Reseña: Invadeath «Tenebris Terrae» (Autoproducción 2021)

Tercer disco ya, el que tendría que ser su confirmación como proyecto a tener en cuenta, para los death thrashers palentinos de Invadeath. Es decir, Eduardo Pinacho (bajo y voces), Iván Fernández “Ivi” (voz y guitarra), Javier del Estal (batería) y José S. Ayarza (guitarra y voces). Formados originalmente como Knife a comienzos de siglo, alcanzarían a sacar una demo homónima en 2003 para, al año siguiente, adoptar ya de forma definitiva su denominación actual. “Apophis” fue su debut en largo allá por 2009, al que seguiría “Eros & Thanatos” seis años más tarde. Ahora por fin llega a nosotros este “Tenebris Terrae”, grabado durante el maldito 2020 y producido en 2021 por Víctor Valencia (Swan Station Productions).

En palabras del propio combo castellanoleonés, es un disco “basado en un hecho histórico del siglo XIV que no se aleja mucho de la realidad actual: La peste negra”. Y es un disco largo. El más extenso de su carrera, de hecho, superando por primera vez los cincuenta minutos. “Temido” pasa de los sintes de corte retrofuturista de su prólogo a un metal machacón primero y más brioso después. Es un corte muy atractivo en términos gramáticos, exageradamente diverso, repleto de tonos y colores, clásico en estrofas y más contemporáneo en estribillos. Muy buen arranque.

Somos”, al menos en cuanto a composición, bien parece el negativo del corte inicial. Más plana en lo gramático, así como también más melódica, se entrega en su primer tercio a la cara menos áspera del combo palentino para tornarse árida, casi marcial, en su puente central. Ahí aparecerá un más que decente solo de guitarra, precediendo a la última repetición del estribillo. Menos sorprendente pero también más cohesiva que su predecesora. En el prólogo de “MCCCXLVI” irrumpirá de primeras la cara más melódica de la banda. Trazará después la clásica alternancia entre registros para finalmente entregar un corte menos diverso de lo que sus cinco minutos largos  daban a entender.

El Tiempo” trae al frente una orientación más groovie, que bien podría recordar a unos Hamlet de comienzos de la pasada década, para después alternar con la cara más melódica de la banda, brillando especialmente en el apartado técnico. Corte bicéfalo, para nada revolucionario en lo compositivo pero bien trazado a fin de cuentas. Dará un respiro el reposado prólogo ofrecido por “Cristal”, que mudará en un medio tiempo cuyo tono alterna, sin grandes alardes ni complicaciones, entre lo agrio y lo melancólico. Prospección de la cara más groove del cuarteto, de estructura tan clásica y sencilla como férrea y funcional.

Mi Enemigo” vigoriza el tronco central del álbum trayendo de vuelta la cara más thrash de la banda. Es un thrash contemporáneo, claro, de estrofas pesadas, que recuperará aquella diversidad gramática del corte inicial, brillando con fuerza además en el apartado técnico. Al final y entre unas cosas y otras, termina como uno de los cortes con los que más he empatizado de todo el disco. “Koresh” vuelve a un trazo más plano, bien sustentado de todas formas por la buena labor de “Ivi” y Avarza en guitarras, en especial en lo relativos a riffs, y que derivará sin complejos hacia la cara más melódica de la banda en un final algo acomodaticio.

En El Dolor” trae de vuelta aquellos sintes de comienzos del álbum para un corte con ciertos dejes al nu-metal más elemental, bien pertrechado entre alternancias vocales, arreglos retrofuturistas y estribillos ligeros y coreables. Por tono uno de los cortes más periféricos y personales del disco. “Dos Mundos” se inunda de patrones más maquinales. Cuidadosamente soterrada en sus buenas melodías subyace cierta querencia por el metal industrial, siempre eso si de forma leve, casi disimulada, pero que contribuyen en cualquier caso a otorgarle un aire distintivo a este noveno corte del álbum. Estupenda labor solista durante el puente, por cierto.

Con “Sin Fe” estamos ante el corte más extenso del álbum (y de toda su trayectoria), lo que sin embargo se traduce en una de las entregas más viscerales del tercero de los palentinos. Esa ganancia en cuanto a intensidad opaca en parte la faceta compositiva, no obstante ofrecer grandes detalles en el plano técnico. El cierre con “We Are” sí que ofrecerá una gramática más diversa, bien apoyada por otra gran labor en el tratamiento de sus guitarras y que cierra el disco en clave anglosajona y elegante.

Esa convivencia entre géneros, así como la dualidad que ofrecen los diferentes registros vocales, ofrecen un amplio abanico de posibilidades en cuanto a composición. Y siento que es cuando se agarran a esa escritura más aperturista que emergen los mejores cortes del disco. Sí, claro, esto va en los gustos de cada uno y habrá a quien le ocurra exactamente lo contrario. Sea como fuere, se las arregla para sonar fresco y dinámico, posee a mi juicio más aciertos que errores y si acaso adolece de algo es de una producción que aporte una mayor pegada en ciertas partes u otorgue un mayor protagonismo a ciertos arreglos. Rémoras lógicas y entendibles no ya de éste en concreto sino de muchos trabajos concebidos durante el confinamiento. Un paso firme, pienso que todavía no el definitivo, pero una más que entretenida tercera entrega en cualquier caso.

Texto: David Naves

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