Reseña: Shrines Of Dying Light «Sadness» (Autoproducción 2020)

Shrines of Dying Light es engendrado en el cantón suizo de Argovia durante el verano de 2016 por el vocalista y guitarra rítmico Julian Roßdeutsch y el guitarra solista Roman Zemp como side-project, a ellos se unirían el bajista Roger Dürring y el batería Michael Huber con el propósito de conformar una banda a tiempo completo y las miras puestas en entregar un doom metal “desarrollado, ambicioso y único”. “Sadness”, que sucede a su debut de 2016 “Insomnia”, fue grabado por el propio Roman Zemp para que después Michael Hahn (Infested, Iron Angel, Pagan Altar, Aeternitas) corriese con la mezcla y el máster. Del artwork se encargó Augusto Peixoto de IronDoom Design.

El disco arranca con la atenazadora “Entering Infinity (Prelude)”. Dos minutos repletos de oscuridad que anticipan el tono general del disco al tiempo que muestran visos de por dónde va a transcurrir a nivel lírico. Sury, voz femenina y única colaboración del álbum deja voces tenues, oníricas y reverberantes y todo da paso al primer tema con verdadera enjundia del trabajo. “Whispers (Sadness Part 1)” arranca en reposo, a voces limpias, para ir ganando peso con el transcurrir de los minutos y la irrupción del registro más hosco de Roßdeutsch. Doom death clásico, que posiciona al disco cerca de bandas como Saturnus, October Tide, Mourning Beloveth etcétera. Se atenúa de forma abrupta en su puente central y culmina tan canónica como elegante. No desprende un mal sonido en líneas generales, máxime si tenemos en cuenta que todo esto ha corrido de su cuenta y sin el apoyo de ningún gran sello detrás.

Tragedy In The Woods”, donde regresa Sury para acompañar con su bello registro al Roßdeutsch más liviano, pronto evoca al doom británico de comienzos de los noventa en un riff de puro y añejo My Dying Bride donde solo faltan arreglos de cuerda para terminar de redondear la semejanza. Y aún arrastrando esa marcadísima influencia en su ADN, me parece un tema respetable. Lo es por construcción, menos evidente de lo que aparenta y rica no tanto en cambios de tono pero sí de ritmos. “Flowers” rompe con la tónica general del disco para entregarse a un desarrollo ligero de guitarras livianas y voces limpias. La calma después de la tormenta, también en el aspecto lírico.

Tras el breve interludio “Into Singularity” surge “Saddest Man (Sadness Part 2)”, que retorna al tono general del álbum pero desplegando una serie de riffs algo más luminosos. Bien construida, de nuevo, en especial ese crescendo que conduce hacia el puente central, donde la banda pone los ocho cilindros a trabajar y todo encaja al dedillo. Gana en intensidad en su tercio final, donde a pesar de la buena interpretación me resulta un tanto predecible. El prólogo de “Void” sí que incorpora los arreglos de cuerda que “Tragedy In The Woods” pedía a gritos. Con los cimientos bien apoyados por uno de mis riffs favoritos de todo el disco, una escritura que gana en diversidad y un tono un tanto divergente con el resto de temas, no tarda en convertirse en uno de los temas con los que más he empatizado de todo el trabajo.

El pesado prólogo de “Farblos”, pronto nos reconduce al tono general del disco. Su tercio inicial, de hecho, pasa por ser el más pesado de todos cuantos conforman el segundo de los suizos. Más tarde y camino del puente central, resurgirán nuevamente vestigios de post-punk, alimentados por el registro más limpio de Roßdeutsch, y todo derivará hacia la calma al alcanzar el tronco central. De ahí al final transcurre anticipando una tempestad que nunca llega. Truena sin que llueva. El postludio final de “Solitude” recuerda a las entregas más ligeras de Evoken apoyada en el piano, los coros de Sury y las voces más cristalinas de todo el trabajo. Elegante final.

Imsomnia” no es, desde luego, el santo grial del doom que anticipaba la nota de prensa. No les culpo por ello. Después de todo “hay que vender el muñeco” que diría el tristemente desaparecido Andrés Montes. Tampoco es un álbum catastrófico, ni mucho menos. Es, en gran medida, un disco de género. Y como disco de género que es, tiene sus puntos fuertes (la sólida construcción de canciones) y puntos flacos (que no es la primera vez que oyes esto). Sí, “Void” resulta disruptora, y cortes como “Tragedy In The Woods” me parecen dignos de atención, pero en ningún caso estamos ante una obra que venga a cambiar el paradigma del género. Más bien parece querer reforzarlo y, por ahí, no dudo que tendrá adeptos. Avisados quedáis.

Texto: David Naves

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