
Tercer intento para los gallegos de Atreides tras debutar en 2015 con “Κόσμος” y proseguir dos años más tarde con “Neopangea”. La banda se compone a día de hoy de Adrián Moa (batería), Ori (bajo), Dany Soengas (guitarra y voces rasgadas) e Iván López (voz principal). El propio Soengas ha compuesto música y buena parte de las letras, a excepción de “Varados” y “Sin Perdón”, alumbradas por el vocalista Iván López. “Ordalía” se grabó en el vigués DS Audio a lo largo de 2019 y 2020 para ser posteriormente masterizado por Sebastian “Seeb” Levermann de los germanos Orden Ogan y que ha trabajado para gente como Asphyx, Brainstorm, Ross The Boss o Rhapsody of Fire. A la venta si nada lo impide a partir del 16 de febrero.
Soengas aporta su registro rasgado como contrapunto a la voz melódica de López, así como una interesante serie de riffs, para el arranque con la escueta, pero interesante por diversa, “Somos Lo Que Somos”. Arranque poderoso este, de cuidada escritura y que bien merecía algo más en cuanto a duración, pero que en cualquier caso te introduce de cabeza en el disco sin necesidad de introducciones ñoñas y recargadas. “Herederos De La Fe” rebaja la visceralidad del tema inicial, pero de nuevo transita sin entregarse a una escritura lineal, aportando una variedad gramatical que da buenos réditos como sustento a la línea vocal de Iván López. Estupendo trabajo solista de Soengas durante el puente. “Flor de Madrugada” aporta un tono más melancólico así como mayores dosis de melodía al canon dominante del trabajo. Estrofas desnudas, casi susurradas, que conducen hacia estribillos de lo más funcional. Todo sobre un andamiaje más convencional, que alude directamente a la cara más melódica de los gallegos.
“Ordalía”, que da nombre al trabajo y donde cuentan con la colaboración de un tal Alberto Cereijo, es un medio tiempo que recupera los bríos compositivos de comienzo del álbum. Un tema, por tanto, menos predecible, más diverso, bien construido y mejor ejecutado, donde el solo del insigne guitarrista de Los Suaves resulta la guinda perfecta. La instrumental “Mi Gran Culpa” deriva más decidida hacia el power europeo al tiempo que aporta cierta épica al conjunto, resultando en un corte distintivo dentro del trabajo. Sirve de introducción a “Servet”, donde regresan las voces rasgadas de Soengas en una composición que, especialmente en estribillos, me recuerda a los Avalanch del siempre recordado “El Ángel Caído”. De todas formas, y lejos de ser un calco de los asturianos, brilla gracias a una buena labor interpretativa así como también por lo diverso de su escritura.
“Varados” es un medio tiempo fino y bien arreglado, donde brillan los solos de Soengas y una buena línea de batería de Moa. Si bien no brilla por original, sí que ofrece buenas intervenciones en lo técnico. “Sin Perdón” es power muy a la española, con los nombres habituales resonando tras sus acordes. A saber: Vhäldemar, WarCry, algo de Saratoga incluso, donde el mayor punto disruptor es la voz de Soengas. Un corte de lo más funcional y que podría darles buenos réditos sobre las tablas toda vez mandemos la pandemia a tomar vientos.
Para la suite final “Cruz Del Sur”, dividida en tres partes, cuentan con las colaboraciones de Emi Ramírez (Iron Hunter, Midnight Rites, Unhuman Nature), Icko Viqueira (Aquelarre) Diego Sanjorge (Pacho Brea) y Paco Paz (Iron Hunter).
“La Partida”, primer corte de esta tripleta final, es también el corte más extenso del trabajo. Ocho minutos que arrancan tranquilos y tornan en medio tiempo primero y en power refulgente y poderoso después, dejando por el camino varios de los momentos más destacados en cuanto a interpretación de todo el trabajo. “Ascensión” es un crescendo que quizá se quede un tanto corto en duración y que nos lleva hasta la final “Clarividencia”, cierre a toda máquina para un interesante álbum que se resiste a ser una entrega de género más.
Diversidad y buenas interpretaciones. Variedad en lo tonal y cuidada gramática. A estas alturas uno no pide mucho más a la hora de enfrentarse a un nuevo trabajo de la incesante escena heavy/power estatal. La tercera propuesta de los gallegos sabe mantener la atención del oyente sin necesidad de recurrir a baratos trucos de salón, lo cual es un valor a resaltar en los tiempos que corren. En su contra, quizá, canciones que bien merecían algo más de espacio para un completo desarrollo. Y jugando un poco a abogado del diablo, pensar en que habrá de luchar por hacerse un hueco contra discos muy esperados por el fan medio del género como el debut de Alderaan, por decir uno, o lo nuevo de una banda ya consolidada como Headon, por decir otro. Estaremos atentos.
Texto: David Naves