
Black death industrial y aterrador contra la máquina. El debut de los extremófilos de Manchester The Machinist viene para hacer saltar todos los resortes, encabronar a los seguidores más intransigentes del soniquete extremo y poner en guardia a los más rupturistas. Ellos son John T (sintes, programación de baterías y voz), T&K Mackinnon (guitarras) y Scott W (voces). A la venta desde el 4 de diciembre. Y como quiera que el sello no ha tenido a bien decirnos quién ha producido, grabado o mezclado esto, hasta aquí las presentaciones.
Tras una pequeña introducción “Extinction Event” irrumpe con inusitada virulencia apoyada en unas baterías casi imposibles sobre las que se apoyan una serie de riffs de una diversidad casi tan lacerante como la propia velocidad que, por momentos, despliega este brutal primer asalto. Hay de todo. Partes más épicas, otras más veloces, incluso momentos en que la banda parece una especie de SepticFlesh del espacio exterior. Una gran carta de presentación, con una producción además que acompaña, aglutinando toda la amalgama sónica sin mayores problemas.
“Skin Is Not Enough” sorprende con un prólogo demente y marcial, que tal parece el hijo el hijo bastardo entre Rammstein y Anaal Nathrakh. Tras ese impás inicial recurre a postulados más reconocibles con un black – death pomposo y bien ejecutado. Empatizo menos que con el tema inicial, lo que no quita para que aprecie en buena medida ese profundo impás que conduce al estupendo puente central y ese final, desbocado, grandilocuente y violento con que culmina. En este momento ya empiezo a pensar que esto pinta muy bien.“The Sky Has Opened” profundiza en esos postulados frenéticos, pero se adorna de melodías más estilosas, de guitarras más cristalinas, y entrega unos estribillos poderosos, muy frontales, que te taladran el cerebro durante días. Alcanza el puente y se retuerce, vuelan las costuras y todo adquiere mayor diversidad tanto tonal como rítmica. El final, sorprendente por clásico, se me antoja la guinda perfecta.
Con la instrumental sintética “Approach” cogemos resuello. Dos minutos y medio de calma que bien podrían adornar la acción de tu serie sci-fi favorita de la temporada. Su crescendo final conduce hacia “Bleak Affirmations”, otra entrega pesada y maquinal, donde el metal industrial más cabecero colisiona con graves arrancadas de metal extremo oscuro y galopante. Más espacial en su prólogo, también más árida y asfixiante, pero tengo la sensación de que sin el brillo de sus compañeras. La corta “Depopulate” nos devuelve por momentos al grind demente y violento de Anaal Nathrakh en una entrega corta en tiempo y escasa en escritura. Canción en zona roja durante buena parte de sus apenas cuatro minutos y que, presumo, resultará ineludible en los futuros, y aún hipotéticos, conciertos de la banda.
“Death Cults Of Abraham” es el vehículo para que The Machinist exhiban su cara más tranquila. Dentro de lo que cabe, claro, en un álbum como este. Largo prólogo a medio gas, tranquilo incluso de no ser por esas voces en puro desgarro. Inequívocamente marcial en estribillos, donde emergen algunos de los riffs más pesados de todo el trabajo. Si “Depopulate” era el escaparate de los ritmos más veloces, y ésta lo es de los más marciales, “Magnificent Desolation” vendría a ser el empaste de ambas vertientes. El octavo corte del disco sorprende por esas voces periféricas del prólogo y el contraste que éstas ejercen con el resto del álbum. Tras ese prólogo extraño surge otro corte igualmente exógeno por arreglos, emparentado con aquella escritura, por momentos impredecible, que exhibían los cortes iniciales del disco. Otro de mis favoritos.
“Departure” deviene en otra nueva introducción. Esta vez del tema final, y entrega más extensa del tracklist, la epatante “Schwarzschild Radius”. El tema final del disco es inicialmente pedregoso y serpenteante. Valga la redundancia. Exhibe un músculo casi desconocido en el resto de temas precedentes, así como un aura de lo más distintivo. Una vez rotas las hostilidades, deriva hacia otro tema diverso más en cuanto a tono, por momentos de pronunciada grandilocuencia, que en cuanto a ritmos. Un tema final que más que aglutinar todos los ingredientes ofrecidos anteriormente, se muestra extrañamente refractario a ellos y emerge con sonido e identidad propios. El final, con esas voces casi monacales, se me antoja el mejor de los broches.
¿Puede que hayamos hecho un descubrimiento? O es el hecho de no escuchar más de tres o cuatro discos del género al año lo que me confunde? No alcanzo a saber cual de las dos es la correcta. Tal vez una no tenga por qué excluir a la otra. “I Am Void” es violento en gran medida, diverso casi siempre y aburrido casi nunca. Suena bien, empasta sin problemas una amplísima gama de tonos y otra no menos vasta de ritmos y se adueña de tu atención durante buena parte de sus más de cincuenta minutos. Una sorpresa, postrera y enigmática, pero sorpresa al fin y al cabo.
Texto: David Naves