
Tras la ya lejana reseña de sus compatriotas de Heathen Beast, vuelta a tierras indias con la idea de traer a estas líneas a los thrashers de Bloodkill. Nacidos en Mumbai (Bombay) allá por 2016 y que debutan ahora con este “Throne Of Control” con producción de Keshav Dhar (Marty Friedman, Carnage Inc., The Mantle…) y arte del Inner Sanctum Gaurav Basu. La banda la forman Jay Patil (batería), Yash Wadkar (bajo), Vishwas Shetty y Shubham Khare (guitarras) y Anirudh Gollapudi (voz). El disco está en la calle desde el 19 de enero.
Cinemático crescendo para que la breve introducción “The Unveiling” nos sumerja en “Blindead Circus”, de caminar groovie y donde se hace fuerte un riff con tintes de Anthrax en particular y del thrash más saltarín en general. Una idea que se afianza conforme el tema gana en prestancia y la base rítmica en presencia. Se hunde en tonos más pesados en el puente, donde asoma el hocico un estupendo solo de Khare. El sonido brilla, máxime teniendo en cuenta que esto ve la luz vía autoedición. Es compacto, dota a todos los elementos presentes de la debida cuota de protagonismo y no antepone unos recursos a otros. Además lo hace sin olvidar ese toque sucio y callejero al que el género obliga. Buena dupla inicial.
“False Face” pierde revoluciones, camina sobre una escritura más aplanada y se empapa de la mejor labor de Khare como solista, convirtiéndose éste en amo y señor del largo epílogo. Un tercer corte que afianza el thrash más pesado y monolítico que es santo y seña de los bombaitíes. “3B” sorprende con ese despertar melódico. Aún más con el contraste que ejerce contra la voz cazallera de Gollapudi. Es un corte donde no cuesta encontrar ecos de los Slayer más machachones. Es otro corte rocoso, entregado a un caminar fangoso y abotargado, donde vuelve a brillar la guitarra de Khare, envuelta ahora en sonoridades que la emparentan, levemente eso sí, con el death melódico nórdico. Ojo a los gritos descarnados de Gollapudi en su tercio final.
El prólogo de “Unite And Conquer” se entrega sin condiciones a un metal ochentero, en tono y ritmo casi maidenesco, y refracta con casi cualquier otra cosa dentro del debut de los indios. Luego reconduce hacia su habitual thrash arrastrado y fangoso, volviendo ocasionalmente al tono inicial durante el puente para que Khare vuelva a sacarle brillo a las seis cuerdas. No me aburre, tampoco me sorprende. “Horrorscope”, en ningún caso emparentada con la homónima de los neoyorquinos Overkill, resulta en un metal más brioso en lo rítmico y más afianzado en lo gramático, con constantes subidas y bajadas, y donde brilla una notable labor de Patil tras la batería. El buen crescendo del epílogo bien merecía un desarrollo algo mayor. “For I Am The Messiah”, adelanto del disco allá por los primeros días de diciembre, lleva su ideario un paso más allá, afianzando la buena escritura de sus habituales partes lentas, trufándola de otras, ahora sí, plenamente groovies, que no funcionan mal del todo. Brilla reverberante Karhe en una larguísima demostración de habilidades que copa casi dos tercios del final de un corte, por otro lado, con el que empatizo en gran medida.
A excepción hecha de su tercio final “Throne Of Control” exhibe un thrash metal clásico y veloz que podría hacer las delicias de cualquier admirador del género. En su epílogo retorna al canon habitual del disco y por ahí resulta más previsible, produciendo una sensación un tanto extraña en conjunto. Mucho arrastre y poca velocidad en el debut de Bloodkill. “Throne Of Control” es un trabajo digno en lo interpretativo y no tanto en lo gramático. Mucha repetición de patrones chocando contra una destacable labor vocal, diversa en tonos bajos y altos. Grandes riffs y solos pero un empleo, a veces desmedido, del mismo modus operandi en el andamiaje de los temas. En definitiva un primer trabajo interesante más por lo que deja intuir de cara a futuras entregas que por lo que muestra.
Texto: David Naves