
Fiel a la verdadera fe metálica y trabajador incansable desde que diera luz verde a Iron Savior a mediados de la década de los noventa, la de Piet Sielck es una carrera tan prolífica como digna. La banda, que entrega ahora su decimotercer álbum de estudio desde que debutaran con el Ep homónimo allá por el 97, acompañado de dos don nadies como Kai Hansen y Thomen Stauch, vuelve ahora apenas un año después del “Kill Or Get Killed” de 2019 a tratar de demostrar por qué pasa por ser uno de los entes más respetados dentro del metal alemán de corte clásico.
A Sielck, guitarra y voz, le acompañan en esta andadura el batería ex-Scanner Patrick Klose, el bajista ex-Running Wild y ex-Masterplan Jan-Sören Eckert y el guitarra ex-Lacrimosa Joachim «Piesel» Küstner. Este “Skycrest” viene con producción del propio Sielck, arte de Felipe Machado Franco (Axel Rudi Pell, Blind Guardian, Ayreon, Vanden Plas, Saratoga… ) y tiene prevista su salida al mercado el 4 de diciembre vía AFM Records, fecha en la que Eckert, quien recientemente superó un cáncer, cumplirá cincuenta y cinco años. Una vez hechas las presentaciones de rigor, entremos en materia.
Lo primero que nos encontramos es la intro de rigor. “The Guardian”, ligeramente cinemática y guitarrera, que rápido nos introduce en el tema título “Skycrest”, con la banda con el piloto automático exhibiendo un corte clásico, de riffs igualmente clásicos y un estribillo que sorprende por el aire a Queen que desprenden los coros y lo bien que empastan con la voz de Sielck. El sonido aún cumpliendo con creces, me deja la sensación de andar algo falto de graves. “Our Time Has Come”, que precedió al disco a mediados de octubre, no exhibe mayor músculo compositivo pero sí gana puntos en velocidad. De igual modo, una mayor carga en cuanto a arreglos acentúa la faceta más épica y power del cuarteto alemán. Me pareció un buen adelanto y escuchado ahora el disco en su totalidad aún me encaja mejor en el contexto del álbum.
“Hellbreaker” emerge más marcial, rebajando los bpm y mostrando una cara más contenida en lo rítmico, no tanto así en lo compositivo. Sus estrofas brillan a gran altura, si bien es verdad que esos estribillos, muy Accept, me resultan un pelín predecibles. Aún con esto, contiene un trabajo en cuanto a guitarras más que notable, en especial durante su tercio final. “Souleater” ahonda en esos patrones propios de la banda de Wolf Hoffmann para conformar otro corte arenoso y pesado que resulta más válido por el contraste que ejerce con el resto del álbum que por lo excelso de su escritura. “Welcome To The New World” resurge más briosa en ritmos. Resulta igualmente más actual en cuanto a arreglos y aunque trae un final cuya estructura no podría ser más clásica e incluso canónica, ésta arrastra tras de sí uno de los mejores solos de todo el álbum.
“There Can Be Only One” es puro heavy metal del de toda la vida. Del de siempre. Un corte que podrían haber firmado desde Axel Rudi Pell a Manowar pasando por Magnus Karlsson o el propio Kai Hansen. El tipo de canción que los fans adorarán, profundamente fiel al estándar clásico y dueño de una sinceridad aplastante. Pero con el que me cuesta horrores conectar. “Silver Bullet”, igualmente clásica pero más zapatillera, eleva la propuesta más allá de los seis minutos para aportar uno de los temas más sólidos del disco. Nuevamente clásico y elemental en su primer tercio, entrega un puente que sobresale sobre la media del álbum y un final bien construido y mejor ejecutado. Con “Raise The Flag» aparecen toques más rockeros, enfundados en un corte que despliega un aire fortísimo, otra vez, a Accept, durante los estribillos, cuyo ADN más liviano le sirve para dotar de cierta frescura al tracklist.
Más cercana al que vendría a ser el canon del álbum, “End Of The Rainbow” tampoco sorprende por escritura pero es verdad que deja la sensación de que todo está donde debe. Aporta unos coros durante estribillos que retrotraen al tema título y en su primer tercio brilla más por ejecución que por escritura. Mucho más fresca y diversa en su tercio final, termina convertida en una de las entregas más atractivas de todo “Skycrest”. El penúltimo corte del disco es la balada “Ease Your Pain”, donde unos tímidos arreglos acompañan a una composición clásica y al registro más atemperado de Sielck. Sin inventar la rueda, ni mucho menos, os puedo asegurar que no pasa por ser la peor balada dentro dentro del género de las que he escuchado últimamente. Ni mucho menos. El cierre “Ode To The Brave” resulta en otra andanada briosa y despreocupada, que se enmarca en la mejor tradición del metal alemán a pesar del aire a Virgin Steele de sus estribillos, pero que resulta fenomenal para cerrar el álbum plantando una sonrisa en el rostro de los fans más aguerridos del cuarteto alemán.
La de Iron Savior es una carrera que he seguido con intermitencia desde que llamaran mi atención a comienzos de siglo. Me reconozco un tanto sobrepasado por tantos trabajos como han editado a lo largo de los años. Trabajos, además, que rara vez descienden de los cincuenta minutos de duración. Este “Skycrest” posee todas las armas necesarias para hacer las delicias de su nutrida legión de seguidores. Un disco de género, con todo lo bueno y a la vez todo lo malo de los discos de género, y que escuchado y reescuchado mientras trato de ser lo más ecuánime y consecuente posible, no creo que merezca una nota por debajo del bien, tampoco por encima del notable. Una muesca más en el revólver de Sielck, que presumo no será la última.
Texto: David Naves