
Siempre nos quedará la música. Digo esto porque la información que nos envía el sello con respecto al disco es escasa, por no decir que inexistente. Literalmente la formación, esto es, Tim van Bokhoven (voz y guitarra) Pim van Zuilen (voz, guitarra y teclados) Koen Koniuszek (guitarra), Chris Stadhouders (batería) y Jasper van der Hoeven (bajo y coros), que proceden de Países Bajos y que el álbum se encuentra ya en la calle vía WormHoleDeath Records. Normalmente y visto el poco interés puesto por parte del propio sello, lo fácil habría sido declinar todo ofrecimiento en pos de cualquier otra propuesta. Si aún con esas he visto necesario traeros hoy a estos The King’s Head creedme que ha sido porque he considerado pese a todo que había razones más que sobradas para hacerlo. Dejadme que os las explique.
De apropiado nombre, “Rise” da inicio al álbum de los neerlandeses de manera pesada y marcial en riffs y tirante hacia el grunge en estrofas. Modernizando los noventa o viceversa. Directo y simple en escritura, no exento de buenos riffs durante su desarrollo y más pétreo y metálico al final. El sonido, sin alcanzar a ser espectacular, circula lejos del desastre. Cumple a la hora de incorporar todos los elementos presentes de forma precisa y ya estaría. “The Far Beyond” porta un arranque más melódico, agarrado a lo mejor de Alice in Chains, poso melancólico inclusive, a lomos de una producción inequívocamente más contemporánea. Descarnada y groovie en el puente central y más elegante en su epílogo. Sencilla y efectiva. “The Fall” es más iracunda y cavernosa. El riff hunde sus uñas en el doom más clásico y van Bokhoven extrae lo más alto de su registro para uno de los cortes más avezados de todo el trabajo. Cadencioso, serpenteante y no obstante melódico durante el previo al extraño puente central. Redondo, estupendo.
El primer remanso del disco lo aporta el prólogo de “Anymore”. Guitarras ligeras, contornos tranquilos y buenos arreglos. Balada en crescendo, de estructura no obstante juguetona y que huye del canon habitual de este tipo de temas aunque solo a medias. “Older” acompaña su estructura clásica de un juego de voces que la dotan de cierto aire de extrañeza. Extraño es también ese impás melódico que producen las guitarras dobladas previo al puente central. Así como ese epílogo nuevamente árido y rugiente. Un corte extraño y peculiar con el que empatizo en gran medida. “Miss Comprehension” vuelve a deslizar otro arranque pausado y calmo, así como un mayor acercamiento al metal progresivo que insufla nuevos aires al disco. No obstante es un tema teñido de desesperanza, de poso descorazonador y afligido. Aunque de escritura rica y diversa, no obstante se disfruta más con las tripas que con la cabeza. Sensacional en cualquier caso.
Como queriéndose quitar toda esa desazón de encima, es verdad que “Borderline” resuena algo más vitalista. O al menos lo hace durante su corto prólogo. Eminentemente melódica pero igualmente agresiva por momentos. Funciona más por contraste con el corte precedente que por una escritura brillante. Los versos declamados a lo Lane Staley de van Bokhoven en el reposado primer paso de “Should I Be Home” hacen intuir un corte abrazado sin complejos al grunge más primario. Y termina siéndolo, aunque con matices. Porta, como no podía ser menos, otro gran trabajo a nivel melódico. Sin inventar nada, cierto es, pero de palpable elegancia. Por ponerle un pero: que su escasa duración lastre el buen crescendo que aparece en su epílogo.
Gritona y farragosa, “Mountainess”, que lo mismo guiña al thrash más machacón de los 90 que al prog o al grunge, resulta en un entretenido subibaja de tonos, ritmos y, sobre todo, influencias, que refracta a todo lo escuchado con anterioridad. Mención especial a ese cierre melódico, atmosférico y elegantísimo. Magnífica. “Waiting” es más liviana, tanto en la afinación de sus guitarras como en lo, por momentos, dulce de su línea vocal. Llega a lindar con el pop, también con el hard rock, y resulta otra propuesta exógena donde destaca el solo reverberante que adorna el puente central. Curiosa. La final “White Horse” me recuerda en cierta forma a “The Far Beyond” de comienzos del álbum. Otro tema rocoso y apesadumbrado, que anticipó al disco pero escondiendo en esa escritura más predecible muchas de sus cartas.
El debut homónimo de estos The King’s Head puede no resultar memorable pero en ningún caso irrelevante. Construye desde el grunge todo un ramillete de temas diverso y atractivo, casi siempre entretenido y casi nunca conformista, cuya escritura acostumbra a huir de repeticiones y al que solo lastra una producción que está lejos de resultar espectacular. No está mal, sin embargo, para tratarse de un primer disco, aunque asustará a quienes busquen aquí una propuesta más cuadriculada y previsible. Por contra, los fans de los sonidos de finales del pasado siglo en particular y aquellos que gusten de escrituras floridas y poliédricas en general lo disfrutarán en gran medida. Palabra.
Texto: David Naves