Iawr” (teclado y voz), Filipe Baldaia y Carlos Lozano Quintanilla “Rüdiger” (guitarras) y Marc Martins Pia (voz). Esta puesta al día de “Truth Inside The Shades” ha contado con mezcla y máster de Brett Caldas-Lima en el Tower Studio (Ayreon, To-Mera, Mortifera) y artwork mejorado por el propio guitarrista Filipe Baldaia.

La corta instrumental “My Unwithered Shrine” abre el disco en el mismo tono tímido y tranquilo del original pero gana casi medio minuto de duración con respecto a la grabación de 2004. Ese crecimiento en desarrollo beneficia a esta introducción, pero también a la siguiente “The Whisper Of Men”, que irrumpe aquí de manera menos abrupta y cortante que en el original. Conserva todo el aroma de tema directo y sencillo. Sencillo, claro, dentro de lo que es una banda como esta. Anticipa ideas que habrán de venir al tiempo que esconde estructuras y tonos que formarán el tronco del álbum. El improvement que experimenta el sonido es global y va desde una base rítmica no tan escondida a unas guitarras que, ante todo, han ganado en nitidez, obviando el sonido comprimido y sucio que mostraran quince años atrás.

Truth Inside The Shades”, fácilmente el tema del original que más sufría en términos de sonido, con unas voces que se llevaban por delante al resto de elementos de la mezcla, goza ahora del debido equilibrio. Las guitarras han ganado peso, sí, pero también las ambientaciones y la base rítmica. Sigue exhibiendo músculo en términos compositivos, alternando arrancadas que no distan mucho del power metal más vigoroso con partes más cercanas al death melódico más elemental. Y como nexo de unión un riff que pasa por ser uno de mis favoritos de todo el disco. El pequeño oasis que precede al puente central no varía en exceso con respecto a 2004, pero el sonido en líneas generales tiene mucha más presencia y nitidez. Ni que decir tiene que la algarabía técnica que se desata después resulta la gran beneficiada de esta puesta al día del debut de los andorranos.

De toda la revisión “Niflheim (The Eyes That Hold The Edge)” es la que me genera más dudas. Suena ahora mucho más limpia y cristalina, pero pierde por el camino algo del aura oscuro que mostraba la original. Dentro de ese viraje a tonos algo más ligeros, no obstante, sigue emergiendo un corte bien trabajado, lleno de cambios rítmicos y derroche técnico, pero que no me engancha tanto como en el original de 2004. En “Atemporal Divinity”, que se ha llevado un tajo de casi un minuto, sigue presente ese arranque pausado, de aires orientales y bien apoyado por unas orquestaciones que lucen ahora de manera notable con respecto dieciséis años atrás. Deliciosamente atmosférica por momentos, era de mis favoritas del debut y lo es también de la re-grabación. Especialmente en lo que respecta a arreglos y orquestaciones, pero también las líneas vocales con ganancia en agresividad, y la estupenda labor de Verdeguer a los parches. Una buena muestra de lo atractivo que puede ser el género cuando pones tus capacidades técnicas al servicio de tus canciones y no al revés.

El cambio más notable dentro del tracklist viene dado por la dupla final de temas, concentrada en una sola entrega en el original y multiplicado por dos en esta revisión, de tal forma que ahora el disco cuenta con siete cortes en lugar de seis. “The Demise Of Oblivion Part I: At The Boundaries Of The Perpetuity” y “The Demise Of Oblivion Part II: The Last Wish Of A Tear In Silence”, dos instrumentales que se han vuelto mucho más ampulosas (¿pretenciosas?) que en el original y cierran el disco dejando buen sabor de boca.

La re-grabación de una obra propia es un camino no exento de riesgos. No todos los fans acostumbran a estar por la labor de una entrega de estas características, máxime si se trata de un primer disco. Los debuts acostumbran a tener más errores que aciertos, pero suelen gozar de un halo de autenticidad que los seguidores defienden e idolatran, y que desaparece por completo al volver sobre lo que ya se hizo, pudiendo generar cierto rechazo entre los más integristas. Sea como fuere la mejora que sufren estas canciones es innegable. No grabas el mismo disco la primera vez que entras al estudio, que la trigésima. Salvo que te llames Lars Ulrich, no tocas igual de bien con 20 años que con cuarenta. Tampoco los medios y los estudios que había tres décadas atrás son los mismos que hay ahora. Por contra, insisto, hay cierta autenticidad que se ha quedado por el camino. A cambio el oyente ganará en comprensión y podrá volver a admirar unas canciones que a buen seguro merecían este restyling. La pelota está en el tejado de los fans de la banda en todo caso y serán ellos quienes habrán de dictar sentencia. Favorable, a mi juicio, pero el tiempo dirá.

Texto: David Naves

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