
Dieciocho años y dieciséis días ha habido que esperar por un nuevo disco de Vulture Lord. Y tú de los nervios cuando esa persona no te responde inmediatamente al WhatsApp. Vulture Lord, nacidos como Interment en 1990, pasaron por diversas etapas y nomenclaturas hasta dar con su forma actual en 1995 y entregar el, hasta ahora, único álbum de estudio. A aquél “Profane Prayer” (Flesh for Beast, 2003) le sigue al fin este “Desecration Rite” (Odium Records) donde su vocalista de siempre Sorath se rodea de una nueva alineación formada por el batería Blackthorn, el guitarra Enzifer y el también guitarra y bajista Malphas. El disco, que veía la luz el pasado 20 de junio, cuenta con mezcla y máster de Haldor Grunberg (Behemoth, Blaze of Perdition, Witchfinder, Eternal Rot) en el Satanic Studio y viene adornado por el neblinoso arte de Jorge Vimendy.
Hay una introducción previa al primer tema con verdadera enjundia, una “Glorification Of The Dethronation” en clave cinemática que dará paso a la primera detonación del disco, esta “Bloodbound Militia” que en apenas tres minutos pondrá en guardia al más pintado. Black thrash irrendento, feroz, directo, lineal y cabrón. Así lo mandan lo cánones, así lo entrega el señor buitre. Poderosa producción, cuya nitidez no escatima una micra de pegada, si bien echo en falta una mayor presencia del bajo en la mezcla.
Otro del par de adelantos del disco fue esta “Stillborn Messiah”, que ganará en duración para permanecer inamovible en lo gramático, entregando largos desarrollos a puro blast beat y que apenas reducirá el paso durante su puente central. Siendo como es clásica e incluso rutinaria en su estructura, no resulta para nada desechable en el plano meramente técnico, especialmente en lo que a su tercio final se refiere.
“The Vulture Lord” se atreve, no obstante llevar a cuestas el nombre de la banda, a jugar con el tono predominante del disco. Mucho más diversa, pasando de la pesadez del prólogo a partes más Motörheadianas y virar finalmente hacia un black noruego tan reconocible por tono como gozoso por contraste. Una de mis favoritas. “Diabolical Intervention” rima en gran medida con el par de cortes de inicio del álbum, si bien ofrece algún que otro detalle a mencionar en términos técnicos, como los buenos solos en su primer y último tercio o ese puente central de aires marciales. Entretenida.
“Prepare The Coffin” viene para ahondar en la faceta más intensa, por veloz, del remozado cuarteto nórdico. Es por ello que resultará de todo punto predecible, si bien no es menos cierto que entrega alguno de mis riffs favoritos de todo el disco. “Beneficial Martyrdom” amaga en su prólogo con derivar hacia territorios más pesados para después retornar al canon dominante del disco. Esta vez bien adornado aquí y allá por una buena labor de la dupla guitarrera, que ofrecerá el debido contrapunto a una composición que no deja lugar a la sorpresa pero tampoco al descanso.
“Burning The Kingdom Of God” sí que se atreve a ir un par de pasos más allá en términos gramáticos. Sin tampoco aventurarse fuera del género, bien es verdad que en su alternancia ritmica emerge un dinamismo que echo en falta en varias de sus compañeras. Pero es que además de esa mayor gama de colores que ofrece, me resulta destacable también en términos técnicos. Incluso el bajo de Malphas tiene su merecida cuota de protagonismo en la mezcla. De alguna manera todo termina cuajando para convertirse en otra de mis favoritas del disco. El cierre es para una “Perverting The Bible”, que pasa también por ser el corte más extenso de todo el disco y que si bien no brilla con la fuerza de su predecesora, sí que ofrece momentos de interés. En especial mientras transita por un puente central tan violento como bien trazado. Un final nunca memorable pero siempre eficaz.
Puro black thrash de toda la vida, sin sorpresas ni cábalas extrañas y directo a la yugular. Más intenso en su inicio así como más diverso a medida que se acerca a término. Casi siempre a buen nivel técnico y de notable equilibrio entre dinamismo e intensidad. Quizá sus 38 minutos se antojen un tanto escasos tras tantos años de espera, cierto es, pero dudo que los fans del género se puedan sentir decepcionados con un trabajo como este. Buena caza.
Texto: David Naves