Reseña: Asyllex «Ephemeros» (Tutl Records 2020)

Con una población comparable a la de ciudades como Soria o Teruel en cuanto a número de habitantes, Islas Feroe estará siempre lejos de ser un santo grial de la escena europea. Y si bien esta ha generado ofertas destacables e interesantes en los últimos años, con Svartmálm y en especial Týr a la cabeza, lo rácano de su masa poblacional no augura grandes eclosiones procedentes del pequeño archipiélago. Es por eso que me parecía interesantes traeros a estos jovencísimos feroeses de Asyllex, compuestos a día de escribir estas líneas por Bogi Petersen (batería), Finnur Nielsen (bajo), Luka Radosavljevic y Andrews Jacobsen (guitarras) y Hans Hammer (voz y guitarra). La banda, formada en 2013, debutaría tres años más tarde con su primer largo “War Order” para alcanzar 2020 y entregar «Ephemeros» esta su segunda obra, con mezcla y master de Arvid Tjelta (Beholder, Deception, Zerozonic), con el Carach Angren Clemens Wijers en teclados y orquestaciones y artwork de Mantus (1349, Borknagar, Vintersorg, Testament…). A la venta en formato físico desde el 18 de septiembre vía Tutl Records.

La inicial “Lost Life” con la que echa a andar el álbum trae aparejado un prólogo que fácilmente podría pasar por una introducción separada del mismo. En cualquier caso éste se revela como un corte rocoso y pesado, donde pronto se nota la mano de Clemens Wijers en orquestaciones y que entrega un sonido a la altura de las circunstancias. Un primer corte que elimina cualquier tipo de prejuicio adquirido que pudiera tener el oyente. Pero es que además posee cierta frescura. Dentro de ese caminar lento y acompasado se suceden buenas líneas vocales por parte de Hammer, sencillas pero notables líneas de piano y algún solo de guitarra más que notable. Un corte casi sobresaliente para abrir boca. “Soul” se acelera para acercarse, ahora sí, a patrones más propios del thrash más entrecortado. Transcurre más desnuda en cuanto a arreglos, más variada en cuanto a estructuras y, en líneas generales, ejerce como contrapunto al marcial corte que la antecede. Notable y elegante puente central que antecede a un tercio final, cierto es, un tanto predecible. “Dark Pursuit” regresa a tempos propios de “Lost Life”, a los que suma una batería más briosa y un indisimulado acercamiento a terrenos más groovies. El nombre de Machine Head acude pronto a la memoria, especialmente durante estribillos, y en líneas generales pierde parte de la frescura del par de temas previos.

Welcome To The Night” quiebra de pronto el tono general del disco entregando una balada de finas guitarras acústicas, voces con cierto deje grunge y un crescendo, cabe decir que un tanto brusco, al encaminarse al puente central. Estupenda en su tercio final en cualquier caso. “Endless Greed” sorprende con un riff que no desentonaría dentro de un disco de metal industrial. Por ambiente y sonido, claro, está lejos de cualquier banda del género que pueda venir a la cabeza, pero es verdad que tanto ese riff, como ciertas voces que aporta aquí Hammer, amplifican la idea. Va adquiriendo más brío conforme transcurre su minutaje, lo que unido a su ganancia en cuanto a arreglos final la convierten en una de las canciones con más personalidad del álbum. “Bite” juguetea ente el thrash más trotón y líneas más melódicas y heavies. Corte bicéfalo, que se agria con el pasar de los minutos hasta ese final seco y desgarrado. No me aburre, tampoco me sorprende.

El grunge que apenas se intuía en “Welcome To The Night” reluce con fuerza dentro de los primeros pasos de “Concrete Shoes”. Corte no demasiado alejado de unos Alice in Chains, distintivo más por arreglos que por estructura. Es en gran medida un mediotiempo puede que un tanto acomodado en contraste a algunas de sus compañeras de tracklist, pero que amplía la panoplia de influencias que pueblan este segundo de los feroenses. “Frostbitin” regresa a la senda de los temas más contemporáneos del trabajo ofreciendo un thrash groovie durante el cual Bogi Petersen muestra una de las mejores líneas de batería de todo el disco. Apreciable en especial por lo diverso de su escritura, mucho más  retorcida de lo que aparenta, y que debería hacer las delicias de los fans del género. “Wither” entronca con los temas lentos / medios del álbum, si bien posee mayor trabajo en cuanto a arreglos, en especial al alcanzar el puente, y un tono en cierto modo más épico, que la distancian de la querencia por el grunge que tenían “Welcome To The Night” o “Concrete Shoes”. Ojo al epílogo.

Reconozco cierto aire a Linkin Park dentro de “Sleepwalker”. Está bien por aquello de romper (otra vez) la tónica general del álbum, pero en líneas generales resulta en exceso plano y predecible. Lástima porque las líneas vocales de Hans Hammer me resultan hasta cierto punto llamativas, pero no alcanzo a empatizar en ningún momento. Sin abandonar del todo esa senda, lo cierto es que “Spirits” posee mayor atractivo. Los crescendos con los que enlaza estribillos y estrofas, el mayor peso en cuanto a arreglos o el gran trabajo en cuanto a melodías, en especial en su epílogo. Todo carbura de manera notable. Uno de mis favoritos del disco. “Kyrra” es apenas un minuto y medio de introducción que ha de encaminarnos al tercio final de temas de este “Ephemeros”.

Tercio final que se inicia con “Tranquility”, de nuevo un mediotiempo de guitarras poderosas y buenas melodías vocales que no sorprende por escritura en ningún caso pero resulta elegante y bien interpretado. “Murder” resulta en una balada bien apoyada por los arreglos de Clemens Wijers y que desprende en todo momento cierto aire de urgencia. Notable final por lo rocoso y desgarrado del mismo. El final “Between Life And Death” es otro medio tiempo cinemático y orquestal. Bien equilibrado en general, con Hammer dejando una línea vocal que ejerce como contrapunto a la música sobre que se apoya, y no como refuerzo de esta. Curioso por ese contraste y diría que notable en general. Me gusta como cierre del álbum por cómo lo resume en gran parte.

Si hoy en día puede resultar un verdadero tour de force sacara adelante un disco dentro de escenas más o menos consolidadas (con matices) como pueda ser la nuestra, no quiero ni pensar lo trabajoso que resulta hacer lo propio en un país donde el total de bandas en activo se puede contar prácticamente con los dedos. En ocasiones etiquetados únicamente como banda thrash, en realidad la música de Asyllex va mucho más allá. Hay cortes donde los arreglos sinfónicos tienen un peso capital, otros muestran una producción desnuda de todo artificio y se entregan al groove sin ningún tipo de remilgo ni miramiento. Caben también baladas y tiempos medios que abrazan el grunge o flirteos con el metal más contemporáneo. Esta amalgama de influencias puede dotar de cierta inconsistencia al disco, pero al final los temas que me aburren de él son los menos. Lo cual, en un trabajo que asciende hasta la quincena de entregas, no es moco de pavo.

Texto: David Naves

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