
Gilby Clarke, todo un miembro de la aristocracia del rock mundial, sobradamente conocido por sus pasos por Guns N’ Roses en los 90 y/o por The MC5 durante un tour europeo de la banda en 2005, viene ahora a traernos el que es su primer disco en solitario en casi dos décadas de trayectoria, que se dice pronto. Para este “The Gospel Truth”, a editar por el sello Golden Robot Records el 23 de abril, el músico nacido en Cleveland ha contado con los bajistas Nikki Sixx (Mötley Crüe) y Muddy Stardust, así como los baterías Kenny Aronoff (John Mellencamp, Chickenfoot), Matt Starr (Mr. Big, Ace Frehley), Chad Stewart (Faster Pussycat, L.A. Guns) y Stephen Perkins (Jane’s Addiction, Porno For Pyros, Infectious Grooves…). El disco ha sido escrito y producido por el propio Clarke en su estudio angelino Redrum Recording y mezclado por el ganador de un Grammy Chris Lord-Alge.
Apenas rastro de la gastadísima Les Paul de Clarke en las desnudas estrofas de una “The Gospel Truth” que da el pistoletazo de salida al disco al tiempo que le da nombre. Es un corte cuidadosamente trazado, rico en arreglos y coros, con una línea de bajo de las que perduran en tu cabeza y que muestra un rock más clásico en fondo que en forma. El sonido que Chris Lord-Alge ha extraído de la composición termina por redondear este interesante y entretenido arranque.
Qué pena que algo como “Wayfarer” apenas llegue a los tres minutos. En ese transitar lento, que guiña tanto al blues como al grunge, si bien nunca llega a cruzar del todo ambas líneas, abundan los detalles de interés. Los buenos coros que acompañan al estribillo, las casi omnipresentes teclas y una de las líneas de voz más redondas de todo el trabajo. Estupenda en lo gramático, pero ya digo que se me hace corta. Con Nikki Sixx a bordo, “Tightwad” tiene poco o nada que ver con la banda que compusiera “Shout At The Devil” y más con el boogie rock de Status Quo, especialmente en estrofas. Y si “Wayfarer” destacaba por escritura, esta lo hace por ejecución. Empatizo en gran medida con su riff principal, pero sobre todo, con el solo que Clarke acomoda en el puente previo al epílogo.
“Rock N Roll Is Getting Louder” es todo lo que uno espera tras un título semejante. El tono general es más sleazy, más angelino, más esperable de un músico que pasó por una banda como Guns N’ Roses. Y aunque no resulte excepcional por escritura, funciona a la hora de ampliar el abanico de influencias del disco. “Wise Old Timer” pronto rebaja el tono y atempera la algarabía previa para conducirse cadenciosa por un medio tiempo bien cuadrado pero con el que me cuesta conectar. Hay un notable deje a AC/DC en la construcción de las estrofas, un pequeño toque sureño en el solo de Clarke y aunque me cueste encontrarle peras en lo ejecutivo, como digo es un tema con el que me ha costado empatizar.
“Violation” trae de vuelta al Clarke más fiestero para confeccionar un rock and roll de los de toda la vida y que debería convertirse por méritos propios en el gran emblema del álbum. La escritura es juguetona, la interpretación intachable y la suma de arreglos consigue precisamente eso, sumar. Estupenda. Apenas dos minutos y medio le ha concedido el de Ohio a una “The Ending” que pasa por ser lo más directo y a la vez visceral de todo el trabajo. Siempre dentro de un canon clásico, sin aspavientos innecesarios ni florituras exhibicionistas. Un corte tan efectivo como breve.
Como si del negativo del corte anterior se tratase, el tono más atemperado de “Dangerous Sin” como su escritura más retorcida junto a algunas de las mejores interpretaciones de todo el trabajo convierten al octavo tema del álbum en uno de los grandes atractivos del mismo. “Make Me Smile (Come Up And See Me)”, versión de Steve Harley & Cockney Rebel resulta en una rendición absolutamente fiel al original. Que para versión infiel y oligofrénica ya está la que hicieran en 2003 los electrónicos Erasure. Cierra el disco la muy entretenida, poco complicada y estupendamente bien resuelta “She Wont Fight Fair” portando algún que otro guiño a Queen pero sobre todo un puente que roza la excelencia. Un buen final.
No estamos ni de lejos ante el disco más ambicioso de 2021. Tampoco ante el más aburrido. Ni mucho menos. “The Gospel Truth” es un buen rato de rock añejo para olvidarte de tus preocupaciones y brindar por un género que sigue como gato panza arriba resistiéndose a desaparecer. Como cabía esperar hay buenas interpretaciones de Clarke con su Les Paul y tampoco se pone palos en las ruedas a la hora de componer líneas vocales (algo que, por ejemplo, Mikael Åkerfeldt lleva ya casi diez años haciendo). Un disco sincero en definitiva, muy para fans del músico de Cleveland en particular y del rock más clásico en general.
Texto: David Naves