Reseña: Cicada The Burrower «Corpseflower» (Blue Bedroom Records 2021)

Hay quien para exorcizar sus demonios escribe un diario y hay quien alumbra música. “Corpseflower” es el cuarto disco ya de la one man band Cicada The Burrower. Personalísmo proyecto de tras el cual se encuentra la figura de Cameron Davis (Hallowed Hands, Voidwalker, Weightless, The Mended Dead…). Sawyer Hildebrandt pone su buen hacer a la portada y el propio sello de Davis, Blue Bedroom Records, edita el que es ya cuarto trabajo en su trayectoria, iniciada allá por 2011 bajo el nombre Fossegrim.

Fue mientras escuchaba la inicial “The Fever Room” que decidí que el disco tenía que pasar por estas páginas. Posee ecos de muchas cosas y, al mismo tiempo, porta la suficiente personalidad como para no parecerse a nada que haya escuchado últimamente. Lo cual tampoco niego pueda ser un déficit de quien escribe. Sea como fuere, tras esas tranquilas líneas de guitarra con que engarza las estrofas, transciende un tono que rima, aunque ya digo que de forma lejana,  con bandas como An Autumn for Crippled Children o Klimt 1918. Son apenas tres minutos pero sirven para imbuirse del personalísimo sonido que exuda un disco como este.

La instrumental “Glamour” lleva el intransferible sonido Cicada un paso más allá en lo gramático pero especialmente en lo técnico, llegando a lindar con el progresivo en su primer tercio y tornando más atmosférica en el puente central, pero construyendo siempre a favor de la canción, y no de una exhibición rayana en lo masturbatorio. Por ahí deviene su principal valor. Aquél tópico de poner tus habilidades al servicio de la composición y no al revés. Instrumental de esas que van más a las tripas más que a la cabeza.

Despista la bruma en la que se mueve “Where Old Crystals Grow” cuando llegan las estrofas e irrumpen las que pasan por ser, fácilmente, las voces más rotas y agresivas de todo “Corpseflower”. El contraste entre lo desesperado del apartado vocal y lo cristalino de las líneas de guitarra en que se apoyan genera un efecto extraño, pero con el que simpatizo en gran medida. Un corte que tengo metido en la cabeza desde hace días más por las sensaciones que me genera que por lo avezado de su escritura. A poco que empatices lo harás sin remedio ni vuelta atrás posible. Palabra.

Psilocybin Death Spiral” igualmente desgarrada, resulta en la entrega más convencional, reconocible y estandarizada de todo el trabajo. Sea como fuere se las arregla para incrustar un epílogo que bordea el doom metal y le insufla otro aire al disco. La instrumental ”Corpseflower” da nombre al álbum y lo cierra volviendo a darle otro giro de tuerca al tono del mismo. Un pequeño viaje entre las influencias de Cameron que nos lleva desde tranquilos pasajes, bordeando el jazz más relajado, hasta la habitual carga de guitarras distorsionadas del shoegaze. Hasta creo encontrar sonidos propios de una banda tan injustamente infravalorada como Maudlin of the Well (o de la propia carrera de Toby Driver en solitario). Poca broma. Once minutos de derroche instrumental y un cierre monumental para un disco de estas características.

El manido tópico dice que de los peores momentos surgen las mejores obras. Uno, que posee la capacidad creativa de un zapato, no sabe cuánto de verdad se encuentra tras la vetusta afirmación, pero lo cierto es que este es uno de esos trabajos surgidos de momentos duros en lo personal y con los que empatizas más por tono que por técnica y/o ejecución. A excepción hecha de la final “Corpseflower”, claro está. Un disco a descubrir.

Texto: David Naves

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