Reseña: Los Males Del Mundo «Descent Towards Death» (Northern Silence Productions 2021)

Black metal bonaerense con Dany Tee de Acathexis y Cristian Yans, a quienes se ha unido, tanto tocando el bajo como en todas las labores de producción, el alemán Nikita Kamprad. Los Males Del Mundo nacieron allá por 2016 para debutar cuatro años más tarde con un Ep homónimo y autoeditado de dos temas. Los cinco cortes de black añejo y melancólico que contiene ahora su debut en formato largo “Descent Towards Death” vienen elegantemente adornados por el arte del estadounidense Matt Lombard (Cradle of Filth, Aesma Deva, Sarah Jezebel Deva…) y han visto la luz el pasado 26 de febrero vía Northern Silence Productions.

El arranque no podría ser más inspirador. Al menos para quienes gustamos de forma habitual de ingentes raciones de black metal insuflado del irresistible espíritu noventero. Cabe mencionar la escueta narración que adorna su breve prólogo, así como el ritmo lento, casi quejumbroso, del que hace gala en su largo primer tercio. Arrancar el álbum con un corte de doce minutos, el más extenso de todos de hecho, suena a pura declaración de intenciones. Explota superados los tres minutos para introducirnos en un black metal veloz y clásico, pero también melancólico y en cualquier caso terriblemente efectivo, salpicado de interludios más pesados y dueño de una estructura más que notable. Tee, al que sigo la pista desde el meritorio disco debut con Acathexis (Fallen Empire Records, 2018), se encarga de voces y baterías, así como de un aspecto lírico, en palabras de la propia banda, inspirado por los filósofos Friedrich Nietzsche, Emil Cioran y Arthur Schopenhauer. La producción del agregado germano Nikita Kamprad dota de cierta grandiosidad al conjunto aunque sin excesos, de lo que se benefician una serie de riffs bien elegidos y mejor interpretados, en especial durante los pasajes más rápidos del largo epílogo. Una arranque con el que conecto en gran medida.

Nothing But A Lie” parte peras con el tema previo e incorpora riffs más disonantes así como una escritura mucho más rica en cambios de ritmo. Tee adopta, a su vez, tonos más cargados de desesperanza, lindantes con el depresivo de bandas como Nyktalgia, Sterbend o Silencer, pero sin perder del todo la perspectiva, conjugándolo sabiamente con su arisco tono habitual, y el corte reluce como uno de los más personales del debut de los argentinos. “Eternal Circle Of Vain Efforts” posee la mayor carga melódica del disco. Por momentos me recuerda a Dissection o, por ende, a Sacramentum, especialmente cuando el tacómetro sube hasta la zona roja, y tiene en los cuidados solos de Andy Tee su mayor valor, sin olvidar tampoco la cuidada escritura de su tercio final. Estupenda.

Epata la grandilocuencia inicial de “The Silent Agony”, donde la producción de Lampard lustra un primer tercio que me recuerda al estupendo último álbum de los portugueses Gaerea, y por añadidura a los polacos Mgła, que me engancha por lo variado de su escritura, y que sirve para que Tee exhiba su mejor cara como guitarrista. Estupendo puente a medio gas, que precede a un final cuya línea vocal alberga un par de guiños, tan poco disimulados como sorprendentes, a los británicos Cradle of Filth.

Buen arranque el que ofrece la final “The Heavy Burden”, primer paso de un corte que se irá hasta los diez minutos desde este prólogo acompasado y repleto de doble bombo. Superado ese primer tercio, se ennegrece y atempera, las guitarras palidecen en la distancia y la voz de Tee inunda cada rincón. Recupera todo el vigor y toda la velocidad en el puente, pero lo hace acompañándose de una serie de riffs de corte melancólico y tristón que le sientan como un guante. Más retorcida al final, donde acampa un solo de aroma floydiano para terminar de conformar un estupendo cierre.

Descent Towards Death” tiene los mimbres necesarios para convertirse en el primer gran disco de black metal del año. Nada en él te cogerá de nuevas, pero tampoco te aburrirá. Oscila entre el black más noventero de su inicio, el más disonante después y termina virando sin complejos a territorios más contemporáneos. Un cajón de sastre que resume buena parte del metal negro de los últimos treinta años y cuya mayor pega podría ser la falta de una fuerza que cohesione todo el ideario y lo dote a su vez de una personalidad de mayor fortaleza. Para lo bueno y para lo malo, no deja de ser un disco debut. Ojalá lleguen más.

Texto: David Naves

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