Reseña: Red Cain «Kindred: Act II» (Sliptrick Records 2021)

Segundo largo para los proggies de Calgary, Red Cain, tras debutar en corto con el Ep homónimo en 2016 y en largo con “Kindred: Act I” tres años después. “Kindred: Act II” fue grabado por Taylor Gibson (batería), Evgeniy Zayarny (voz) y Tyler Corbett (guitarras), quien cede el puesto cara al directo a la dupla formada por Andrei Buldan y Carlos Cruz. Producido por Evgeniy Zayarny y Tyler Corbett y mezclado y masterizado por el propio guitarrista norteamericano. El artwork que lo adorna es obra del dúo Timur Khabirov y Piotr Jamroz. En la calle desde el 22 de enero.

Comienzan las hostilidades con “Kindred”. Corte sencillo en lo gramático, entretenido en lo técnico y diverso en cuanto a voces. Zayarny declama con su registro a lo Roy Khan una notable línea vocal que no duda ni en enfangarse en tonos bajos ni escatima altos propios del power europeo. Corbett deja buenos detalles a lo largo de la composición, en especial a la hora de enlazar estrofas, y a falta de una producción más pulcra, tampoco puedo decir que me aburra con esta primera entrega del álbum. “Demons”, arreglos mediante, resuena más contemporánea, lo que sumado a ese registro de Zayarny lleno de tintes góticos termina por diferenciar a este corte del resto de propuestas habituales del género. Más juguetón en cuanto a escritura, resulta finalmente más filigranero que su predecesor así como más personal en cuanto a tono.

Piano y calma para el prólogo de “Precipice Of Man”, que quebrará después para entregarse a la faceta más pesada y rocosa de los albertanos. Atemperará después el tema para entregar un metal cadencioso, melancólico y tranquilo, transitando en un buen crescendo hasta el notable final. Corte poliédrico, cuya identidad llega a resultar un tanto dispersa. “Baltic Feet” es un subibaja entre pasajes cercanos al black metal más sinfónico y otros donde emerge un metal mucho más rústico y convencional. Tema abiertamente bipolar en lo tonal y correcto en lo interpretativo, que desde luego no gustará a aquellos que gustan de escrituras cuadriculadas, estilizadas y predecibles.

Varyag And The Shrike” recupera en cierta manera aquél tono oscuro que desplegara “Demons” así como también una escritura más definida, bien ornamentada, donde vuelve a brillar la  buena labor de Zayarny con una más que notable línea vocal. Como notable es también la labor de Corbett aquí, tanto en solos como en riffs, en especial cuando cabalga a lomos de un power metal tan sencillo como disfrutón. De las más certeras de este segundo acto. “Sons Of Veles” transcurre entre el marcadísimo groove de sus estrofas y la relumbrante épica de sus estribillos, dejando entre medias un buen solo de Corbett, mucho baile tonal y un epílogo pegadizo (cuando no pegajoso) de los que se te graban en el cogote durante horas.

Sunshine (Blood Sun Empire)” que precedió al disco allá por julio de 2020, cierra lo nuevo de Red Cain mientras transcurre entre el power metal más canónico y un metal relleno de groove que linda con el melodeath más maquinal y contemporáneo. Otro tema bicéfalo, que amarás sin medida o te sacará de quicio. No caben medias tintas pero sí un baile tonal y rítmico que es, en definitiva, el verdadero leitmotiv del álbum.

El telón echa el cierre y las luces nos bañan de luz demasiado pronto. Los treinta y seis minutos que entrega esta segunda obra de los canadienses se antojan muy pocos para tanto ideario como despliegan los siete cortes que incluye. Groove, power, black, algo de melodeath e incluso flirtea con el gothic. Todo tiene cabida dentro de este “Kindred: Act II” y en una época donde se estilan trabajos cada vez más extensos, resulta curioso encontrarse con álbumes como este. Cierto es que apenas da tiempo a aburrirse entre tanto subibaja, pero no puedo evitar quedarme con la sensación de que hay ideas que no llegan a desarrollarse todo lo bien que deberían por lo exiguo de su escritura. Para fans de lo diverso, lo atrevido… y lo fugaz.

Texto: David Naves

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