Reseña: Acid Mess «Sangre De Otros Mundos» (Spinda Records 2020)

Cinco años han tardado los ovetenses de Acid Mess en volver al ruedo. La banda, a la que se ha unido ahora Juan Villamil en sintes y teclados, se completa con Borja Vázquez al bajo y voces, Antonio Tamargo en batería y coros y finalmente Miguel Ruiz a la guitarra y voces. Cuenta con las colaboraciones de Sergio Pevida (percusión y palmas) y de la dupla Aurora Salazar y Débola Hernández (voces en “Salvaje historia” y quejíos en “El reflejo de su piel”). “Sangre De Otros Mundos” se grabó en el Ovni Estudio (Llanera, Asturias) por Pablo Martínez. Mezclado y masterizado por el propio cuarteto astur en compañía también de Pablo Martinez, contó con masterización de Quique Sanchís (Green Desert Mastering) y arte de Héctor Castañón (Ossobüko). Spinda Records lo puso en circulación el pasado seis de noviembre.

Engaña “El Reflejo De Su Piel” no ya con ese título sino también con ese arranque brumoso y relajado. Voz aterciopelada, ritmos livianos y ni rastro de la tormenta que se desatará a continuación. Porque lo que surge tras ese largo prólogo es la cara más árida y energizada del ahora cuarteto asturiano, con tímidas palmas de fondo pero a voz en grito y sin concesiones. Todo se elevará hasta alcanzar el buen solo de guitarra de Miguel Ruiz y tornar de nuevo a territorios más calmados donde irrumpirán las voces de Aurora Salazar y Débola Hernández. El sonido, a la altura y capaz de aportar dureza sin perder de vista la necesaria nitidez, termina de redondear el conjunto. Estupendo inicio.

De arranque brioso, “Fuego Al Templo” se adentra en territorios más rockeros dentro de una escritura algo más lineal en disonancia con el tema previo. Es un corte con cierto aire de urgencia, apoyado en riffs que enlazan estrofas jugueteando con el progresivo. Un viraje hacia sonidos más retorcidos que se confirma con la eclosión instrumental del tercio final. De lo más exhibicionista de todo el disco.

Hechicera” es el corte más largo de todo “Sangre De Otros Mundos”. De arranque reposado, donde acompañan las clásicas teclas de Villamil al tiempo que apoyan un andamiaje psicodelico y espacial. Gana peso después mientras vuelve a mostrar un riff de raíz progresiva para retornar a la calma y aportar una buena línea vocal. A la base rítmica se unen las percusiones de Pevida y todo carbura a buen nivel durante el largo primer tercio. Calmada y melancólica en su puente central, guarda para su epílogo lo mejor de Miguel Ruiz a las seis cuerdas. Corte más canónico de todo el álbum y que bien podría tener su mayor eco en “Brahamanda” del precedente “II”.

Convendría no dejarse llevar demasiado por el ensoñador arranque de “Futuro Sin Color”, pues toda vez éste desparece, regresará la cara más vitaminada de Acid Mess. Un riff gordo apoya una voz que se mueve ahora en tonos más propios del punk para acompañar a un tema que ejerce gran contraste tonal con el resto del álbum. Sorprende también la deriva jazzera que toma en su largo tronco central, apoyada de nuevo por la percusión de Pevida y una estupenda base rítmica. Ojo al final directo y desarrapado.

En lo compositivo “Salvaje Historia” quizá no resulte tan fresca como sus compañeras de tracklist. Se beneficia no obstante de las voces de la dupla Aurora Salazar y Débola Hernández junto con el indudable toque sureño que aportan en este quinto corte del álbum. Un tema que me engancha más por lo anecdótico. “Hijos Del Sol” es de nuevo directa, recupera la actitud punkera de “Futuro Sin Color” al tiempo que trasluce unos sintes en bucle que te atrapan y no te sueltan. Palabra que llevo días con esto en la cabeza. Un corte que disfruto más con el corazón que con la cabeza.

La final “Infierno Gris” ofrece un arranque reposado y poliédrico, preñado de sonoridades evocadoras, donde retumban ecos de King Crimson y que sirve para que irrumpa otra estupenda línea vocal. Alternante y bien construida, sin olvidar el fuzz ni tampoco la faceta más calma de Acid Mess. Un irreprochable final.

Gran paso adelante el de Acid Mess. El necesario para olvidar el lustro transcurrido desde su anterior “II”. El gran fuerte del álbum, a mi modo de ver, es cómo logra colisionar toda una amalgama de influencias con una cohesión y una coherencia aplastantes. Ni es un disco fácil ni lo pretende. Culebrea entre el ácido, el progresivo, la psicodelia e incluso el flamenco y lo hace sin perder un ápice de interés, sin abandonarse a la previsibilidad y sin entregarse al conformismo. Un disco que asustará a snobs, apabullará a puristas y enamorará al resto.

Texto: David Naves

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