
Debut para los chicos murcianos de ReyLobo, formados en 2019 por el guitarrista y compositor Pedro Gallego y Nacho Fernández, letrista y voz, con visos a desarrollar un álbum conceptual que girara en torno a la eterna pregunta: “¿qué hay más allá de la muerte?”. Al dúo original se unieron Wenceslao Miralles al bajo, Miguel Torralba a la teclado y Alex Molina a la batería, así como Manuel Ramil, Alberto Rionda, Israel Ramos y Sonia Rubín en calidad de invitados. “El Octavo Pecado” fue producido, grabado y mezclado por el propio Alberto Rionda en sus Sanctuarium Estudios de Grado (Asturias). En la calle desde el 22 de marzo vía Duque Producciones.
Viene la breve introducción de igualmente lacónico nombre “Final” para poco más que situarnos en materia y preceder al primer tema con verdadero peso dentro del álbum. Este igualmente rácano, en cuanto a duración, pero rico en coros y arreglos que resulta “Los Olvidados”. Arranque clásico, competente en cuanto a la disposición de riffs y comedido en arreglos. Diverso en lo gramático y un tanto descocado en algunas estrofas en principio un tanto forzadas. La producción es correcta, sin más, ni suma, ni resta, sino todo lo contrario.
Con “La Jauría Humana” llega el primer gran viraje en cuanto a tono del trabajo. Aporta esos sintes de corte retrofuturista tan en boga de un tiempo a esta parte, un estribillo en la más pura onda del metal patrio de toda la vida y riffs en estrofas recordando inmediatamente a los Avalanch más pesados de “El Ladrón De Sueños”. Todo para un configurar una canción / coctelera a ratos imperfecta pero fresca y atractiva.
De esa escritura rica y abierta vuelve a dar buena cuenta una “Rebelión” donde, eso sí, más carencias aprecio en la construcción de una línea vocal algo atropellada. El solo que introduce el puente tiene clara inspiración Riondesca, así como la buena construcción que plantean en un apañado y resultón tercio final. El prólogo de “El Hombre Inquieto” pone las miras en un power a la Symphony X que, para bien o para mal, pronto habrá de transitar hacia un metal más academicista y conservador con el que me ha costado empatizar.
La balada “Sidonie”, colocada en el tronco mismo del álbum, resulta igualmente clásica, bien planteada, eso sí, y con otro de tantos habituales build-up’s finales, pero quizá sea aquella en la que más se aprecian las carencias de Nacho al micro. Vuelve todo a la normalidad con una “La Configuración Del Caos” que vuelve a dar buena cuenta de las capacidades compositivas y ejecutivas que ya atesora la banda murciana. Fernández sí que pergeña aquí una buena línea vocal, apostada sobre un metal clásico pero potente y bien armado para el que es uno de los cortes más centrados y eficaces del debut.
“Las Águilas Blancas”, que fuera single adelanto del álbum allá por mediados del mes de febrero es, como muchos otros singles de este corte simple e incluso predecible, pero de estribillo ganchero y ejecución difícilmente reprochable.
“Dogma”, a la que se han sumado Isra Ramos y Sonia Rubín, transita por un prólogo baladero para después virar hacia territorios más lindantes con un power metal donde emerge cierto aire a los asturianos Arenia y que resulta en uno de los cortes mejor arreglados de todo el álbum. El contrapunto que ejerce el puente se me antoja la guinda perfecta. .
Pompa y boato a discreción para una “Origen” encargada de anticipar y/o introducir el cierre “Réquiem”, cuyo prólogo refracta con casi cualquier cosa oída previamente en el álbum, de nuevo con algún verso que otro un tanto atropellado, pero bien construida y para nada mal ejecutada. Un final correcto y sin grandes alardes.
Pudiera dar la impresión de que me cebo con la labor de Nacho Fernández al micro, pero es que el tiempo de hacer mal las cosas es precisamente ahora, que para eso es un disco debut. Sirva Ramón Lage como ejemplo, vocalista que empezó siendo diana de las críticas de prácticamente toda la escena nacional tras su desembarco en Avalanch y que, apenas tres discos más tarde, era el frontman más versátil del heavy/power en nuestro país. Sea como fuere, bajo el mencionado aspecto vocal relucen más aciertos que errores en lo gramático y una notable labor ejecutiva. ReyLobo despiden buenas sensaciones, insisto, para tratarse de una banda joven y de un primer álbum. Ahora sólo queda crecer y poder dar fe de ello desde estas páginas.
Texto: David Naves