
Toni Pekkala (guitarra, bajo y voz) y Petri Hartikainen (batería y percusión) conforman la escueta alineación de los finlandeses Worthless. Formados en la lejana Tampere allá por 2009, entregarían un par de demos antes de debutar con el largo “Grim Catharsis” (2015) al que seguirían dos años más tarde el Ep “Chaotic Nausea” y un split con sus compatriotas A.R.G. Trabajos todos ellos editados bajo el paraguas de Ranka Kustannus. Por la vía de la autoedición ve ahora la luz este “Melancholic Rites”, grabado y mezclado por Panu Raatikainen en el Studio Rantajätkät y masterizado por el reputado Jaakko Viitalähde (Cardinals Folly, Convulse, Waste of Space Orchestra, Purtenance, Oranssi Pazuzu…) en Virtalähde Mastering.
Tras la brevísima introducción que lleva aparejada, “Carnival Of Sin” pone pronto las cartas boca arriba y despliega orgullosa el tipo de death metal, a veces pesado, a veces veloz, de un marcado deje melancólico, que domina al disco. Cercanos a veces a otras bandas que han pasado por estas páginas (Decrepid, Megascavenger) lo cierto es que es ese tono sensiblemente más apagado lo que dota de una fuerte personalidad a la música de Worthless. El puente destaca por una mayor carga atmosférica, amplificada por unos ritmos más pesados, que pronto conducen hasta el solo que adorna su parte final. El sonido es todo lo rasposo y crujiente que cabría esperar de una producción de este tipo, pero en ningún caso ininteligible. “Seeds Of Degeneration” insiste en percutir ese death metal brioso, con trazas de d-beat, que anticipaba el corte anterior. Este segundo corte del álbum viene acompañado a su vez de una labor más rica en cuanto a melodía, así como de ciertos dejes a lo Celtic Frost, a lo que contribuye en gran medida el registro de Pekkala. En líneas generales acusa cierta linealidad en su escritura, que redunda en un corte frontal y monolítico.
“Vantablack”, uno de los cortes más extensos del trabajo, se hunde en páramos doomies que acentúan el omnipresente tono melancólico de la grabación apoyados en una escritura un tanto plana. Puede recordar por momentos a spin-offs de Celtic Frost como Totengott o propuestas más funerarias como Esoteric o más luminosas como Monolithe pero en cualquier caso maneja bien sus armas cara a conformar uno de los cortes más distinguibles de todo el tracklist. “Melancholia Metamorphosis” afianza la faceta más lenta y cavernaria del dúo finés, si bien esta exhibe aquí una mayor diversidad compositiva que su predecesora. Es igualmente otro corte pesado y rocoso, pero dotado de una mayor luz en lo tonal y un peso mayor en lo instrumental, notable principalmente en su tercio final.
“Lunatic” nos devuelve el death metal insuflado de d-beat de comienzos del álbum para conformar un corte que virará hacia terrenos más arrastrados en el puente central para luego volver a la carga. Escritura simple pero funcional, apoyada eso sí en una buena colección de riffs y desinhibida del tono apagado que comanda a buena parte de las canciones del segundo de los tamperinos. “Choreomania” ahonda en ese death metal apunkarrado sin alcanzar las cotas del corte anterior, del que aprovecha su estructura pero que, en mi opinión, peca de contener una serie de riffs menos brillante que aquél.
“The Mighty Madness” insiste en percutir ese death alienado de ritmos d-beateros a lo Martyrdöd para un corte que acentúa cierta luminosidad del corte anterior, en especial en su tercio final, y que destaca del resto más por tono que por escritura. La final “The Last Exit” es también la entrega más extensa del disco. Sus seis minutos sirven para traer de vuelta la faceta más pesada y doom del dúo nórdico, adornada aquí por grandes melodías de guitarra y sustentada sobre una sólida base rítmica que le confiere un peso del que carecen otras entregas lentas del álbum. Un cierre con el que empatizo en gran medida.
En el haber del disco el hecho de que pueda gustarle a gente de lo más diversa. Desde fans de Celtic Frost (y Totengott por extensión) por el registro de Pekkala a consumidores habituales de Wolfbrigade o Martyrdöd, por esos ritmos d-beat tan marcados sobre los que se apoyan no pocas canciones del disco, pasando por Krypts o Purtenance por la hibridación entre doom & death. En el debe va que la escritura sobre la que se apoyan varios cortes del disco les ha dotado de una predictibilidad que puede llegar a ser desagradable. En definitiva: treinta y cinco minutos de metal extremo mezclado, no agitado, que aprueba sin llegar al notable.
Texto: David Naves