Reseña: Hundred Headless Horsemen «Apokalepsia» (Inverse Records 2021)

Formados en el mismo corazón de Finlandia allá por 2014, finalmente nos llega el que es debut en largo de los sludge psicodélicos (y alguna etiqueta más como iréis viendo) Hundred Headless Horsemen. Ellos son Anssi Soininen (batería), Miika Tams (bajo), Antti Sundberg (guitarras) y Valtteri Virolainen (guitarra y voces). Los de Helsinki debutarían con un Ep homónimo y autoproducido apenas al año de su creación y un segundo, de título “Hexagon”, en 2016. Ya en el presente 2021 verían la luz el par de singles que anteceden al álbum que hoy nos ocupa. El disco, que contó con la colaboración del violinista Mikko Suikkanen, Saergu en sintetizadores y Titus en percusión, fue grabado en Sir Näs Studios (Helsinki) por los propios Titus y Valtteri Virolainen y mezclado por éste último. Así mismo, el Cult of Luna Magnus Lindberg (Narwhale, Astronoid, Obsidian Kingdom, The Ocean Collective, Sweven…) se encargó de masterizar las pistas resultantes mientras que el arte fotográfico y visual de Ketamo adornó la portada. En la calle desde el 21 de mayo vía Inverse Records.

El disco se abre con la fenomenal “The Road”. De hecho culpable de que esta reseña saliese adelante y principal razón que me llevó a profundizar en el álbum. Extensa composición rozando la docena de minutos que la llevan desde las acústicas de ese apagado y a la vez cautivador prólogo a una suerte de sludge algo marciano y alucinado donde, eso sí, todo suena como y cuando debe (Lindberg se está ganado su sitio entre los grandes productores europeos no sin motivos) y que se beneficia tanto de los sintes de Saergu como de las percusiones de Titus. Todo configura un corte de esencia extraña, que emplea su base sludge para expandir el horizonte del género, en lugar de aclimatarse a conceptos preestablecidos. Los inteligentes cambios de ritmo y la completa base rítmica que los sustenta, la riqueza de sus arreglos y ese puente entre lo tétrico y lo asfixiante. Extraordinaria.

No Longer Human”, que fue además uno de los adelantos del trabajo, arranca de nuevo entre la bruma, si bien resulta más canónica, menos arrebatada. Basa su prólogo en una serie de repeticiones de aura extraña que irá divergiendo a medida que las guitarras que lo alimentan ganan en crudeza. De nuevo cautivador, para nada lo predecible que cabría esperar de un anticipo y menos con esos extraños coros de su puente central. Certero y más atmosférico tramo final para un corte no extraordinario pero siempre interesante y nunca aburrido. 

Breath Of Death” colisiona frontalmente con el par de entregas previas, arranca en un riff de cadencias próximas al doom que conjugará con tonos más próximos al stoner, apoyado en una base rítmica de mayor peso (el bajo es fundamental aquí) y que habrá de condicionar la oferta más exógena de este debut de H.H.H.. De mayor convencionalismo durante un puente central librado, eso sí, por una buena labor en términos ejecutivos. Distrae el tranquilo prólogo de “Echoes” de toda la arrastrada agonía que emergerá después. Especialmente en el registro vocal de Virolainen, pero también en unas guitarras de nuevo empecinadas en la repetición catártica y el desuelle de melodías. Se atemperará después, donde circulará a un tiempo abrupta y al otro tranquila y levemente atmosférica. Agradecido corte bipolar, menos arriesgado que su predecesor pero de mejor encaje en el tono dominante de “Apokalepsia”.

Spleen”, guitarras mediante, resulta más luminosa que sus compañeras. Una luminosidad enfrentada al habitual registro hosco de Virolainen, que vuelve a servirse de la repetición incesante, que construye un curioso crescendo conforme camina hacia un puente central dominado por el sosiego y la calma. Buenos detalles del bajo de Tams en esa parte tranquila y mucha repetición de cara al final. Sea como fuere y junto con el corte inicial, de lo más eficaz del trabajo. El cierre es para una “Cataclysm” cuyo prólogo operará cerca de postulados progresivos, ampliando el ya de por si rico abanico de influencias que contiene en disco. Virolainen tira de su registro limpio para adornar una composición que irá fluctuando entre lo enfebrecido y lo psicodélico, entre lo áspero y lo alucinado, y que dejará algunos detalles más que notables en lo ejecutivo. Y aunque personalmente habría elegido otro tipo de epílogo, no creo que éste empañe el resultado final. Juzgad vosotros mismos:

Hay discos que siguen una senda ya marcada mientras otros lo que pretenden es marcar la suya propia. Este es de los segundos, en especial si nos atenemos a los dictados de la canción que abre el álbum. Bien es cierto que superado el corte inicial, el trabajo se mueve lejos de esa amplitud de miras en lo gramático, pero sus diversos tonos hacen y no poco por captar la atención del oyente. En cualquier caso, no deja de ser buena señal la fortísima personalidad que parece atesorar ya el cuarteto nórdico en lo que, por otra parte, no deja de ser un primer larga duración. El recorrido que tendrán tanto este como la banda que lo ha parido, lo desconozco, y además soy persona poco dada a pronósticos. Pero el buen sabor que me deja el álbum está ahí. Y mis mejores deseos para proyectos como éste, también.

Texto: David Naves

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