Reseña: Fuck Division «Ojos Que Ven Corazón Que No Siente» (Lady Stone Music 2020)

Segundo largo para estos metaleros toledanos de Fuck Division tras su debut homónimo de 2019. Ellos son Korpa (voz), Adri y Jacin (guitarras), Kappo (batería) y M. Iván (bajo). Este “Ojos Que Ven Corazón Que No Siente” ve la luz bajo el paraguas de Lady Stone Music, con producción de Iván Ibáñez y la propia banda para una grabación que fue llevada a buen término en los Estudios 51 de su ciudad natal. El arte que adorna la portada corresponde a elarbolgris y fue editado el pasado seis de noviembre.

Como no podía ser de otra forma, la introducción del disco huye de sinfonismos grandilocuentes para exhibir músculo guitarrero prácticamente desde el primer segundo. Este arranque arrastra al primer corte con enjundia, “El Enviado”, que profundiza en esas guitarras abruptas y alude a las grandes del género en un arranque que tiene de simple casi tanto como de efectivo. Korpa declama verso tras verso con la rabia habitual, lo que no quita para que su voz resulte legible en todo momento. Punto a su favor. La banda emplea el tercio final para ofrecer su cara más veloz primero y la más atmosférica y pesada después. El buen sonido en términos generales termina por redondear la oferta. “Fénix”, que roza los cuatro minutos, muestra algo más de brío en sus estrofas. La ganancia en tiempo con respecto al tema previo sirve para que los toledanos exhiban un mayor músculo compositivo lo que termina redundando en una escritura sensiblemente más diversa que la ofrecida en el tema apertura. El riff sobre el que se apoya el tercio final debería funcionar como un tiro en sus directos.

Monstruo Interior”, que adelantó al disco semanas atrás, es un viaje a la cara más amarga y pesada de Fuck Division. Acentuada, más si cabe, instantes previos al puente central. Korpa exhibe, ahora sí, lo más profundo y oscuro de su registro y emerge una base rítmica que gana en nitidez para dotar de mayor empaque a esta desinhibida bajada al fango. Podría achacársele cierta linealidad, claro. Para hacer una tortilla tienes que romper algunos huevos. Como contrapunto, “Lodo” resulta más briosa y enérgica. Kappo deja por el camino la mejor línea de batería de todo el disco. Recupera una escritura más diversa y viene más adornada en cuanto a las líneas de guitarra que acompañan a las estrofas. Pesada y groovie en el puente y aún más descarnada en su epílogo. Con “A Tu Sombra” regresan en cierto modo la dureza y la pesadez de “Monstruo Interior” pero ésta muestra una escritura más abierta que redunda en un corte notablemente menos asfixiante que aquél. Y no porque su último tercio no se esfuerce por transitar lugares poco complacientes, tanto en lo lírico como en lo rítmico, pero sea como fuere intuyo algo más de luz en líneas generales.

Entramos en el tercio final del disco con “Por Qué”, la cual muestra en el prólogo uno de los riffs con más groove de todo el trabajo que habrá de dar paso a unas estrofas dotadas de mayor brío. Es uno de los temas más variables y poliédricos del disco. Bien construido, diverso y rico tanto en lo tonal como en lo rítmico, con el solo de su epílogo pone la guinda a uno de los temas más redondos del segundo de los toledanos. “Todos” muestra una escritura muy similar a la del tema previo, acentuando esas estrofas de aires punk-metaleros pero que termina por resultar algo más predecible que sus compañeras de álbum. La final «Caronte«, con el bajo emergiendo con fuerza inusitada, lo cual no tiene eco ni espejo en ningún otro corte del disco, destapa la cara más apegada al crossover de la banda castellano-manchega. Un final que resuena contra todo lo escuchado previamente, con ecos que pueden ir desde Machine Head a Slipknot o los propios Vita Imana. Un final fresco y diferencial.

Media hora de trabajo esparcida en ocho canciones más una introducción que exudan una lealtad inquebrantable a los usos y costumbres del metal más groovie y contemporáneo, sin elementos exógenos que enturbien la mezcla y les distraigan del objetivo. Y por momentos conciso y rábido como un demonio. De tipos con origen en bandas como Vita Imana, Evencore o Cuernos de Chivo no cabía esperar otra cosa. Un golpe a conciencias amodorradas que ve la luz bajo la tesitura más complicada que el negocio haya conocido en toda su historia, lo que convierte en un verdadero salto de fe tanto a este “Ojos Que Ven Corazón Que No Siente” como a cualquier otro trabajo parido en un tiempo tan convulso y casi distópico como el presente.

Texto: David Naves

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