Reseña: Aeternitas «Haunted Minds» (WormHoleDeath 2020)

Gótico sinfónico alemán el de estos Aeternitas, fundados a finales del siglo pasado por Anja (teclados) y Alex Hunzinger (guitarra y coros). La formación se completa a día de escribirse esta reseña con Julia Marou (voz), Daniel T. Lentz (guitarra), Rick Corbett (bajo) y Frank Mölk (batería). “Haunted Minds”, sexto disco ya para los de Lübeck, cuenta con las colaboraciones de Glen Dover (Eidolon, Hollentor, ex King Diamond, ex-Megadeth) y Henning Basse (Hollentor, ex-Firewind, ex-Metalium, ex-Mayan…). Fue grabado y mezclado por el propio Alex Hunzinger en el SonoFactum – Studio Impressionen mientras que el master corrió a cargo de Darius Van Helfteren (Judas Priest, Epica, WarCry, Scorpions…) en Amsterdam Mastering. Añadir por último que el artwork del álbum vuelve a ser obra de su compatriota Kurt Wörsdörfer y que su salida al mercado llegaba el 20 de noviembre vía WormHoleDeath.

Destiny” arranca y de primeras no me atrapa. Sí que es un tema inicial bien compuesto y ejecutado, variado en ritmos y arreglos, fresco incluso en lo tonal, que cumple con creces el cometido abrir el disco y poner en antecedentes al oyente. Pero está llevado a término envuelto en un sonido, en especial en lo relativo a las guitarras, que no alcanza a brillar como debería. Un poco sí pero no. Arrecia la faceta más sinfónica de la banda en “Fountain Of Youth”, más pesada que su predecesora, muy contemporánea en cuanto a arreglos y bastante funcional. El acostumbrado doble juego vocal del género reluce y el sonido mejora de forma notable. Destaca por el ajetreo en que se envuelve su juguetón tercio final. “The Unforgivable Sin” prosigue en esa búsqueda de profundidad incorporando unas estrofas pesadas que contrarrestan el brillo desprendido por los estribillos. Clásico corte de ida y vuelta que constituye una de las entregas más limitadas en cuanto a duración y más predecibles en cuanto a escritura.

El prólogo de “The Birthmark” viene envuelto en un aire más cinemático que pronto da paso a unas estrofas donde Julia Marou deja alguna de las mejores líneas vocales de todo el trabajo. Vuelve a ser un tema híbrido y mestizo, que sin inventar la rueda ni perderse por desarrollos tan laberínticos como incomprensibles, huye de escrituras facilonas. La buena línea de batería de Mölk termina por redondear uno de los cortes más atractivos del sexto de los germanos. “Castles In The Air” trae cierto aire a lo viejos After Forever de los Sander Gommans, Floor Jansen, Luuk van Gerven y compañía. Igualmente bombástica y grandilocuente en lo ornamental, destaca no obstante por la contención que muestra la línea vocal de Marou, más moderada y quizá un tanto más pop que en entregas previas. Claro que si contenida es la línea vocal en “Castles In The Air”, más aún en los primeros compases de “Fallen Innocence”, medio tiempo creciente de andamiaje clásico donde reluce la buena labor de la dupla guitarrera gracias a unos arreglos orquestales más comedidos en la mezcla final. Notable.

The Ring”, con solo de Glen Drover y backing vocals de Henning Basse, no destaca por una escritura original ni rompedora pero por contra entrega tres minutos largos de metal fácilmente digerible que anticipó al disco allá por mediados de octubre. Más pomposa en su tercio final, pero un corte que no pasará a la historia por su frescura en cualquier caso.

Another Day” aprovecha para envolverse en tonos más hímnicos, que traen ecos de unos Nightwish post-Tarja y culmina con un estribillo un tanto frío. A su primer tercio le cuesta transmitir y conectar. Después adquiere arreglos más modernistas y con esa ganancia de las guitarras del puente central todo parece tomar la dirección correcta. Corte bicefálico donde los haya. “The Beautiful” parece más centrado. O, al menos, rima mejor con el resto del álbum. Y eso que su riff inicial, que por momentos parece alumbrado por Ben Moody (Evanescence) hace augurar lo peor. Es apenas un mal presagio pues pronto se entrega a un power metal sinfónico tan despreocupado como entretenido que da cobijo a las baterías más rápidas de todo el trabajo. Uno de los temas con los que mejor he conectado de todo el disco porque ya sabéis que la cabra siempre tira al monte.  

The Final Path” va en la onda de “The Ring” y otros temas planos del disco. Comandado esta vez por la voz de Alex Hunzinger en su registro limpio, tiene en este detalle su mayor nota disonante con el resto del trabajo. Escritura sencilla y buen funcionamiento en general. El cierre “My Haunted Mind” es la balada que “Fallen Innocence” no se atrevió a ser. Piano, tímidos arreglos de cuerda y la voz de Julia Marou. Para qué más.

Es un disco de bien alto que alcanzaría el notable si el sonido mejorase en líneas generales. Es verdad que a medida que pasan los minutos, quizá porque el oído se acostumbra, todo termina por casar, pero no me parece que este “Haunted Minds” pueda mirar de igual a igual a producciones como las que entregan a día de hoy bandas como Epica, Nightwish, Within Temptation y compañía. Al final y aunque tengas a van Helfteren masterizando tus canciones, supongo que no es lo mismo producir un disco de estas características bajo el paraguas de ese gigante inabarcable que es Nuclear Blast que hacerlo para una firma más pequeña como WormHoleDeath. Dicho sea con todo el cariño.

Hecha la salvedad, lo cierto es que estamos ante un disco al que los fans del gótico sinfónico le pueden sacar bastante jugo. Hay de todo. Cortes clásicos y directos, otros con una escritura más revoltosa y momentos cinemáticos y grandilocuentes en la mejor tradición del género y que contrastan con el intimismo del final o el paso más atemperado de “Fallen Innocence”. Un triunfo lastrado, pero un triunfo en cualquier caso.

Texto: David Naves

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