
Nos vamos hoy hasta tierras finesas para encontrarnos con Counting Hours, joven banda surgida del empeño de el guitarrista Jarno Salomaa (Shape Of Despair, ex-Rapture) y el vocalista Ilpo Paasela (The Chant), a quienes se unieron Tomi Ullgren (Shape of Despair, Impaled Nazarene) en guitarras, Sameli Köykkä (ex-Colosseum) a la batería y Markus Forsström (The Chant) al bajo.
Salomaa comenta sobre el debut de la banda: “Cuando empecé con Counting Hours, básicamente fui a nuestra sala de ensayo con Ilpo y me tomé unas cervezas para grabar algunas voces en la demo que había hecho. Básicamente, nada más que crear música a partir de la base que había hecho para Rapture a principios de 2000. Pero en cualquier caso … cerveza, buenas ideas (o muy malas) con un toque de dulce melancolía finesa combinada con música depresiva nos golpeó de pronto”. Enseguida The Vinyl Division mostró interés en el proyecto y “The Will” es el resultado, producido y mezclado por el Hanging Garden Jussi Hämäläinen y con Kalle Pyyhtinen (Children of Bodom, Twilight Ophera, Colosseum…) para la bonita portada. Veía la luz el 23 de octubre.
La inicial “The Will” que titula al disco resulta en una intro triste y apagada que anticipa el tono general del disco entre guitarras reverberantes y aires post-rockeros para conducirnos hasta “Profound”, que abandona la quietud inicial para imbuirse del carácter más compungido de los Alcest más melódicos, valga la redundancia, y acompañar la mezcla con el doble juego entre registros limpio y rasgado de Paasela. La producción, de lujo, como no cabe esperar otra cosa en bandas nórdicas del género. Y a destacar, el doble juego de guitarras que conforma el puente central. No es canción que sorprenda por su escritura ni tampoco aporta nada especialmente novedoso a estas alturas, pero funciona bastante bien como primer tema serio del álbum. Le sigue “Atonement”, donde las guitarras ganan peso y todo rezuma cierto aire a los Katatonia más viscerales de discos como “Brave Murder Day”, con esas líneas de batería tan características. Despliega buenas líneas vocales mientras se enfurece, camino del puente central, entre dobles bombos y el registro más turbio de Paasela. Empatizo en gran medida con ese largo final, casi aterciopelado, que conforma uno de los momentos más tranquilos, pero más especiales, de todo el disco.
En “To Exit All False” mandan las buenas melodías. Tanto por parte de las guitarras de Jarno Salomaa y Tomi Ullgren como de Paasela, cuyo registro empasta aquí de manera casi perfecta con este corte tan cambiante como el propio registro del vocalista finés. Hay algún toque doom por ahí, también buenas arrancadas del doble bombo del ex-Colosseum Sameli Köykkä y la sensación de estar ante uno de los puntales de este “The Will”. “Saviour” sorprende con ciertos aires post-punk en la medida justa para ejercer contraste con el resto del álbum, pero sin que el tono del disco llegue a quebrarse. Buenos coros y el registro más prístino de Paasela, junto con largos desarrollos calmados y medidos solos de guitarra para terminar conformando uno de los temas más personales y mejor escritos de este debut de los fineses, con ese final más enfurecido como guinda. Las estrofas de “Blank Sunrise” se apoyan sobre un casi omnipresente doble bombo de Köykkä para terminar entregando uno de los temas más depresivos de todo el trabajo. Paasela enfanga su registro, la afinación de las guitarras se endurece y todo fragua para regalarnos la cara más amarga de Counting Hours.
Como uno de los temas más largos del disco que es, “Buried In The White” resulta en una panoplia de influencias de lo más diversa y atractiva. Emerge tranquila, con la voz declamando tenue sobre unas guitarras más tenues aún si cabe, para después transitar hacia un rock pesado, casi metálico, deudor de bandas como Novembre, Daylight Dies, October Tide, etcétera. Interesante tercio final, donde la faceta más amarga de la banda confronta a la más visceral para proporcionar un doble juego muy bien medido que resulta en otro de mis momentos favoritos del disco. “Our Triumph”, adelanto del álbum allá por finales del mes de agosto, y como suele resultar en muchos casos, resulta en un corte más previsible y unidireccional. Con eso y con todo, aporta una melodía vocal juguetona y un buen crescendo final. Correcto, sin más.
“Among The Pines We´ll Die” ofrece buenas melodías, grandes dosis de doble bombo y una escritura que la lleva por encima de los siete minutos para convertirla en la entrega más extensa del álbum. Cerrándolo por todo lo alto, de paso. Se beneficia de una mayor presencia de Forsström al bajo (¡qué bueno que viniste!) y de unas líneas de guitarra no brillantes pero sí poderosas. Huelga decir que es mi corte favorito de todo “The Will” porque creo que se nota. El puente central tiene uno de los mejores solos de todo el disco, que precede a un final perfecto para estas nueve canciones de rock triste y melancólico.
Es un disco de género y como tal cumple con lo que de él se espera y vuela a gran altura si tus expectativas no van mucho más allá. Bien escrito e interpretado no obstante, cuenta con momentos de gran interés. Especialmente en los cortes donde el minutero sobrepasa los cinco minutos y cada idea planteada goza del debido espacio para desarrollarse debidamente. Cumple a la hora de transmitir esa sensación de frío y tristeza y no palidece a la hora de añadir algo más de rabia a la mezcla, lo que le da una enjundia superior a la media. Una agradable sorpresa, ideal para este equinoccio de otoño que ya se cierne sobre todo el hemisferio norte.
Texto: David Naves