Reseña: Incursed «Baskavígin» (Helheim Records 2021)

Es el quinto disco largo ya para los chicos de Incursed desde su irrupción en la escena nacional con el Ep “Time to Unsheathe Our Rusty Swords” en 2009. La alineación actual de la banda, ahora radicada en tierras bilbaínas, es la compuesta por Haitz Etxebarria (bajo), Asier Amo (batería), Lander Lourido y Oier Calvo (guitarras) y el Vhäldemar Jon Koldo Tera (voz y teclados). Un disco que profundiza en la cultura y mitología vascas. “Baskavígin”, de hecho, es el islandés para “La Matanza De Los Vascos”. Se trata de un acontecimiento que ocurrió a principios del siglo XVII en Islandia, cuando un grupo de balleneros vascos fue asesinado por la población local tras varios conflictos de convivencia. Aquellos hechos se basaron en la interpretación del libro de legislación islandesa de 1281, llamado “Jónsbók”. Este quinto de Incursed fue grabado, mezclado y masterizado en los Cursed Onion Studios y Chromaticity Studios, viene adornado por el arte de Adolfo Warbanner y su salida estaba prevista para el aciago 2020 pero hubo de ser pospuesta por motivos que ya os imaginaréis. De tal forma que verá la luz el 5 de febrero vía Helheim Records. Bueno, entremos en materia de una vez.

1615” es apenas una pequeña introducción de dos minutos y medio. Pero es elegante y resulta bien construida, con un medido crescendo que da pistas de los sitios por los que transcurrirá el disco en lo compositivo y que, a su vez, nos embriaga del tono predominante del mismo. El tema título “Baskavígin” irrumpe afianzando esa escritura avanzada que se intuye en la introducción con un primer tercio jovial, atrevido, diverso y juguetón. Llegadas las primeras estrofas irrumpe el clásico baile tonal en cuanto a voces, emerge una solidísima base rítmica y brilla una producción capaz de empastar metal y arreglos sin mayores problemas. Más épica en su tercio final y junto con “1615” un estupendo arranque de álbum.

Who Stole My Beer?” viene para ofrecernos la cara más despreocupada y fiestera de la banda ahora radicada a orillas del Nervión. Teclas que ganan en presencia, guitarras que doblan arreglos de cuerda y patrones más sencillos en uno de esos cortes para disfrutar más con el corazón que con la cabeza y que habrá de encandilar a los fans más parranderos del género. Ya desde el prólogo, “The Black Hunter” avisa de que seguirá derroteros si bien no del todo opuestos, sí que bastante refractarios con el tema precedente. Medio tiempo pesado, valga la redundancia, con estribillos cargados de épica y un gran build-up antes de las elegantes melodías que coronan el puente central. Viene bien para rebajar la algarabía que porta el disco en su arranque. “Colossal” se va hacia terrenos lindantes con el black metal, a lo que ayuda en gran medida ese prólogo a calzón quitado y el aire a los suecos Thyrfing que desprende en cuanto llegan las estrofas. Disfruto de su gramática clásica pero diversa, así como de los buenos arreglos de los estribillos y de la notable labor de la dupla Lourido y Calvo. También del violín que adorna el puente y de un final de lo más resultón. Divertida.

Eusko Troll Label”, en cambio, camina por sendas más cercanas al power. Y lo hace sin ningún complejo, divergiendo incluso en cuanto al tipo de arreglos utilizados, y dejando claro que no estamos ante un disco que se limite a explotar una única senda sin más. Al menos en lo rítmico. Aprovecha bien sus apenas cuatro minutos y medio para mostrar una escritura nuevamente atractiva, una más que decente línea vocal y la sensación de que podría funcionar muy bien en directo. Con “Into The Curse” aparece la cara más melódica de Incursed. También la más folkie, con los arreglos ganando peso de manera notable en el arranque y con el susurrar de Koldo en las estrofas. Va virando hacia parámetros más reconocibles conforme se acerca a su (estupendo) tronco central, pero en cualquier caso resulta uno de los cortes más personales del quinto de los vascos.

Patxi Porroi”, que en palabras de la propia banda habla sobre “un ermitaño de los bosques vascos que ha dedicado su vida a la alquimia y la elaboración de cerveza… siendo él quien también consume todo lo que crea”, no resulta tan festiva como su leitmotiv hace intuir hasta alcanzar el puente central. Será ahí donde emerja sin remedio su faceta más fiestera primero y la más exhibicionista en lo instrumental después. Duelo guitarra – teclado inclusive. “Paganauts” me sorprende menos que sus compañeras. Aprecio esos buenos estribillos a voz limpia, ciertos riffs durante las estrofas, los buenos solos que conducen al puente central e incluso el aire a los viejos Enslaved del tercio final. Todo funciona, es verdad, pero nada alcanza a destacar por encima de sus compañeras de tracklist. “Souls On Fire” es abruptamente folkera, en ritmos pero sobre todo en arreglos. Siendo como es profunda y abiertamente genérica, resulta terriblemente adictiva y ganchera.

El cierre es para los diez minutos de “Saltus Eta Ager”, de prólogo tranquilo y reposado tras el que irrumpe un medio tiempo comandado por las buenas melodías de la dupla guitarrera. De arreglos más atemperados y prolija en cuanto a tonos y líneas vocales. Sorprende en el puente con esas voces limpias a lo Borknagar y se desliza hasta el final con más aciertos que errores resultando en un más que notable cierre.

Lo he recalcado varias veces durante la reseña y es verdad: pese a tratarse en gran medida de un disco de género, especialmente en lo tonal, “Baskavígin” es un álbum agradablemente diverso en ritmos así como rico en influencias, donde se adivina un trabajo más que notable en cuanto a composición y no menos en ejecución, tanto en lo metálico como en lo ornamental. Un disfrute que sus fans habrán de devorar con gusto y que muestra a una banda totalmente asentada, centrada y completamente segura de sí misma. Pienso, sinceramente, que “Baskavígin” debería de granjearles un buen puñado de nuevos seguidores, si bien es cierto que en este mundillo uno nunca sabe a ciencia cierta qué está por venir a la vuelta de la esquina. El tiempo, ese juez implacable que da y quita razones, será quien dicte sentencia. Y nadie más.

Texto: David Naves

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