Reseña: Reternity «A Test Of Shadows» (Black Sunset/MDD Records 2020)

Reternity es una joven banda formada hace apenas dos años en la ciudad alemana de Heilbronn y que viene a presentarnos el que es ya su segundo disco de estudio “A Test Of Shadows” (Black Sunset) tras debutar en mayo de 2019 con el largo “Facing The Demon” (MDD Records). El disco ha sido producido por la propia banda en colaboración con Jonas Kümmerle. Mientras que la formación inicial incluía tan solo al dúo Stefan Zörner (voz) y Carsten Sauter (guitarra), el proyecto se ha afianzado con miras al directo con la llegada de Oskar Schmidt (guitarra), Suat Gören (batería) y Dieter Schenk (bajo).

Todo tiene un principio y el de “A Test Of Shadows” es una fugaz intro que da paso a “Sniper’s Death” con la que el disco entra en materia. Este segundo corte del álbum enseña garras abrazada a un metal rugoso y directo, enraizado en el thrash clásico durante las estrofas y que avanza hacia la melodía en unos estribillos sencillos pero bien adornados. La producción, con un sonido en exceso comprimido, no me enamora que digamos, pero le sienta bien a las guitarras más pesadas que preceden al solo. “This Is the End” acorta recorrido con respecto al tema previo al tiempo que se enfanga en una serie de riffs machacones y sobrevive gracias al buen hacer de Stefan Zörner a las voces primero y de la dupla guitarrera al final. Sin ser un tema fallido, lo cierto es que no logra engancharme.

My Crush” le cambia un tanto la cara al disco desde ese tímido prólogo al que sucederá uno de mis riffs favoritos del álbum. Es un corte con baterías rápidas, con un deje a la primera época de sus paisanos Rage. Entre los efluvios de ese metal añejo emergen aires groovies que le confieren una identidad muy marcada con respecto a sus compañeras de tracklist. Sin revoluciones ni invenciones de la rueda, uno de los temas más redondos de todo el trabajo. “A Test Of Shadows” titula al disco y es otro de los temas importantes del disco. En el haber ese tono algo más triste y apagado que temas previos sobre el que construyen una estructura rica y atractiva, pródiga en riffs y cuyo mayor debe se haya en una base rítmica lastrada por una producción mejorable. En cualquier caso la banda parece haber echado el resto en estos temas que conforman el tronco central del álbum y se nota.

A Grave Called Home” cierra el estupendo eje del disco yéndose hasta los cinco minutos y desplegando otro de los temas más ricos del trabajo. Liviana, casi diría que tierna, en su primer tercio, donde despliega un medio tiempo clásico y elegante. Es a partir del puente central donde emerge un riff monolítico primero y una buena sección de solos después para conformar otro de los momentos más atractivos del disco. Picadito y con fundamento. De los temas que conforman esta parte central del álbum, “(We Were) The Gods” me resulta el más flojo de todos. Tiene su principal atractivo en un tono más alegre y festivo, que ejerce un fuerte contraste con el tema previo, quedando lastrado por una escritura en exceso predecible.

Falling Shadows” cabalga a medio gas entre el thrash americano de unos Heathen o Annihilator y propuestas más actuales. Insiste en estructuras ya presentes en cortes anteriores, si bien gana terreno gracias al buen hacer del dúo Oskar Schmidt y Carsten Sauter. Nada sorprendente pero tampoco nada fuera del tiesto. “You’ll See The Sun” en cambio apuesta de nuevo por un tono más apagado, desde el registro de Zörner hasta la serie de riffs empleados, al tiempo que va construyendo un crescendo clásico ordenado y nada aburrido.

La tan brutal como breve “No Deeper Hole” da pie a los momento más agresivos del disco a lomos del doble bombo de un desatado Suat Gören. Un prólogo vertiginoso que precede a la final “Stranded”, creada en comandita con el músico de jazz Aljoscha Crema, balada encargada de cerrar el disco y corte más largo del mismo. Elegante, con ese piano omnipresente que se clava en tus entrañas, sobre el que se desarrolla un final que rompe la tónica general del álbum y deja al Zörner más almibarado de todo “A Test Of Shadows”.

No quisiera tener que vérmelas con los puños que adornan la portada pero, las cosas como son, no es que estamos ante el mejor disco de heavy metal del año que digamos. Que aún así puedo afirmar que tiene puntos fuertes, especialmente en el tronco central del mismo, en donde subyace un mayor empeño tanto a la hora de componer como a la hora de interpretar, pero que alrededor ha ido dejando por el camino una rastro de migas de pan en forma de canciones un tanto desangeladas en un aspecto, en otro, o en los dos. Es una banda joven, bastante es haber entregado un par de discos en tan poco tiempo. Y veo buenos mimbres aquí dentro. Por el momento tocará esperar a un hipotético tercer disco que ahonde en sus virtudes y se sobreponga a sus debilidades.

Texto: David Naves

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