Reseña: Corvus V «Advenæ» (Maldito Records 2020)

Segundo disco para estos leoneses de Corvus V tras formarse en 2017 y editar ya en aquél año el debut “Inmortal”. La banda la forman a día de hoy Víctor López León (teclados), Adrián Álvarez Provecho “Pro” (bajo), Ben (baterías), Diego Sahe (guitarras), y Rub Serra (voz). Al igual que su primer álbum, “Advenæ” ha sido grabado y masterizado por Alfredo Arold en sus Arold Studios. En la calle desde mediados de noviembre vía Maldito Records.

Un disco marcado por la diversidad que alberga no podía arrancar de otra forma que no fuese con ese toque cinemático, cercano al terror, que despliega “Año V – El despertar” en el prólogo. Superado ese guiño avanza hacia una colisión, más o menos directa, entre groove y hard rock que redunda en un sonido muy propio de personalidad muy profunda. Claro, habrá quienes quieran más de lo uno, de lo otro, o de ninguna de las dos cosas. Si es que al final nunca llueve a gusto de todos. El sonido que les extrae Alfredo Arold, dicho sea de paso, acompaña a los leoneses. Puede que un tanto carente de brillo en estrofas, pero en ningún modo catastrófico. “Shangri-La” embrutece y maquina su ideario, colocándoles cerca de las lindes del industrial. Sobre esa estructura frontal transcurre una línea vocal más emparentada con bandas patrias como Somas Cure o Sôber. En estribillos dice adiós a esos aires marciales para virar hacia terrenos más alternativos y atmosféricos. La colaboración del asturiano Diego Teksuo y el buen crescendo del puente central redondean uno de los cortes más interesantes de todo el disco. Por alguna razón, “No” me recuerda a aquellos Skizoo del ex El Fantástico Hombre Bala “Morti”. Metal alternativo, de buenas voces y estructura sencilla, donde trasluce un gran trabajo de Sahe en guitarras. El groove adquirido conforme avanza el reloj le viene como anillo al dedo, así como esos inconfundibles colchones de Víctor López a las teclas.

Es curioso cómo “Adrenalina”, construida sobre uno de los riffs menos complicados del trabajo, repetido casi de forma incansable, ofrece en cambio una escritura riquísima y diversa. Voces que armonizan registros limpio y rasgado, teclas de aire atmosférico que recuerdan a los Dream Theater más postreros y un final más embrutecido y no obstante sinfónico. Más influencias y sonidos en apenas cuatro minutos que otras bandas en  discografías completas. Chapéu. “Mar De Arena y Sal” rebaja toda esa intensidad en un prólogo empleado por Rub Serra para ofrecer lo más atemperado de su registro. Un pequeño oasis de calma previo a la oscura, y sin embargo sensual, “Vudú”. Canción más extensa de “Advenæ”, embutida en un crescendo que la va llevando, paso a paso, a abandonar el tono oscuro del arranque y circular por terrenos mucho más viscerales. Con un puente creado a mayor gloria de la guitarra de Sahe, culmina en un curioso y no obstante juguetón epílogo.

Falsas Heridas” vuelve a recordarme a la banda de Escobedo y cía. Es un compendio de la cara más alternativa, también melódica, de los leoneses, que no me sorprende por escritura pero funciona a estas alturas del disco. “Súcubos”, con la colaboración de Lidia Bao en voces, emerge con un sonido no muy distante de los fineses Nightwish. Bien construida, con el omnipresente piano de Víctor López acompañando todo el andamiaje melódico, resulta en una de las entregas más exógenas del disco. Tranquilo prólogo para “Deriva”, con Serra declamando meloso sobre una tímida guitarra acústica en un corte al que le ha tocado ser la balada del álbum. Sencilla, minimalista en gran parte, máxime si se la compara con el resto del tracklist, y correcta en cualquier caso.

Soldados De Papel”, con la colaboración de Alberto Medrano, funde los riffs marciales a lo “Shangri-La” con estribillos ampulosos y veloces, arrastrados sobre un doble bombo imparable en otro de esos cortes de escritura diversa y (casi) constante variedad tonal. Un verdadero subibaja directo y despreocupado, de fácil digestión y bastate divertido. “Oblivion”, comandada en su arranque por las cuerdas de Adrián Pro, constituye un mayor acercamiento a territorios progresivos. Bulle en constante cambio, tonal y rítmico, apoyada sobre un riff debidamente retorcido y emerge, eso sí, mucho más convencional en estribillos. Un corte con el que empatizo en gran medida. “Desde Las Sombras” no anda muy lejos de su predecesora en el fondo, si bien en forma resulta bastante refractaria a esta. Más luminosa en cierta manera, pero igualmente todo un tobogán con el que resulta imposible aburrirse. El build-up hacia el solo que corona el puente central es magnífico. Es verdad, la letra me chirría en parte, pero el resto del embalaje me borra cualquier duda. El cierre “Andrómeda”, con el apoyo de Dago Rodríguez, se abraza primero al pop y más tarde al nu-metal. Y lo hace sin miramientos, sin reservas, sin complejos, refractando a cualquier idea planteada previamente y sonando radicalmente opuesta a cualquier idea desarrollada previamente. Desigual y, aún así, sorprendente.

El rock y/o el metal, como tantas otras en este planeta nuestro, ni se crean ni se destruyen. Tan solo se transforman. Y desde luego que no lo hacen componiendo las mismas canciones una y otra vez. Por descontado que no. Lo hacen a fuerza de correr riesgos. Riesgos como los que toman Corvus V a la hora de fundir toda una panoplia de influencias no ya a lo largo del disco, sino a lo largo de las propias canciones, entregando así, durante algo menos de una hora, un tracklist en el que cabe casi de todo. Claro, habrá quien eche en falta aquí algo más de consistencia, de coherencia tonal y compositiva. Un espíritu común que suelde a unas canciones a otras en lugar de desgajarlas. Como dije por ahí arriba, nunca lloverá a gusto de todos. En cualquier caso, a fe mía que quienes busquen un disco atrevido en su escritura y rico en su ideario, lo gozarán durante horas con este “Advenæ”.

Texto: David Naves

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