Reseña: Mather «This Is The Underground» (Violence In The Veins 2020)

Esto salió en abril pero ha sido ahora cuando Violence In The Veins se han decidido a mandárnoslo y quién soy yo para hacerles el feo. Además se trata de un debut, lo que tan a menudo prende la mecha de mi interés. Este cuarteto griego de psychedelic progressive rock que responde al nombre de Mather lo forman a día de escribirse esto Sakis Froutas (batería), MoonLoop (sintes y voz), Leon (bajo y voz) y John Dust (guitarra y voz). Grabado en el Noisebox Studio y producido, mezclado y masterizado por Sakis Bastas (Asphodel, Celéne, ShadowGrin).

Tras la breve introducción que resulta ser “On”, atmosférica, oscura y por momentos algo floydiana, surge el primer tema con verdadera enjundia, “Recoil”, que emerge como un remedo entre los Riverside más apagados y ambientes deudores de la psicodelia más canónica. Irrumpe la voz quejumbrosa y el tema se acompasa, casi se arrastra, por las procelosas aguas del prog más incipiente. Crece de manera notable al alcanzar el estribillo y dejar por el camino ciertos toques de fuzz y psicodelia bien comandados por la estupenda guitarra (en tono con el toque justo de reverberación pero también en ejecución) de John Dust. La producción no es ni catastrófica ni sobresaliente. Empasta bien los elementos presentes y juguetea con los volúmenes casi a lo largo de todo el trabajo como iremos viendo.

A Night To Remember, A Day To Forget” arranca de entre sus guitarras acústicas cierto aire a los Porcupine Tree pre “In Absentia”. Si bien luego conduce hacia terrenos más animosos durante los primeros compases de sus más de nueve minutos. Voces filtradas, buenos detalles de Dust a la guitarra y una composición que gana en profundidad con respecto al tema previo son las patas en que se apoya un largo y notable primer tercio. El largo puente central se hunde en una calma tensa donde la melodiosa voz precede a uno de los mejores desarrollos instrumentales de todo el álbum. Tranquilo, atmosférico, relajado, casi ensoñador, pero en ningún casi cursi o relamido. Luego, claro, conforme alcanzamos el tercio final, vuelven la electricidad y la intensidad previas, y todo luce a gran nivel. Destacable.

Quizá no tena nada que ver, pero hay algo en la escueta “Give In” que me recuerda a The Doors. Sea como fuere, es un tema calmado, desnudo, de voz susurrante, guitarras ligeras y marcadísimo tono triste y melancólico. Conduce hacia “Sympathy For The Gods”, de inicio igualmente tranquilo, que construye un crescendo roto abruptamente para incluir otro acercamiento al jazz primero y todo un andamiaje instrumental después. Menos redondo en lo técnico que “A Night To Remember… “ pero en ningún caso aburrido.

Empatizo en gran medida con ese arranque calmado pero tenso y oscuro de “Co-Lapse”. Tema más largo del disco, yéndose más allá de los trece minutos, vuelve a recordar a Pink Floyd en primera instancia, en especial por los tímidos sintetizadores que incorpora, sin que la influencia torne en plagio en ningún caso. Tras la calma de su inicio alterna poderosas arrancadas con breves paseos por la calma y el sosiego. La escritura denota mucho mimo, también la interpretación, también en el aspecto vocal, el cual adquiere aquí una mayor más presencia, brillo y fuerza. El bajo gana terreno durante el puente central para apoyar un breve acercamiento a territorios más funkies y pasa a adentrarse en un tercio final de gran riqueza y que aglutina buena parte de las sonoridades del disco.

El arranque de “Engine” parece construido a mayor gloria del bajo de Leon, quien vuelve a elevarse en la mezcla para dar mayor empaque al cierre instrumental del disco. Rock ahora sí puramente masturbatorio, bien construido no obstante, con un cariz enrabietado en su puente central y más atmosférico en su epílogo.

Sin los miedos habituales de la primera vez, convencidos de lo que hacen y con una fe ciega en sus habilidades técnicas. Lo que a otros les puede llevar toda una carrera, esto es, encontrar aquello tan manido y comentado del sonido propio, a Mather le ha bastado con un debut. Abraza este una escritura que trasluce un mimo solo superado por el buen trabajo a la hora de plasmar su idea en canciones. “This Is The Underground” ni inventa la pólvora ni lo pretende, pero resulta por momentos sobresaliente como carta de presentación. En definitiva un trabajo oscuro, por momentos casi desesperanzado, pero lejos del sopor así como de la autocomplacencia (salvo el onanismo de “Engine”) y piedra de toque a seguir por fans de bandas tan dispares como Antimatter (con quienes han compartido escenario en el pasado), los Alternative 4 de Duncan Patterson, Pink Floyd, Marillion..

Texto: David Naves

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