
De todos cuantos debuts han arribado a nuestras líneas a lo largo del año no descarto que este “Beyond Blackened” del joven guitarrista Jorge Gómez sea el más sui géneris de todos. No tanto por tratarse de un disco instrumental, lo cual a estas alturas tiene poco de extraordinario y nada de noticiable, como por su origen, pues representó el Trabajo de Fin de Grado del músico residente en Madrid. Trabajo que ha sido repensado y reestructurado toda vez concluyó el periplo universitario de Jorge y dispuesto ahora ante nuestras orejas con artwork de Antonio Bravo Vázquez, Dani García de Vita Imana en baterías y grabación de Alex Cappa (Bloodhunter, Avulsed, Hamlet, Celtibeerian…) en los también madrileños Metal Factory Studios. En la calle desde el 9 de diciembre.
“Despotic Disorder” abre el trabajo centrado en riffs que juguetean con el groove en ocasiones y abordan una estructura sólida pero diversa. Calma chicha en el puente central que conduce a un final donde sí irrumpe la faceta solista del madrileño. Intachable apoyo de García en baterías y un sonido que cumple con lo que se le pide. “Emperor’s Threads” es algo más floral. La melodía inicial da paso a un riff de puro thrash pesado deudor de la escuela noventera y aunque no me epate por estructura, sí por cómo va enredando su riff principal con el correr de los segundos hasta culminar en un puente, otra vez, tranquilo y relajante. Buen despliegue solista previo al estupendo epílogo.
Fuera su intención o no, lo cierto es que el tranquilo arranque de “Hollow” me trae a la memoria a aquellas baladas que, en la década de los 90 del pasado siglo, convirtieron a Metallica en la banda de metal más grande del planeta. Al menos en cuanto a repercusión. Jorge la maneja bien, otorgando, aquí sí, mayor importancia a su faceta como solista, alternando afinaciones y construyendo un buil-up final poco sorprendente a estas alturas pero bien manufacturado en cualquier caso. La final “Last Rites” vuelve a territorios más pesados desde un prólogo que luce gracias a un mayor peso de la base rítmica. De los tres temas pesados del disco, o el Ep, o single, o whatever, este es el que, sin duda, sale victorioso en cuanto a variedad. Su puente central, lejos de descender en intensidad como en el par de temas iniciales, mantiene el paso incrustando otro buen solo. Notable.
Desconozco cuánto han cambiado estos temas desde su concepción original al momento presente, pero sea como fuere son cuatro canciones que, “Hollow” al margen, transcurren a la contra de otros discos instrumentales que he escuchado este año, de tanto en cuanto se focalizan en su faceta riffera y no en la solista. Por ahí resulta fresco y diferente. Escaso en duración, sí, démosle tiempo al muchacho. Aquí somos todo orejas.
Texto: David Naves