Reseña: Warzaw «Werewolves On Wheels» (Autoproducción 2021)

¿”Werewolves On Wheels” por la película homónima del 71 (aquí llamada “La profecía del tarot”) dirigida por Michel Levesque? Pues no lo sé y tampoco la biografía que nos envían dice nada al respecto. Sí dice que en este primer disco de los nórdicos hay gente de Shotgun Rodeo, Pelagic y Blånæggel. A saber: Mats Sødahl (batería y coros), Trond Jullumstrø (guitarra, bajo y coros), Håvard Alvarez (guitarra y coros) y finalmente Daniel Rønning (voz). Grabado a caballo entre Lair Shrediablo y Studio Nubdal entre los meses de junio y julio de 2020 con el propio Trond Jullumstrø a los controles. Roar Nubdal corrió con mezclas y masterización mientras que el artwork, cuyo background parece digno de una vieja banda recién escapada de la psicodelia más alucinada, corresponde al estudio TKS Lowskill. En la calle desde el 29 de febrero.

Canción homónima como inicio de las hostilidades. “Werewolves On Wheels” es metal debidamente añejo y clásico, claro, donde echo en falta riffs con algo más de color, en especial durante las estrofas. También algo más de duración. Ecos de Kiss en algunas melodías vocales, de Judas Priest en la construcción de los solos de guitarra y un levísimo toque thrash para el final de este correcto arranque. “The Second Banana” calca la duración del tema título, sigue en gramáticas clásicas pero se eleva con respecto a esta al ofrecer una mayor labor técnica que su predecesora, con riffs más trabajados y solos menos estandarizados.

Con “Adieu” llega el primer cambio tonal del disco. Acercamiento desacomplejado al rock más pesado y, hasta cierto punto, macarra, para un corte que guiña el ojo a bandas vecinas como The Hellacopters, Hardcore Superstar o, en menor medida, Backyard Babies. “Dragging Knuckles” lleva esos ritmos más marcados más cerca del metal, lo que sumado al tono épico que desprende su estribillo le confiere a este cuarto tema del álbum un aroma a lo Grand Magus con el que empatizo en gran medida.

Midas Touch” es una balada / medio tiempo que brilla por lo agradable de su escritura y también por el desempeño solista de la dupla Jullumstrø y Alvarez. Un buen final para lo que sería la cara A de una hipotética edición en vinilo. “Burner” manda esa calma al carajo y, a pachas entre el macarrismo de “Adieu”, un riff que encajaría sin problemas dentro de “Defenders of the Faith” y un estribillo de escuela Scorpions, construye un corte/coctelera que tiene gancho por los cuatro costados. Lástima lo escaso de su duración.

Spitfire” aporta a la mezcla una mayor diversidad en riffs así como buenos cambios de ritmo y un estupendo duelo solista dentro del puente. Y pese a todo, no llega a engancharme del todo. Misterios de la vida. Lo bueno de “Deathwaves” es que entrega por completo el brío que anticipa en su prólogo en la que es una de las entregas más directas del trabajo. Lo malo es que, claro, su escritura se resiente notablemente, resultando por momentos bastante predecible. Con “Swamplands” regresa la cara pesada del cuarteto nórdico, envuelto ahora en un tono oscuro y fangoso, encargado de otorgarle otro aire al álbum. Bienvenida sea esa diversidad tonal, así como el recién adquirido empaque que le brinda la mayor presencia del bajo de Jullumstrø.

Mind Eraser” porta unas estrofas que me recuerdan vagamente al incomprendido, maltratado y terriblemente infravalorado “Endorama” de Kreator (1999, Drakkar Records). Sí, dichas estrofas resultan de lo más periféricas dentro del debut de Warzaw, que reconducen en estribillos hacia tonos más canónicos conformando otro corte bipolar pero atractivo y ganchero, de buena gramática y estupendo final. “Switchblade Renegade” cierra este “Werewolves On Wheels” con Judas Priest como guía, casi como principio y final, por mucho que la línea vocal de Rønning diste mucho de la opulencia vocal de un Rob Halford en plenitud de facultades. Broche que no reinventa la pólvora pero que disfruto igualmente como fan irredento (e inaguantable) de la banda de Birmingham que soy.

Engaña hasta cierto punto que la info enviada a esta web con relación al debut de Warzaw diga que la banda se ciñe en exclusiva al metal más clásico. Por supuesto que el disco supura clasicismo a borbotones, a Priest en particular y a la escena ochentera en general, pero habita mucho más ideario dentro de este interesante “Werewolves On Wheels”. Del toque más macarra, casi sleazy, de “Adieu”, pasando por el fango de “Swamplands” y culminando en las curiosas estrofas de “Mind Eraser”. Echo en falta una mayor duración en ciertos temas, o una producción con mayor pegada, pero interesante debut en cualquier caso.

Texto: David Naves

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