Reseña: Möebius «Majin» (Autoproducción 2020)

Nos vamos hoy hasta la capital de Chile, Santiago, para encontrarnos con el debut en formato largo de los progresivos Möebius. La banda, que ya debutó en corto con el Ep “First Encounter” allá por 2016, ha venido anticipando este trabajo con trío de singles editados en digital a lo largo de 2020. A día de hoy ellos son Felipe Marin (batería), Felipe Herrera (bajo), Sebastián Herrera (guitarras) y Tomás de la Fuente (voces). Para este “Majin” han contado con la colaboración de Clemente Cociña (teclas y samples). El cuarteto compuso y produjo de forma independiente en su estudio Jester’s Abyss este debut para después ser grabado, mezclado y masterizado por el propio Felipe Marín. Cuenta con arte de Ignacio Brossard y fotos de Claudio Poblete.

Night Of The Hunt” inicia el disco contemplativa, creciendo en intensidad de forma paulatina y entregando un rock progresivo de ligeros tintes espaciales y bajo muy marcado. Retorcida sin resultar impostada, de construcción diversa y atractiva. El toque cósmico del prólogo pronto da paso a un rock progresivo que gana en prestancia apoyada en riffs tan sólidos como repetitivos. El puente central opta por un corto solo de guitarra, muy desnudo en cuanto a producción, y todo concluye a buen nivel con un decente epílogo. Las voces, eso sí, se hunden en la mezcla más de lo que me gustaría. 

Release” reduce el ritmo emergiendo más acompasada que el tema precedente. Bordea territorios alternativos durante esas estrofas a lo The Mars Volta y en líneas generales resulta más atemperada en lo técnico. Más plana. Menos exhibicionista. “Beast Of Man (Second Coming)” ahonda la senda alternativa recordando por momentos a unos Coheed and Cambria del “IV”. Un estribillo muy pop contrasta con estrofas de gran riqueza tanto en lo lírico como en lo rítmico. Finalmente destaca con un prólogo apoyado en las buenas teclas de Cociña. Redondo.

Shattered Glass” es puro nervio. Durante buena parte de su corto desarrollo se entrega a la cara más briosa de los chilenos, para después culminar en un final pesado y casi monolítico. Por el camino quedan unas estrofas que suenan a lo más urgente de Red Hot Chili Peppers en las que de la Fuente deja uno de los mejores desarrollos vocales de todo el trabajo. La instrumental “Lost In Infinity” baja el crono por debajo de los dos minutos mientras juega a entremezclar líneas de guitarra y trae de vuelta, aunque de forma tímida eso sí, la cara espacial que mostró el disco en su arranque. No estamos ante un disco corto (roza los 55 minutos) ni ante un tema fallido, ni mucho menos, pero no le habría hecho ascos a un desarrollo mayor.

Deep Space Saga” fue uno de los adelantos del disco allá por el mes de mayo y uno pronto encuentra los motivos. Es un corte de inicio tranquilo que contrasta con la prestancia con que acompaña una lucida base rítmica. Todo se recoloca en estribillos y conforma uno de los temas con más gancho de todo el trabajo. “Darkest Dream” irrumpe espacial, desértica y atiplada. Tiene incluso un punto oscuro en ese breve prólogo. Pronto reconduce con un estribillo más gritón y en suma es un corte bailón en tono y estructuras, con un punto de imprecibilidad y apoyado en una escritura libre y diversa. Empatizo en gran medida, no obstante, con los toques alternativos que aporta el epílogo, así como esa ganancia en intensidad que trae aparejada. Uno de los cortes con los que más he conectado de este “Majin”.

Shadow Of The Living Pt. 2” tiene razones de peso para ser otro de los temas fuertes del disco. Desde lo medido de su escritura hasta esa confrontación entre la cara más amarga y la más espacial de su espectro compositivo, donde suenan ecos que pueden ir desde Toundra a Baroness o The Ocean. Pesada en el puente y más funcional en el tercio final. Estupenda. “In Amygdala” es la cortísima introducción que precede al que fuera otro de los adelantos: “Arachnophobia”. El antepenúltimo tema del disco es otra entrega frontal y directa, apoyada en otro buen riff y construida con mimo, pero que en mi opinión no alcanza a sonar tan redonda como otras de sus compañeras de trabajo.

Ifrit” sube hasta los siete minutos desde un prólogo donde se desarrollan las guitarras más áridas, por afinación, de todo el disco. La repetición incesante del riff en que se apoya adquiere tintes quasimecánicos. Hay voces filtradas, otras, agudísimas, parecen querer emular a Geddy Lee (Rush) y todo conforma un buen primer tercio. El largo puente central se atempera de manera incipiente para ofrecernos la cara más ligera y amable de Möebius, que transita sobre una buena base rítmica y unos no menos buenos sintes. Aún regresarán estribillos en su epílogo. Un tanto predecible en cuanto a escritura, sí, pero un corte bien confeccionado en lo técnico. La final “Eternal Calm”, desde luego, hace honor a su nombre. Calma chicha de guitarras acústicas para cerrar un disco rico y poliédrico.

Esto tiene una personalidad aplastante para tratarse de un debut. Pero es que es un debut engañoso. Porque Möebius llevan casi diez años juntos y, por narices, es algo que se tiene que notar. Por eso el disco destila por momentos una seguridad en sí mismo que sorprende. Hay mucha riqueza en cuanto a influencias. El disco va del rock progresivo al alternativo mientras suma toques espaciales o se entrega a la aridez sin grandes complicaciones. En lo negativo un tanto la producción, que por momentos hunde las voces más de lo aconsejable. O empaña unos instrumentos con otros no permitiendo que algunos desarrollos instrumentales brillen como se merecerían. Tampoco es cuestión de exigirle a una banda que está sacando su trabajo adelante por su cuenta y riesgo sin la ayuda de nadie. Pero cierto es que en estos tiempos en que el oído del fan es a veces tan exigente, o por qué no decirlo, tan pijo, hay que tener cuidado con aspectos como este porque pueden ser un lastre.

Texto: David Naves

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