Reseña: Ainur «War Of The Jewels» (Rockshots Records 2021)

Con un proceso compositivo detrás que nos remonta hasta el año 2009, el disco que hoy nos ocupa tiene poco de convencional. La propia banda en sí responde a duras penas al concepto habitual dentro del rock y/o el metal al punto de que prefieren definirse como “orquesta”. Con los alemanes Haggard como mayor reflejo, esta orquesta italiana se compone de Luca Catalano (composición, voz, guitarras), Marco Catalano (composición, batería, voz), Alex Armuschio (composición, teclados, voz principal), Max Clara, Roberta Malerba y Elena Richetta (voces), Giuseppe Ferrante (bajo, contrabajo), Luca Marangoni (violín), Carlo Perillo (viola), Daniela Lorusso (cello),  Cristiano Blasi (flauta), Chiara Marangoni (horns) y Wilma Collo (letras). Los italianos cuentan en su haber con los largos  “From Ancient Times” (2006), “Children of Hùrin” (2007), “Lay of Leithian” (2009) y “The Lost Tales” (2013). Adornado con el arte de Felipe Machado (Vanden Plas, Blind Guardian, Axel Rudi Pell, Persuader, Lords of Black…), “War Of The Jewels” vio la luz en formatos CD y digital el 19 de marzo y, salvo catástrofe, hará lo propio en vinilo el 12 de junio vía Rockshots Records.

Ainur comentan: “War Of The Jewels” es el undécimo volumen de “La Historia de la Tierra Media”. En la mitología de Tolkien está la historia de las grandes guerras que surgieron después de la creación de los Silmarils por Fëanor. El tema principal son las grandes batallas de Beleriand, a excepción de Nirnaeth Arnoediad que tendrá gran espacio en nuestro próximo álbum. El personaje principal implícito es Fëanor, el más poderoso de los Elfos. Musicalmente, es un álbum temático como todos nuestros anteriores y futuros y reconocerás temas musicales que ya usamos en “From Ancient Times”, “Children of Hùrin” y “Lay of Leithian”; sin embargo, las atmósferas son más agresivas y poderosas que en el pasado porque los temas que hemos puesto en música esta vez necesitaban un soporte musical más poderoso”.

Quién mejor que Ted Nasmith, uno de los ilustradores de la obra de Tolkien  más reconocidos del planeta, para narrar la introducción de un álbum como este. “Fate Disclosed” abre el disco en clave cinemática con la voz del diseñador canadiense introduciéndonos a su vez en una overtura, “Wars Of Beleriand”, que en palabras de la propia orquesta italiana sirve tanto para este álbum como para el par que están por venir en el futuro. Única instrumental de todo el trabajo, alberga ni más ni menos que catorce temas musicales, que representan a su vez pasado, presente y futuro. Curiosísima amalgama, que devanea entre Yes, King Crimson y The Flower Kings.

Hell Of Iron”, descripción musical de la fortaleza del mal donde se esconde Melkor, resulta en un prog convenientemente actualizado en la forma, (especialmente en lo respectivo a afinaciones) pero eminentemente clásico en su fondo. La riqueza en arreglos que se deja notar ya desde las primeras notas, la buena escritura, el cuidadísimo aspecto vocal y la miríada de cambios de ritmo que atesora la convierten en una muy destacable primera entrega con verdadera enjundia del trabajo.

Es en “Wars Begin” donde ya la cosa se pone seria. Narra en lo temático “la paz ancestral que persistió en la Tierra Media antes de que llegara el mal” y trae aparejado uno de los prólogos más cristalinos (edulcorado dirán algunos) del álbum, de un preciosismo en sus líneas vocales de lo más evocador. También en cuanto a arreglos. Se endurecerá toda vez supere su delicado primer tercio para derivar hacia territorios más convencionales si bien habrá de permanecer siempre dentro de los preceptos habituales del género. Entre líneas de Hammond y una batería que adquiere nuevos bríos  hasta su desembocadura en un epílogo nuevamente tranquilo y reposado. Estupenda.

“La primera matanza entre elfos pasa por ser uno de los momentos más oscuros de la mitología de Tolkien” y sirve como trasfondo a esta “Kinslaying (The First)”, que sorprende por la desnudez, incluso la extrañeza, que muestra en su prólogo, y que según sus palabras, “refleja la que se puede leer en los libros del profesor”. Tal discordancia irá yendo y viniendo a lo largo del desarrollo, a la par que engarzará con otra gran labor vocal y un progresivo ligero por lo general. Adquirirá cierta épica en un final que habrá de dejar otro gran despliegue vocal. En general menos diversa de lo que su duración hace intuir pero igualmente interesante.

Grinding Ice” narra “el cruce de Helcaraxë, una frontera completamente helada entre la Tierra Media y las Tierras Eternas donde vivía Valar”. En su primera parte habla sobre “la decisión de los Elfos de emprender la heroica travesía del Grinding Ice”, y lo hace sobre una estructura juguetona, trufada de buenos cambios de ritmo y grandes arreglos. Atemperará después para circular sobre un medio tiempo mucho más convencional y que, salvo por pequeños detalles, resulta sorprendente en un álbum como este. Allí narrará “la trágica realización de las graves pérdidas sufridas por este intrépido pueblo” para culminar en un tercio final sinfónico y arrebatado donde se nos narrará “la hazaña lograda y cómo la venganza seguirá a la traición”. Estupendo solo de guitarra final para otro de los puntos álgidos de este “War Of The Jewels”.

Continuación natural de “Grinding Ice”, Ainur cuenta para esta séptima entrega con la siempre inestimable ayuda de ese mago de las teclas que es Derek Sherinian. El tema refiere en lo lírico a “la batalla que libraron los Elfos en las laderas del reino de Morgoth una vez que llegaron a la Tierra Media. Una batalla que fue librada en un tiempos tan pretéritos que aún no había salido ni sol ni luna”. La colaboración del teclista de Laguna Beach se traduce, curiosamente, en varios de los momentos más pesados de todo el trabajo. Si bien muestra una gramática más convencional que sus compañeras, tampoco me resulta un corte aburrido o fallido.

Spirit Of Fire” muestra a Fëanor contemplando su destino. “Sabía qué esperar pero decidió seguirlo y murió tratando de recuperar lo que era suyo por derecho. Se da cuenta de que nada puede destruir el mal que invade la Tierra Media y la voz magistral de Roberto Tiranti (Labÿrinth) subraya esta sensación”. Épica bien subrayada por coros apabullantes, en el fondo sigue siendo ésta una banda transalpina, y un gran desempeño de Tiranti como grandes baluartes de otro gran puntal del disco. “La primera parte de la canción se centra en el espíritu de fuego que arde en el más poderoso de los Elfos y el tema de la muerte llena la segunda parte”. De resultas de ello en su tronco central muda en balada más o menos convencional y clásica, por momentos preciosista, y siempre bien medida. Corte abiertamente bicéfalo, quizá un tanto descompensado y que quizá te agrade sólo a medias.

Introducción al margen, la canción más corta del álbum es esta “The Broidress”, que versa en lo lírico sobre “Miriel, la madre de Fëanor”. Uno de ellos cuenta “cómo murió al dar a luz a su hijo: literalmente consumida por él “porque la fuerza que habría alimentado la vida de muchos se ha ido a Fëanor”. Se dice que después del parto, Miriel se acostó a descansar y así permaneció por la eternidad porque su alma abandonó su cuerpo” y casi es más larga la explicación que la canción en sí. Extraña por otro lado, también tranquila y muy dada a refractar casi por completo con el resto del álbum, en especial por el uso de ese sinte de corte retrofutirista. Una buena previa al corte que se nos viene encima.

The Great Battle (Or The War Of Wrath)”, guiña el ojo al primer álbum de la banda, (“War Of Wrath” era el penúltimo tema de aquél álbum), versa sobre “la guerra que pone fin a todos los eventos de la Primera Era en la mitología de Tolkien” y está divida en dos partes bien diferenciadas. Veamos: 

  1. Passage” es la primera de ellas y “propone de una manera aún más completa la historia de Eärendil que viajó a Valinor y rezó a los Valar para que intervinieran contra Morgoth por todos y cada uno”. Se reconoce aquí el tema de Eärendil, presente ya en aquél debut de 2007. Dulce, tranquila, bien trazada e inequívocamente melancólica, pero he de decir que poco sorprendente a estas alturas de trabajo.
  2. Avenged”, que versará sobre “la sangrienta e interminable guerra contra todas las cosas malvadas encabezadas por el Señor Oscuro. Elfos, dragones, hombres, orcos, enanos, balrogs, águilas y lobos luchan en un clímax de sonidos y eventos hasta que el glorioso final en el que se recuperan las Joyas y el gran tema de Silmarils llena la escena”. Podría esperarse de esta segunda parte un desempeño más directo y menos rico en cuanto a intervalos rítmicos y tonales. Nada más lejos. La escritura que emerge en esta parte final guiña el ojo al progresivo más abiertamente exhibicionista y, por ahí, habrá a quien le resulte terroríficamente tediosa. Nunca llueve a gusto de todos, ni en la Tierra Media ni en ningún lado. Por contra, claro, si eres fan del género te faltará aplaudir con las orejas entre tanto ir y venir. Ainur han puesto aquí toda su sapiencia y esta segunda parte resulta toda una celebración. “La conclusión de la canción vuelve a proponer la profecía que pronunció Mandos al principio de todo lo que predecía el destino de las Joyas: ahora ve su cumplimiento final”. Brillante.

Para el final queda una “Apocalypse” donde la banda/orquesta quería “terminar un álbum épico como este con una canción igualmente épica. “Apocalypse” es la representación musical del hundimiento de Beleriand cuando los valles se levantaron y las colinas se pisotearon; y Sirion ya no existía”. Un final comedido en términos gramáticos pero reluciente en cuanto a voces y arreglos.

Podría decirse que Ainur han grabado el “Nightfall In The Middle Earth” del progresivo, de no ser porque las ambiciones del enorme combo italiano están puestas más allá de una única entrega. La suya me parece del todo ineludible para cualquier persona que se diga fanática del progresivo más añejo y recargado. En una cara de la moneda: la excelsa producción, la gran cantidad de cambios tonales, los notabilísimos desempeños técnicos, las no menos brillantes líneas vocales, el mar de arreglos y el par de buenas colaboraciones. Y en la otra, claro, que a poco que le tengas ojeriza a la obra del profesor, esto te resultará del todo intragable. O que se la tengas al propio género en sí, de tan dado como es a veces a ensimismarse en lo técnico, en la floritura eterna, en perderse en la más burda y tonta autocomplacencia. Creedme que no es el caso, aunque de todo hay. Que se dé bien.

Texto: David Naves

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