
Desde el sello germano MDD Records nos llega el que es ya el sexto álbum de estudio para estos aguerridos thrashers de Nuclear Warfare. Curiosamente, y pese a que tanto la banda como el sello que edita este “Lobotomy” comparten lugar de origen, el trío de Stuttgart se fue hasta el Oversonic Studio brasileño para grabar con Friggi MadBeats como productor y después al también carioca Absolute Master para que Neto Grous masterizara estos nueve cortes de puro thrash teutón. Finalmente el artwork corrió a cargo de Edu Nascimentto. La banda se compone a día de hoy de Alexandre Brito (batería), Sebastian Listl (guitarra, coros) y Florian Bernhard (bajo y voz).
Metallica fueron los primeros en darse cuenta de que el thrash metal era un género prácticamente extinto en lo estilístico cuando decidieron dar un dramático giro a su carrera con su quinto álbum de estudio, ganándose el odio de centenares, sino miles, de seguidores en todo el mundo, casi a la par que se convertían en la banda de rock favorita de gente a la que en realidad no le gustaba el rock. El género sobrevivió de aquella manera hasta la segunda ola que nos trajeron los Havok, Evile, Vektor o nuestros héroes locales de Angelus Apatrida hace ahora entre quince y veinte años. Es precisamente en 2001 donde se establecen estos chicos de Nuclear Warfare para, tres años más tarde, debutar con “War Is Unleashed”, y desde entonces no han parado de entregar discos de forma regular cada tres o cuatro años. Este que nos ocupa arranca con la muy punkera, nada original y aún así muy ganchera “Lobotomy” que da nombre al disco. Thrash directo y a piñón, con Brito marcando el paso y un riff que has oído cientos de veces. La producción de Friggi MadBeats entrega un sonido con un punto guarrete que le viene como anillo al dedo al espíritu de la banda y del disco.
“Bombshell Desease” ahonda en postulados del tema título, si bien es verdad que deriva un tanto hacia el metal en comparación con aquella y resulta mucho más cerebral. Buen baile de estructuras en un final al que se le podría haber dado más cancha. “Gladiator” sube hasta los siete minutos y medio para convertirse en la entrega más extensa de este “Lobotomy”. Parte de terrenos tranquilos donde se apoyan unas buenas guitarras dobladas para luego evolucionar hacia un thrash veloz en el que la voz de Bernhard rezuma cierto grado de desesperanza inédito en cortes previos. Se atempera en su puente central para insuflar algo de melodía primero y el solo de rigor después. Los tintes Megadethianos que exuda el final terminan por conformar un corte interesante por escritura y tono, pero que a veces me da la impresión de que le pesa un poco el culete.
“Fuck Face” recupera la tónica general del álbum con thrash revolucionado y gritón, heredero casi directo de la vertiente más energizada del género de Dark Angel, primeros Sodom, primeros Kreator. Etcétera. Rebaja la intensidad para acoplar el solo durante el puente central, pero en líneas generales es un directo al mentón sin muchos miramientos. En contraste, “Betrayers From Hell” resulta más pesada y machacona por momentos. No exenta de partes rápidas donde Brito saca pecho tras la batería, pero en gran medida un corte más acompasado y retorcido que sus compañeros de track list, lo que ayuda a que el disco respire. Uno de los temas más llamativos del álbum, lastrado un tanto por lo exiguo de su duración. El inicio tranquilo y algo alucinado de “The Blood Lord Will Return” anticipa uno de mis riffs favoritos del disco, que cabalga aquí a lomos de un thrash con toques d-beat muy disfrutable. Sin inventar la rueda ni irse tampoco a moderneces innecesarias, es uno de los cortes con los que más empatizo de todo el disco, rematado por el irresistible aroma clásico que desprende el solo de Listl.
“They Live”, que sin las letras a mano desconozco si guarda relación o no con la reivindicable película homónima del (casi) siempre interesante John Carpenter, es otra de las entregas más distinguidas del álbum, la menos leal a la tradición en su mezcolanza de sonidos y una de las mejor estructuradas de todo el disco, con un gran trabajo de Listl en lo que a riffs se refiere y, quizá, el estribillo más pegajosao de todo el álbum. “Death by Zucchini” resulta en un primer tercio que bordea el punk – pop más elemental y evoluciona a un thrash facilón en su tercio final. Puede resultar hasta graciosa por momentos (¿¡ese estribillo!?) pero en general me ha parecido bastante olvidable. “Ages Of Blood”, por contra, es un feroz ataque de thrash envilecido en la onda de la anterior “Fuck Face” cuyo único propósito radica en cerrar el álbum con buen sabor de boca. Cinco minutos sin apenas respiro para partirse el cuello viendo a la banda en directo. Si tal cosa llega a darse algún día y las autoridades que nos gobiernan dejan de ponerle mil y una restricciones a la música en directo al tiempo que dan todo tipo de facilidades a otros ámbitos menos comprometidos. Me he ido de madre, disculpen.
He pasado varias veces por “Lobotomy” y en su mayor parte lo he hecho con una sonrisa. No me sorprenden estos casi cuarenta minutos de thrash clásico y peléon. Si acaso el extraño impás que supone la desubicada “Death by Zucchini”, pero nada más. Como he dicho otras veces, tampoco es un disco que me aburra. La velocidad que desprenden algunos temas está bien cuadrada y resuelta, hay algún guiño d-beat que siempre agradezco en entregas de este tipo y un par de cortes que destacan en escritura y donde emerge el buen hacer de Listl a la guitarra. El problema es que esto ya lo has oído. Contentará a los fans de la banda y dejará con ganas de más a quienes acudan a él en busca de un nuevo “Spectrum Of Death”.
Texto: David Naves