
Primera incursión en el terreno largo para el trío instrumental avilesino Azure. Nacidos de las cenizas de The Fourth Cloud allá por 2015, ellos son Nacho (batería), Rojo (bajo) y Soto (guitarra). Su carta de presentación, este ambicioso “Amor Fati” que ha sido producido por la propia banda junto a Dani Sevillano (Warcry, Fe de Ratas, Staytons, Escuela de Odio) y Pablo Martínez (Desakato), se grabó y masterizó en el OVNI Estudio entre septiembre de 2020 y abril de este mismo año. Cuenta con fotos de Luis Rojas Garrido y diseño del propio trío astur. De su edición en digipack se ha encargado la Factoría del Ruíu.
“Amor Fati” es un concepto relacionado con la filosofía estoica, cuya traducción literal es “Amar El Destino”. Su base es aceptar las decisiones que se toman a lo largo de la vida y las experiencias que vivimos fruto de estas decisiones, sean buenas o malas.
“Un Nuevo Amor”, o cómo la calma se adueña de un prólogo sutil y elegante. No exento de lugares comunes, en especial en lo tocante a producción, con reverberaciones tan habituales del post-rock,así como esa construcción en base a capas con la que bandas como Toundra alcanzaron a rozar el cielo con los dedos. En escritura posee un crescendo clásico, que bien podrían haber firmado los japoneses Mono en sus trabajos más recientes. Por ahí se agradecerán el interludio que conduce al puente y la forma en que dota de un mayor dinamismo a este primer corte. Este puente central, arreglos y producción mediante, está revestido de cierta épica, siempre dentro de las barreras del género. No solo no descuadra al conjunto sino que lo afianza y amplifica. Y sí, el tercio final, aunque relevante, me resulta más convencional. Aún así me parece un más que apañado arranque de álbum.
“Enkrateia”, “forma de virtud ligada a los conceptos de libertad y autonomía” (wikipedia) y que la banda ya grabara en 2019, desvía un tanto el tono, o la dirección, que había tomado el corte anterior. Más cercano a bandas como Caspian o Explosions In The Sky, está en cualquier caso firmemente sustentado por una base rítmica que gana en potencia y nitidez, mientras continúa, eso sí, enfrascado en el habitual conglomerado de capas que ya habitaba en “Un Nuevo Amor”. Amaga el puente central con transitar por una calma gramática que finalmente no será tal, discurriendo este desde la calma hasta el fango y emergiendo definitivo hacia una amalgama entre lo preciosista y lo técnico que pasa por ser uno de los momentos más intensos, personales e incluso diría que relevantes de todo “Amor Fati”. La mayor linealidad que ofrece en su tercio final no esconderá su sabio uso de los contrapuntos, ni tampoco el buen ejercicio técnico que aquí se desarrolla. Estupenda.
“Diatermancia” o “la propiedad del aire atmosférico de ser atravesado por los rayos solares sin calentarse por ello” (dbpedia), sorprenderá en primer término gracias al uso de un riff que bien podrían haber empleado Cult Of Luna o incluso Pelican. Es un primer tercio más cadencioso y arrastrado, próximo al sludge y, por tanto, muy exógeno al par de entregas previas e igualmente llamativo en cualquier caso por su gramática, siempre fresca y agitada. Y aunque huérfano de la brillantez que alcanzan sus compañeras de tracklist, sirve para dinamizar al disco y dotarle de una mayor profundidad. Habrá más brío, también más luz, camino del puente central, donde Azure terminarán por sonar mucho más canónicos y academicistas. La desnudez del tronco central, siempre con la omnipresente base rítmica de Rojo y Nacho, la creciente atmósfera del tramo final y algún que otro riff más que apañado en este epílogo culminarán el corte más periférico de álbum.
En los primeros compases de “18” la banda se permitirá un breve escarceo entre lisergia y electrónica para pronto conducirse hacia terrenos más habituales y no tan enigmáticos. Calma bien llevada, donde me engancha especialmente el sonido que la producción de Sevillano y Martínez extrae de la guitarra de Soto, pero si alguien se adueña del juego en estos compases es Nacho, que dejará aquí algunos de las líneas de batería mejor pulidas de todo el trabajo. Curiosa construcción la de un puente central que amaga con una distorsión y una crudeza que no llegarán. Habrá inevitables ecos de los madrileños Toundra en un tercio final para un corte que, en líneas generales, termina por no aburrirme pero tampoco por sorprenderme.
“Constelación VI” traerá consigo un prólogo exquisitamente escrito, configurado en raíces clásicas del género. Aquí emergerá una estupenda línea de piano sobre una construcción, como digo, bastante clásica, que formulará otro de esos contrapuntos marca de la casa. Superado su largo primer tercio, alrededor de los seis minutos, tornará la cara más orgánica y desnuda de Azure, apoyada sobremanera por un solo de Soto sin prácticamente reflejo ni rima en cortes anteriores. Algún pasaje del puente central me retrotrae casi de inmediato a los Mono del ya imprescindible “Hymn To The Immortal Wind” y, en líneas generales, este oasis que comanda buena parte del largo epílogo de este corte final ofrecerá un post-rock entre lo atmosférico y lo emocional de lo más agradable. Más allá de una cierta predecibilidad, es en todo caso ni más ni menos que el cierre que un disco como este merecía.
Debutar en terrenos tan de género y hacerlo con un disco que sobrepasa la hora de duración no es ninguna tontería. Salir victoriosos del envite, poco menos que una hazaña. Movimiento ambicioso y valiente el del trío avilesino, triunfal las más de las veces y aunque acomodaticio en ciertos pequeños detalles, siempre valioso y por momentos incluso brillante. Se adivina todo el trabajo que hay detrás, también los más de cinco años que llevan cociéndose algunas de estas canciones, lo cual es una muy buena señal. Si el proyecto sale adelante, si en futuros trabajos consolidan su buen hacer y a la vez son capaces de añadirle un toque más personal e identificativo, podemos estar ante una banda llamada a hacer grandes cosas. Luego no digáis que nadie os avisó.
Texto: David Naves